“LA MATRACA” TORTA DE TANGO Y BAILE EN CALI
Leyda Santa y Jaime Parra bailan una ranchera argentina en La Matraca
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Ya he perdido la cuenta de mis noches en “La Matraca”, en la calle 22 y esquina del Barrio que viste de Obrero en Cali. Viernes, sábado y domingo abre su doble puerta, como casona de amigos, a quienes gustan de la música vieja. Sus dueños, Leyda Santa y Jaime Parra, están adentro en la barra con su humor y mano tendida, atentos a la llegada de parejas y grupos que ya conforman una extensa familia.
El lugar es un rincón de la ciudad en donde no se oyen sino el bolero, la salsa, el tango y el son. Las paredes están cubiertas de afiches de Gardel con boca de plata, de las glorias de la música argentina, y en las mesas reservadas y llenas desde las 5:00 p.m., se acomodan los amantes de la conversación y el baile.
Cali es una ciudad alegre con muchos sitios para venerar y cultivar la danza y escuchar la música de Colombia, el Caribe o Argentina. La Matraca tiene un sello que le da majestad al trabajo de los esposos Parra. No hay reglamento escrito. Mas quien entra a este recinto sabe que allí reina el culto sagrado a la melodía y el baile. No se oirán ni chistes rojos ni desaforados vivas o gritos. Primará el respeto, la charla limpia y las horas darán paso al baile de expertos que ofrecen sus pasos hasta a quienes desde afuera miran curiosos a los ejecutantes de la sacralizad del tango o la lentitud del bolero.
Hasta allí acuden campeones que han ganado en Tokio, Buenos Aires, Medellín, Manizales, capitales donde el tango es rey con trono. Don Arcesio, con cien años en sus pies calzados con zapato joven, es testimonio del encanto, la nobleza y la tradición del sitio.
En La Matraca Leyda ofrece clases para aprender a bailar el tango, la milonga y la ranchera. Ella tiene cuerpo de 15 añera y piernas de garza argentina. Su esposo Jaime le sirve de ejemplo para afinar los pasos básicos y para hacer visible la belleza y la pasión cuando se baila el tango. Con finura y maestría y sin afán habla de la distancia entre hombre y mujer durante la ejecución del tango. “El tango es expresión del sentimiento. Empieza por la cabeza, se siente en el torso y pasa a las caderas y piernas. En el baile de tango el pie que se adelanta espera que el otro le siga. Es un juego natural que sigue a la melodía. Es un diálogo que se entabla entre los dos cuerpos que bailan. No es una serie de movimientos personales para impresionar a los otros”.
Ir a La Matraca es un regalo para ojos, oídos y gargantas. Ver bailar y bailar es un descanso, lejos de la preocupación y la curiosidad malsana. María del Socorro Cardona y Francisco Javier Valencia dieron el show central con el tango Poema de Canaro y Bianco. No solo de pan vivimos, sino de música y danza, de aires y luces al atardecer del día. Son placeres al alcance del bolsillo para gozar del abrazo y del roce de los cuerpos cuando se baila el fox, la guaracha o se dibujan en el piso las figuras del tango.
Gracias, Leyda y Jaime, porque brindan este remanso de lago y de paz a caleños y al mundo junto a las personas amadas y cerca de la sonrisa de Gardel.
01-08-11 - 9:10 a.m.


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