domingo, 14 de agosto de 2011

La cruzada moralista

El debate a las propuestas del Partido Conservador sobre aborto, dosis mínima y matrimonio gay

Copiado de: Redacción Política - Elespectador.com

Paralelamente a los proyectos presentados, los azules aparecen en primera fila de los escándalos de corrupción en el país.

Foto: Diana Sánchez

Para José Darío Salazar, la defensa de la familia y de la vida son puntos de honor para los conservadores.

El martes pasado, en su columna ‘Hipertensión’, que publica en el portal La Silla Vacía, Paloma Valencia Laserna señaló que el Partido Conservador “vive la crisis moral más profunda que haya conocido su ya larga historia” y a pesar de eso “tiene la audacia de presentarse como el portador de los valores morales de los colombianos, presentando proyectos donde se juega la posición de la sociedad frente a temas de realidad moderna: el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo y el uso de drogas”.

Temas a los que habría que agregarle el de la eutanasia, teniendo en cuenta que la propuesta conservadora de penalización al aborto plantea la modificación del artículo 11 de la Constitución, que quedaría así: “El derecho a la vida es inviolable y recibirá igual protección desde la fecundación hasta la muerte natural. No habrá pena de muerte”.

Sólo que según lo plantea la columnista, el partido de la moral y las buenas costumbres, el que propende por conservar la dignidad de la persona humana, la familia y la propiedad, el de la justicia social y el orden, naufraga hoy en medio de una serie de escándalos de corrupción que le quitan autoridad para liderar esas reformas “con tintes moralizantes”, actitud que —dice Valencia Laserna— hace pensar sospechosamente en si el objetivo es distraer a la opinión pública ante la avalancha de cuestionamientos que afrontan sus dirigentes.

En efecto, son varios los integrantes de la colectividad azul que han tenido líos con la justicia o están inmersos en investigaciones disciplinarias y penales. Como una nube negra, en los escándalos en torno a la Dirección Nacional de Estupefacientes, la Superintendencia de Notariado, la parapolítica, la yidispolítica o de Agro Ingreso Seguro, entre otros, siempre figuran en primera fila elementos del Partido Conservador.

Una realidad ineludible que choca con esa cruzada moralizante y que así justifica el senador José Darío Salazar, presidente del Directorio Nacional del Partido: “El conservatismo asume estas banderas porque hay una gran quiebra de valores que termina en el desorden moral que hoy se ve reflejado en la disolución de las familia, en la corrupción y en todos los males que aquejan a la sociedad. Los valores hay que recuperarlos para la sociedad”.

Y agrega: “Estamos defendiendo dos instituciones básicas y dos casos fundamentales: el derecho a la vida y la familia, que está compuesta por un hombre y una mujer. Si a eso se le llama moralizar, por supuesto que lo estamos haciendo. Ahora, el Partido Conservador no es el único que tiene miembros investigados, eso sucede en todos los partidos y si algo hemos demostrado es que respetamos las investigaciones y las decisiones que tome la justicia”.

Sin embargo, dentro del mismo Partido hay quienes ven la necesidad de mirar la viga en el ojo propio antes que la paja en el ajeno. Como el representante Alfredo Bocanegra, el mismo que hace algunos meses hablara de que el conservatismo padecía de “indigencia moral” y pidió el retiro temporal de los militantes investigados o detenidos, como el exministro Andrés Felipe Arias.

El representante reconoció que entre los azules existen varias vertientes, algunas muy conservadoras y otras progresistas, donde él se ubica y plantea su opinión sobre los “proyectos moralizantes”: “Acá no podemos meternos con la autonomía moral de las personas, porque se puede afectar la individualidad y el libre desarrollo. No creo en parámetros absolutistas y deberíamos tener más preocupación por la moral de lo público, que es la conducta de quienes desempeñamos cargos públicos, y en eso sí que estamos en deuda”.

Claro que Bocanegra habla también de otro pulso en el Partido que, por lo visto, ha pasado desapercibido: el de los conservadores uribistas y los conservadores santistas, que en sus palabras tiene que ver con “quienes tienen mucho que agradecer” y “los que tenemos mucho por hacer por el país”.

Al debate se suman las voces de miembros de otros partidos que comparten puesto en la Mesa de la Unidad Nacional con los conservadores, como la del representante liberal Guillermo Rivera, quien, por ejemplo, frente a la propuesta azul de someter a referendo el matrimonio gay, advirtió que eso es dejar en manos de las mayorías derechos de las minorías: “Esta sería una fórmula antidemocrática disfrazada de democrática. ¿Por qué al Partido Conservador le incomodará tanto reconocer la diferencia?”.

El senador Armando Benedetti, de la U y quien ha liderado en el Congreso proyectos sobre la dosis mínima y la eutanasia, y acaba de radicar uno para avalar el matrimonio gay, expresó que si bien no se puede asegurar que la cruzada moralista del Partido Conservador busca tapar los escándalos de corrupción de sus dirigentes, es claro que el país no tiene que estar hablando de esos temas sino de otros más fundamentales, como la reforma a la justicia o hacer una Colombia más igualitaria. “Con intención o no, es obvio que están tapando los temas que debería estar discutiendo el país”.

Argumentos a favor y en contra pululan y la opinión pública se divide. Por ejemplo, la abogada Mónica Roa, responsable de la demanda que generó la despenalización del aborto en Colombia, plantea que el asunto pasa por la no violación de los derechos fundamentales a la dignidad, a la autonomía reproductiva y al libre desarrollo de la personalidad, a la igualdad y a estar libre de discriminación, a la vida, a la salud y a la integridad, a estar libre de tratos crueles, inhumanos y degradantes, así como a la libertad de cultos y de conciencia.

Mientras tanto, el Partido Conservador —alentado por el respaldo de la Iglesia Católica, el procurador Alejandro Ordóñez y otros sectores ultraconservadores de la sociedad— sigue adelante con una agenda moral que si bien plantea problemas éticos complejos, pasa fundamentalmente por preceptos individuales donde se conjugan prejuicios, creencias religiosas, educación y otros aspectos propios de cada persona. El debate tiene que ver también con la concepción de sociedad que quieren los colombianos. Y una pregunta obligada: ¿tienen los conservadores la autoridad, moral y política, para marcarnos ese camino?

Las banderas azules

Con los argumentos de defender la familia y el derecho a la vida, el Partido Conservador, en cabeza de su presidente, José Darío Salazar, desplegará toda su artillería en busca de la aprobación del acto legislativo con el que se prohíbe la práctica del aborto.

Además, ante la decisión de la Corte Constitucional de instar al Congreso para que reglamente el matrimonio entre personas del mismo sexo, ratifican que estas uniones no constituyen una familia y están dispuestos a jugársela toda para evitar que sean avaladas. Para validar estos planteamientos, el conservatismo está buscando el concurso de la ciudadanía. Ya lo hizo al presentar la prohibición del aborto con el respaldo de cinco millones de firmas y ahora plantea ratificarlo con la inclusión de una papeleta en las elecciones con la que se le consulte a la ciudadanía si respalda las iniciativas.

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