COLOMBIANO, PRODUZCA Y COMPRE COLOMBIANO
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Cómo se oye de sabroso oír: Qué bello país es el nuestro, qué hermosos nuestros paisajes, cuánta riqueza hay en nuestro suelo. Lo mismo podrán decir los nacionales de Argentina, Bolivia, Libia, Corea del Norte, Bangladesh o Costa de Marfil. La Nación, el territorio, la producción propia, las costumbres, el folclor, las artesanías, la lengua, las ciudades, los monumentos, las playas, los sitios históricos… ¿quién duda que estas propiedades tangibles que saltan a la vista no han de enorgullecer a sus ciudadanos y admirar a turistas o trashumantes extranjeros? ¿Qué loco va a ponerse a criticar su suelo, su cultura, su riqueza natural, sus tierras fértiles, su gente trabajadora?
Hasta hace unos 30 o 40 años el ama de casa suspiraba por una plancha o una licuadora, o un ventilador o un radio hecho en Estados Unidos. Los productos nacionales tal vez no cumplían estándares internacionales de calidad y no ofrecían duración porque el producto se deterioraba muy pronto. Si era importado y tenía la etiqueta Made in USA era una garantía.
Ya esa época ingenua y de arrobamiento ante la potencia del Norte pasó. EE. UU. fue superado en producción por Japón, los tigres asiáticos y por países africanos que maquilan o flexibilizan los productos que llegaban Estados Unidos. Sus productos parecían lo mismo pero eran desechables. Y esos florecientes mercados asiáticos, sin necesidad de TLCs llegaron a nuestro país e inundaron almacenes baratos, calles, bulevares, huecos, sanandresitos, y ahora se ven, a “mejores” precios y en góndolas, en grandes cadenas de mercados. Baratijas como espejos, juguetes, y ropa, y zapatos y vajillas y manteles y cristalería y aparatos electrónicos y domésticos y hasta simuladas artesanías colombianas.
Nuestro capital colombiano, o sea, los herederos de quienes propiciaron la industrialización de los años 20 a 25 en Colombia, ya tienen su dinero invertido fuera del país y lo que queda ya son gerencias que contratan la producción en China u otros países. Prefieren invertir de esa manera en otros países para ahorrarse pagar sueldos y prestaciones, porque las cesantías las financia el propio trabajador de su salario y van a los fondos privados o al Seguro Social.
Sin embargo, todavía quedan fábricas de confecciones y se elaboran otros productos que el usuario los compra con avidez porque ha verificado que si la marquilla es de Colombia es sinónimo de calidad. O sea, de buena presentación, de duración y difícil deterioro. Aunque uno se puede equivocar porque a muchos productos al llegar del extranjero a Colombia sus importadores les hacen poner la etiqueta Hecho en Colombia.* Leí que China tiene en este momento captado el 50 por ciento del mercado de ropa en Colombia. Este fenómeno se observa en Internet:* “Me interesa importar… productos para el hogar, cerámica, baldosas, acero, repuestos para celulares, leche de cabra” de China.
Duele oír que llegan cada día empresarios con ganas de “invertir” a nuestro país porque tiene mano de obra barata con las leyes laborales del Congreso. Como ocurrió con Avianca, con Bavaria, con Cerrejón, con las minas, con las explotaciones de petróleo. Hasta españoles han comprado bancos y periódicos. Los colombianos no dejamos de gustar el pelo mono de ingleses, gringos, la lengua ácida española y el timble cantado de los chinos. Parece haberse permeado a nuestra cultura esa costumbre.
No, ni el hombre de la calle, ni el intelectual, ni los periodistas o columnistas hablamos mal de Colombia. Debemos hablar claro sobre el despojo de nuestros recursos, las ventajas que da el gobierno a las concesiones extranjeras que vienen a “invertir”, de las exenciones a las empresas para que creen empleos que nunca se llegan a ver. Ni los que hablamos la verdad de ello somos malos colombianos ni los que hacen leyes para expoliar o regalar la riqueza de la Patria son buenos colombianos.
*http://www.portafolio.com.co/noticias/comercio-exterior/ropa-colombiana-hecha-en-china
*http://www.foroswebgratis.com/tema-requisitos_para_la_importaci%C3%B3n_de_productos_chinos-98507-962942.htm


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