martes, 23 de agosto de 2011

Los primeros 100 días... de un desempleado -Testimonio-

Por Ferney Montealegre

“Si tuviera que resumir lo que he vivido durante estos cien días como desempleado diría que el primer mes es de angustia; el segundo es de angustia mezclado con algo de esperanza, de positivismo; el tercero es de frustración y desespero, y lo demás es agobio, sensación de impotencia y un golpe profundo a la autoestima.”


Si tuviera que resumir lo que he vivido durante estos cien días como desempleado diría que el primer mes es de angustia; el segundo es de angustia mezclado con algo de esperanza, de positivismo; el tercero es de frustración y desespero, y lo demás es agobio, sensación de impotencia y un golpe profundo a la autoestima.

Yo tenía una cafetería con mi esposa al lado de una universidad donde nos iba relativamente bien, apenas para vivir decentemente. Pero un día vi que los dueños del local no estaban interesados en renovar el contrato y entonces comencé a sospechar lo que vendría después: cafetería cerrada, un proyecto económico terminado y una sensación total de incertidumbre. Desde entonces mi vida, la de mi hijo y la de mi esposa han cambiado mucho.

El primer mes y medio pudimos solventar algunos gastos con algo de los ahorros que teníamos con mi esposa. Vivíamos con un promedio de 800.000 pesos mensuales, pero logramos recortarlo a menos de 500.000. El costo de vida en Chapinero nos forzó a cambiarnos de casa, el arriendo era muy caro por el sector así que nos fuimos a Bosa. Nuestra alimentación también cambió: antes comíamos carnes y frutas todos los días, y ahora solo consumimos algún tipo de carne dos o tres veces a la semana, hemos optado por cosas más sencillas como huevos y pensamos en cómo hacer rendir la leche. El arriendo es más barato en Bosa, pero lo que ahorramos en vivienda se va en transporte.

Hemos llegado al punto en que me gasto 350.000 pesos al mes, así y todo mi ingreso de trabajos ocasionales como mesero por un día, de vez en cuando, no dan ni para cubrir eso. De hecho, ya llegué al punto de empeñar algunas de mis cosas como la lavadora y un televisor. Eso fue pasado el mes y medio. Es entonces cuando la angustia es más fuerte porque las casas de empeño cobran el 20% de interés mensual y eso me hace pensar que existe la posibilidad de que pierda mis pertenencias pues no sé de dónde voy a sacar la plata.

Empecé a trabajar a los diez años, primero en el campo pero poco a poco me fui inclinando por el área de la alimentación: desde mesero hasta propietario de mi ya extinta cafetería. He estado buscando otras alternativas en el sector de la comida, me gustaría volver a montar un local. Pero eso implica plata y obviamente no la tengo. He pasado hojas de vida para trabajos más estables como de mesero permanente o ayudante en cocinas, pero hay muchos contratistas que piden papeles y fotos, entonces ha sido complicado porque a veces no tengo ni para las hojas de vida y mucho menos para el resto. Busco en los clasificados del periódico y salgo a las calles a ver si hay alguna oferta de empleo, así sea por un día, en alguna de las ventanas de los establecimientos. Salgo a las ocho de la mañana en la bicicleta y recorro Chapinero, la calle 80, y así, muchas veces duro hasta cinco horas dando vueltas con la esperanza de que salga algo. De momento no ha pasado y entonces siento que tengo las manos amarradas.

Al segundo mes, se hicieron evidentes los conflictos dentro del núcleo familiar cuando ya no había ahorros ni nada, solo deudas. Ahí sentí que todo empezaba a derrumbarse. Fue muy raro porque, sin quererlo, me distancié de mi esposa, sentía que no tenía ganas de cruzar palabra con ella. Sin quererlo nos echábamos y nos seguimos echando la culpa de la situación. Sin embargo, el que sorpresivamente ha sido muy consciente y comprensivo con la situación ha sido el niño de diez años, que nos dice que tengamos paciencia.

Han sido cien días en los que dormir es muy difícil, donde paso las noches en blanco pensando en mis deudas y en cómo pagar el arriendo. Simplemente siento que no tengo cómo salir de esta situación. Sé que “mal de muchos, consuelo de tontos”, pero veo que hay mucha gente de los estratos dos y tres que está desempleada, me atrevería a decir que es casi el 50%. El trabajo no está alcanzando y la vida está muy costosa. Lo veo a mi alrededor, en mi barrio, en las calles que recorro en bicicleta. Son cien días que me han confirmado que la vida no es fácil, o sí lo es, pero solo para poca gente. No tengo tiempo para deprimirme ni para la desesperanza. Por mi esposa, por mi hijo, por mí, solo tengo una opción y es seguir buscando trabajo. Espero que sea mucho antes de otros cien días, es lo único que pido.

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