martes, 8 de marzo de 2011

EL DIABLO DETRAS DEL ALTAR

Reinel Gutiérrez

Temas diversos deben enfocarse en el periodismo, al menos para darle variedad y matizar los trágicos acontecimientos diarios. Por ello esta historia, salida de la realidad, porque los seres humanos son protagonistas de muchas cosas, que inspiran a poetas, cantores, escritores y periodistas.

Hace un tiempo existió una mujer posiblemente buena, de sanas intenciones, cuyo destino no le permitió enamorarse a tiempo, tener un esposo e hijos.

Por ello debió resignarse a ser la acompañante de su hermano que desde la infancia tuvo la inclinación por el sacerdocio, convirtiéndose luego en un presbítero respetable y respetado en la sociedad.

Ella, muy hacendosa y con amor filial atendía tareas relacionadas con la vida social y religiosa de su hermano, lo cual nadie criticó ni rechazó.

El drama para ella empezó el día que sintió el flechazo del amor, al ver al Sacristán, funcionario que era segundo a bordo en la parroquia. La mujer entrada ya en algunos años, permanecía presa de ese sentimiento inmanejable, que soportaba con resignación ante la indiferencia de él. Los regalos, los perfumes, y halagos varios, no sirvieron para llamar la atención del sacristán, quien seguía cumpliendo religiosamente los trabajos asignados para el mantenimiento del templo, y la realización de los rituales litúrgicos. Desesperada ella, no encontraba forma de conquistarle, pues sus oraciones al Altísimo, las novenas y rosarios no sirvieron para conseguir los objetivos, hasta que optó por la superstición, creyendo que con amuletos, riegos y cosas parecidas obtendría lo deseado. Para ello optó por hacer sus prácticas, aun detrás de los altares del templo, lugares por donde su “amor platónico” pasaba, pero ello tampoco sirvió. Un día el sacristán renunció, viajó lejos, y nunca se supo más de él. La mujer debió luego soportar el duelo por la muerte de su hermano el sacerdote, y ella quedó sola, enferma y virgen. De su suerte final no se supo.

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