martes, 1 de marzo de 2011

A PUERTAS CERRADAS DEL NEGOCIO

 
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

Charles Ferguson, uno de los creadores del documental Inside job, premiado por la Academia que otorgó los Oscares antenoche, tomó medroso el micrófono y antes de saludar pidió perdón por la verdad que iba a decir antes de agradecer el premio y que lo motivó a realizar el trabajo que hoy todos alaban. Fue una antesala inesperada a su discurso sobre la realidad que contenía la cinta.

En Colombia no hemos visto el documental y, tal vez, no necesitemos verlo. Fue suficiente para los espectadores atónitos la cara de verdad con que dijo lo que ocurre tras el telón en las oficinas de los banqueros de todo el mundo. “A pesar de que todos sufrimos los desmanes de quienes aparecen como los grandes benefactores del Estado y la sociedad, dijo, no dice la historia que se haya castigado a ninguno de ellos”. Y los asistentes y los millones de televidentes asintieron.

La labor de los bancos está acreditada en los eslóganes, los jingles, los lujosos edificios, los pisos de mármol de sus oficinas y en los apergaminados uniformes con que los dueños hacen vestir a sus empleados. Todo luce grandioso, limpio y lustroso como las limusinas en que se transportan sus dueños y ejecutivos. Por fuera, el ambiente es de servicio, de gran beneficio y por el gran favor que les prestan a los usuarios.

Ya el Banco de Colombia hizo caso al Vicepresidente que pasó la voz del gobierno a los banqueros. Están exagerados los costos que deben pagar los cuentaahorradores y los empleados que deben retirar de sus cajeros o ventanillas sus salarios. Casi todas las empresas normales y las cooperativas de trabajo colocan el dinero que devengan sus esclavos y los “bancarizan” sin que ellos puedan oponerse. Así ellas no deben ver la cara de desconsuelo cuando reciben a fin que mes su dimidiado pago.

Les descuentan sin misericordia el 4 por mil y llevan así parte de su trabajo a enriquecer sus arcas. Cobran 1000, 5000 o siete mil por cada retiro. Quien debe retirar sus ahorros, no puede retirar sino de a 400 mil pesos máximo, o sea, que le pueden descontar en un solo día 20 mil pesos en cinco tajadas. A pesar de tanta queja ni el gobierno ni ellos ni la Superfinanciera se preocupa por este raponazo diario y a la vista de todo el mundo.

En sus bancos tienen guardas de seguridad que parecen militares, pero en las pequeñas sucursales que son sus cajeros, hay ojos ciegos por parte de los banqueros a la inseguridad que ronda alrededor de ellos. A muchos les hacen ahí fleteo y paseo millonario. Y además, les están cobrando por ello. ¿Qué parte de responsabilidad asumen ellos al poner en evidente peligro a estos indefensos cuentaahorradores, clientes suyos, que van a hacer efectivo su pago en una casilla, solos, sin empleado alguno que los proteja? Ah, señores tan ladinos, diría el ganador del premio Oscar.

Miraremos el documental galardonado. Los banqueros se harán los de la vista gorda. ¿Hasta cuándo los alcaldes, el Congreso, la Superintendencia, el Gobierno, la Corte Constitucional le pondrán coto a esta gula de dinero desmedida de los nuevos “ciudadanos Kane”?

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