“EJECUTIVOS” DORMIDOS EN SU LECHO DE PLATA
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombia
El ejecutivo en el imaginario social tiene dos íconos: el de la liebre detrás de la tortuga o el de Aquiles, el de los pies alados. Se le endilga a un ejecutivo, que hace como Aladino, un chasqueteo de dedos y se enciende la mecha en la punta del dedo. Se le endilga, digo, porque en el caso de la Federación Colombiana de Fútbol eso es un solemne disparate.
Hasta el mismo soberano “tata” Martino lo dijo: No acepto la plata que me ofrecen porque el tiempo para preparar la torta no me alcanza. Soy un técnico, no un ejecutivo. Y el técnico es un maestro que sabe que las cosas no se pueden improvisar.
Nuestra selección es un conjunto de jugadores que a fuerza de tiempo y de ensayos, de errores y aciertos, ha ido surgiendo. Tienen dotes, condiciones. Unas innatas y otras adquiridas por las ganas, la disciplina, o la sapiencia de un técnico amigo. Entre tanta medianía y desgaire saltan a la cancha, como gazapos en un texto, jugadores con talento que de inmediato Argentina, Europa, EE.UU. se los llevan. Allí les inyectan fama, les prodigan cuidados y se vuelven intocables.
Para esta generación de vedettes del fútbol hacen falta técnicos con mano callosa y con mirada de frente. Hacen falta disciplina, autoridad en la cancha, respeto en el trato, coherencia en las decisiones e instrucciones claras. Cualidades juntas que tal vez falten en nuestro medio. ¿Por qué en Inglaterra hemos visto a Ferguson, a Guardiola, a Lippi, Capello, Hiddink, Mancini llevar al éxito a sus dirigidos y permanecer tanto tiempo en sus puestos?
El maestro Tabares mostró el perfil de un director de talla alta: empezar por el abc en las divisiones juveniles, tener coherencia en un ideal común en todas las divisiones, tener conciencia de la historia y amor por el país, conocer y respetar al jugador en su puesto, tener criterio para alinear en la cancha, saber hacer recambios en la nómina, y saber hacer cambios a tiempo durante el juego.
Puede que quienes dirigen nuestro fútbol no sepan seleccionar, ni sepan cómo fundamentar al jugador en el toque y dominio del balón en la cancha. Pero sí deben saber qué es tomar una decisión a tiempo. Sí deben saber elegir a un director técnico, a un seleccionador de candidatos a un evento mundial. Están obligados a saber manejar un presupuesto, a distinguir entre lo que es ético y socialmente exigible y lo que es íntimo y particular. A estipular entre las condiciones que se vean los resultados, no importa que sean producto de un sistema defensivo u ofensivo o rígidos 4-4-1 o 4-3-3 o el antiguo 2-3-5 con aleros y centro medios.
Colombia tiene una buena selección de mayores que se fue haciendo año tras año. Yepes, Amaranto, Falcao y otros jóvenes ya macerados en el duro yunque de Europa. De eso no nos cabe duda. De lo que sí adolecemos es de una dirigencia apta, con decisiones al vuelo, sin concesiones ni reticencias raras y sin voceros despistados que dejen que el pájaro salga volando…
29-08-11 - 11:16 a.m.


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