SE MUERE LA FILOSOFÍA: LLAMADO DE URGENCIA
http://es.wikipedia.org/wiki/Stephen_Hawking
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Acabo de oír desde Londres una corneta de urgencia. Stephen Hawking desde su silla de ruedas y su mueca en los labios ha oprimido el botón del monitor rojo y prendido el alboroto. “La filosofía murió, pues no se ha mantenido al corriente de los desarrollos de la ciencia”, dice sin pestañear ni dudar.
Francamente yo no sabía, nadie me lo había comentado. Mis amigos siguen enseñando en la universidad y ganan su pan dictando clases con ese nombre, pero no se han enterado de su muerte. En su olfato todavía sus discursos huelen a Platón, a Tales, a Aristóteles, a Bacon, a Descartes, Rawls, Elster. Pero nuevas teorías sobre la naturaleza, su origen, sobre el destino, sobre el comportamiento humano, la evolución que dejó inconclusa Darwin, o sobre la dificultad de las sociedades han quedado expuestas al olvido.
Se han graduado PHDs en famosos y muy antiguos baluartes de la Academia, la tecnología y la ciencia avanzan con tranco de monstruo ágil y fuerte, pero la Filosofía, esa luz que no debería pedir permiso para encenderse y pensar y elaborar discusiones luce callada. A la Filosofía parece que se la tragó el bronce en que la encerró un día Rodin. Allí se quedó muda y extática con la mano en la quijada del adusto pensador.
Profesores y estudiantes de esta materia gris en los colegios y en las facultades de filosofía y en los postgrados no han contestado esta frase del célebre autor que ha cuestionado hasta la mano y la mente de los dioses – que sabemos no las tienen - en el origen de los universos. Los manuales y discursos cerraron sus páginas y callaron sus argumentos del por qué, el cómo y las funciones de los seres, los sistemas, o la situación, la ética, la cualidad, la política y las posibles soluciones a los problemas del humano en esta etapa del escurridizo tiempo.
Ah, falta que hace que en las gacetas, revistas, periódicos, en Internet veamos y leamos las ingeniosidades y locuras de los filósofos. En nuestra tierra se han dado algunas lumbreras como Pedro Fermín de Vargas, Baldomero Sanín, López de Mesa, Fernando González, Esteban Jaramillo, Luis Eduardo Nieto Arteta, Andrés Holguín, Estanislao Zuleta, Damián Pachón Soto, Antanas Mockus, Carlos Vásquez Tamayo, Adolfo León Gómez. También en Colombia se dan estos frutos pero hoy la especie está en extinción porque filosofar es peligroso y subversivo.
Nos hacen falta filósofos que alcen su perspicacia como Sócrates ante las dictaduras y los dioses, como Solón y Catón ante la injusticia y el fraude de los jueces, como Copérnico ante la iglesia, como Gaitán, efervescente, ante las oligarquías, caído por la bala de un perdido. Nos hacen falta filósofos que nos recuerden qué es la vida, qué es la felicidad, qué es esta masa de carne y de neuronas que llamamos cuerpo, quién es el prójimo tendido sobre un periódico en el pavimento, o la mujer que rueda sangrienta por el río, que nos hagan palparnos día a día y sentir el amor que nos llega a nuestras venas y vislumbrar que la venalidad jamás terminará.
El planeta tiembla y cruje y los filósofos no se lamentan. Como Diógenes, mirarán el sol y las sombras y se reirán de los insultos, de la riqueza, de las cenas opíparas y de la carestía.
07-01-11

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada