Ana Milena López de Vélez*
Nada mejor que una hamaca a la sombra de unos árboles frondosos, y un tiempo de ocio bien ganado, para fisgonear un poco. Debajo de dos cercanos Tulipanes de robusto tronco, que con su amplio follaje cubren como encaje de sombras el límpido cielo azul, el interesado observador comienza a descubrir los caminos de la vida con el árbol.
¡Cuántos racimos de flores como copas de agua de rizados bordes, del color de la pulpa de los zapotes maduros, ofrece generoso el Tulipán a aquellos que están a su vera! En las mañanas se desgajan algunos de ellos, y las corolas cubren el verde césped con vibraciones que alegran el cercano paisaje. Gustan los habitantes del campo de tener cerca de sus casas este árbol, diseminado generosamente en los valles interandinos por los vientos jardineros. Y llegan refulgentes los recuerdos de niños jugueteando a mojarse la ropa haciendo explotar con los dedos los sépalos soldados del cáliz de las flores, llenos de un agua mágica venida desde adentro del árbol.
La cáscara rugosa del tronco es un atributo de enorme valor para todos quienes allí habitan. Tiene tantas frestas y hondonadas, estrías y estribaciones, que allí no hay el menor peligro de que la pata de un insecto resbale. O que los delicados filamentos que prenden los líquenes y las algas al tronco no encuentren donde fijarse, y aquellos no puedan hacer su oficio de atrapar la neblina hasta volverla una gota de agua. Es un tronco lleno de habitantes que se refrescan a la sombra de sus muchos aleros. Troncos y ramas surcadas por las raíces blanquecinas de las orquídeas, comunidades rumorosas y coloridas que varias veces por año encienden el Carnaval de las Catleyas. En el Ala del Frente están las orquídeas “toro” que danzan impresionando a los curiosos con sus cuernos; les siguen las “zapato de bailarina” en inimitable ballet de puntas y - portando el estandarte - “las cintas” de todos los tamaños y colores, que ondean sus largos talles con la brisa.
Al centro, en el carro de alegoría, la Catleya Colombiana de encendido color violeta con rebordes fucsia en su falda de mil enaguas.
¡Quién puede resistirse a un Abrazo de Árbol! Cuando comienzan los varios brazos del árbol a abrirse, vemos su anhelante gesto tan pronto llegamos. A falta de dos, puede tener cuatro, seis u ocho brazos. Cuántos abrazos nos hemos dado con ellos, sin movernos de nuestro sitio. Una mirada basta para hacerlo…
De las gruesas ramas cuelgan abundantemente - aquí y allá - los Cordoncillos, plantas verde claras de extraña figura con delgadas hojas filamentosas como pitillos. Están llenos de frutos!! La punta de cada cordón remata en una pequeña esfera amarilla y detrás de ésta hay un ave hambrienta perfectamente mimetizada en el tono verde de la pluma y el cordón. Un lorito verde y amarillo cuelga, de cabeza para abajo, buscando con su pico esa delicia. Este ágil trapecista está desayunando. Inesperadamente fui testigo de una fila de espera entre los habitantes del árbol, aguardando el turno para pasar a desayunar; los pajaritos chisgas, de cuerpo amarillo, alas y bonete negro, esperaban pacientemente su turno. Esa familia de pájaros carpinteros también llega al árbol en busca de otro alimento: un plátano maduro colocado por la mano del hombre. Padre, madre y dos pichones volantones han desplazado desde hace semanas la visita de los chupaflores, ponen a hacer fila a los azulejos y hasta los sirirís, que no respetan a nadie ni siquiera a los gavilanes, tienen que guardar riguroso turno.
Un pajarito se está dando un chapuzón dentro de la roseta de una bromelia, parásita de sonrosados bordes fijada entre el tronco y la rama más alta. Y de pronto… de un salto la culebra cazadora engulle al bañista. Dos pavorosos colmillos blancos se engatillan y hasta ahí llegamos. Las culebras y las hamacas son incompatibles desde mi punto de vista. Y culebras que se comen los huevos de los pajaritos en sus nidos… y culebras que asustan a los observadores que se están hamacando en una mañana de domingo, no son vecinos bienvenidos.
*Ingeniera Agrónoma, Universidad Nacional de Colombia. Mestre Agrónoma, Universidade Federal da Bahia, Brasil.

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