NO PUDE
Nunca pude
escalar la montaña
se me fueron los días
enhebrando hilos viejos
rompí sin conocerlos
los silencios
que me hacían de acero
me quedé sin las manos
para vestir el tiempo
sólo melancolía
apenas la memoria en un cuadrado
el olor de una noche
que se esfuma
el tren inexorable.
LLUEVE EN LA GUAIRA
El pueblo
ronca como un cajón desajustado
una voz de prodigio
sube desde las calles
hasta el bar.
Desemboco
en el aceite turbio de la orilla
el cielo es un tambor
de hormigas retumbantes
los uveros se doblan
hasta el suelo
una mano furiosa
me golpea
bamboleando entre chispas y tenazas
desaparece el mar.
OTRA VEZ
I
Te habla la misma lengua
de tapara
te dice lo de siempre:
que la luna de invierno
se me durmió en los hombros.
Tú me conoces como nadie
sabes
cómo me fui estirando
hasta romperme
me leíste la espalda
me acostumbraste a ser.
¿Adónde vas, Caracas
rodando en un cilindro de topacio?
hay un río que hierve
una nueva manera
de andar por el barranco
una niña de loza en la ventana
un pájaro que rema en el vacío.
II
Un tucusito canta
y todo canta
los árboles
la brisa
los insectos pulidos
como piedras de río.
Un tucusito vuela
entre las flores y los cuencos de agua
un acróbata libre
que ha llegado
a detener el sol.
AYER
¿Morí?
¿Resucité?
¿Cuál fue ese tiempo
que me hacía girar en una elipse
de bestias fatigadas?
¿Fue eso vivir?
los días sin cabeza
mi frente de veinte años
surcada por un río de ceniza
un perro de mil ojos vigilaba
libros que me querían
sin poder confesarlo
un siglo o un minuto
verdugos de mi flor.
¿Fue eso morir?
¿En qué rincón de aquella casa ciega
te quedaste
muchacha?
Gloria Cepeda Vargas
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