lunes, 14 de marzo de 2011

LA ALFOMBRA ROJA DE LA DIPLOMACIA


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombia

Qué bien suena en los oídos el rumbo de El Espectador. Titula un grave panorama en la Cancillería y pone la fotografía de la ministra “estrella”, con cara ingenua, junto al Jefe del Estado*. Más abajo, aparece otro cable de wikileaks.

Demasiado daño le han hecho a la sociedad los periódicos que callan hechos que saben, pero que no publican por no “herir susceptibilidades” o para hacer quedar bien a los jefes. Cuántos males no hubieran crecido de tamaño, como un cáncer detectado a tiempo se hubieran arrancado, si el periodismo los hubiese destapado en su momento. Pero intereses económicos, presiones de arriba o amenazas no dejaron que la alimaña que rondaba adentro fuera descubierta.

El rey no es soberano. Es el pueblo. Eso se sabe en Francia, en Inglaterra, en Sudán y Congo y en Colombia. El Constituyente es el pueblo y debe saber lo que ocurre dentro de bastidores. Solo en regímenes autoritarios, y en los imperios faraónicos aparecieron conciliábulos secretos, puertas ocultas, cámaras letales y KGS y SS con leyes draconianas que no permitían conocer las deliberaciones que atañían al pueblo. La verdad, si es buena y transparente, no se tapa ni se prohíbe.

La carrera diplomática hasta hace unos 20 años era de lujo y muy exigente. Existe la Academia Diplomática San Carlos en la hay que hacer cola para entrar al selecto grupo. Colombia ha tenido Cancilleres y Embajadores con calidades más prestantes que las de un ministro o alto magistrado. Por respeto al propio país y al Estado donde irían los nominados eran prohombres dotados de conocimientos de protocolo y derecho y negocios internacionales. Eran prototipos de decoro y buenas costumbres. Nunca se dudó de la honorabilidad ni se oyó de antecedentes dudosos de aquellos funcionarios, ni antes de nombrarlos ni cuando salieron de sus cargos.

Duele leer lo que nos cuenta el receptor de los cables de wikileaks de los cuales estamos recibiendo a cuentagotas porque la poción es algo indigesta. Se está instaurando un estilo, no escrito en normas de etiqueta consulares, de nombrar embajadores y cónsules y agregados y ministros plenipotenciarios, a los que gozan del título de “amigos” de la casa. Nunca estuvieron en fila de méritos y estudios, ni esperaron pacientes su turno, cosa que sí es de etiqueta.

No. Estos nuevos representantes del país ante gobiernos extranjeros tienen el privilegio de mostrar cartas y credenciales por ser de confianza del Presidente y punto. Los demás “aspirantes de carrera” quedarán detrás de la puerta mirando su cartón y sus esperanzas congeladas. ¿Cuándo serán ellos llamados, como en la ceremonia de los Oscar, a subir por la alfombra roja a posesionarse como Embajadores, por estudio y méritos, y luego pasar a manteles a gozar de la exquisita, costosa y puntillosa Carrera Diplomática?

El presidente Santos, hijo del otro pulcro y distinguido Eduardo, debería rescatar la tradición diplomática de carrera y méritos y, como se está haciendo, dejar atrás el clientelismo, el neonepotismo velado y tener en la memoria las fotos y los vetos a personas que entran por la puerta sin ser notados.

13-03-11 - 11:31 a.m.

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