Por: Luís Barrera
En un país donde el poder de las grandes corporaciones campea en el área política, no es difícil concebir cómo todo terminará para el ciudadano común y corriente en medio de una crisis que más que económica en el fondo es puramente política.
El sistema basado en el dinero en sí, sigue siendo el gran obstáculo a una verdadera sociedad civilizada, impidiéndole alcanzar sus verdaderos potenciales.
Dos invasiones militares y el rescate de un mercado al borde de la quiebra son algunas de las razones del desplome económico que vive Estados Unidos y que tiene al borde de la histeria a los mercados mundiales y de un ataque de nervios al presidente de la nación más poderosa del mundo.
Esta historia se remonta al año 1917, momento en que el Congreso norteamericano estableciera por ley el límite tope de endeudamiento fiscal que podía alcanzar la cuestionada potencia mundial y que sólo es posible de modificar tras acuerdo de ambas cámaras y en circunstancias especiales: inminencia de conflictos bélicos, epidemias, catástrofes naturales o debacles financieras en el concierto internacional.
Son tiempos difíciles. La economía estadounidense está en una posición muy precaria; el déficit debe reducirse, pero al que los expertos analistas no están seguros de que el momento correcto sea cuando está la USA tratando de recuperarse como país. Y ante esto también reaccionan los mercados.
La última cifra vigente a la fecha estipulaba el máximo en 14.3 billones de dólares, monto que el gobierno de Barack Obama alcanzó en mayo pasado y que despertó las alertas en todo el mundo.
Gran parte de este endeudamiento lo constituyen bonos emitidos por el Sistema de Reserva Federal -símil del Banco Central chileno- a diversos acreedores: China, Japón, empresas privadas norteamericanas y al propio país, ya que en los últimos cinco años, Estados Unidos ha incrementado su programa social en un 45%, generó más de 30 mil empleos fiscales y potenció los fondos de pensiones que administra el Estado.
Los próximos recortes y extensiones del límite de endeudamiento dependerán de las recomendaciones que le hará el comité que surgió en el marco de este acuerdo entre el parlamento y el ejecutivo y que estará representada por seis diputados y seis senadores, tres demócratas y tres republicanos en cada caso.
Este comité tendrá la misión de “recomendar” los mecanismos más eficaces para incentivar el ahorro y generar liquidez; pero también tendrá que encontrar las formas “menos dolorosas” para recortar el presupuesto fiscal.
Pese a esto, el escenario que vive Estados Unidos está lejos de tranquilizarse, ya que ante la inminencia de los recortes presupuestarios y el incentivo a la baja del desempleo esta medida es como “apagar el fuego con bencina”, al menos así la han calificado algunos congresistas, de hecho, la jefa de la bancada demócrata en la cámara de diputados, Nancy Pelosi aseguró que: “esto es un sándwich de satanás con papas fritas de satanás”.
Estados unidos es aproximadamente el 5% de la población mundial y consume más del 30% en recursos naturales. Del estilo de vida “living large” de décadas anteriores pasa de improviso a enfrentar la cruda realidad. Gente viviendo en carpas o tiendas de campaña agrupados como en una población. Gente que perdió todo lo que tenía a través de las sucesivas crisis económicas. Hace años se sabía que esto iba a pasar.
Obama, Wallstreet, Geithner, Bernake y todos los NEOCONS en un gobierno que se desploma en popularidad como en lo económico.
Según cifras entregadas por la Fundación Homeless on the World, se estima que cerca de un 15% de la población norteamericana perderá sus viviendas por las altas tasas de interés que se aplicarán a sus hipotecas y que las harán “imposibles de cancelar”.
La rebaja se debe a la falta de avances en estabilidad fiscal a largo plazo en los Estados Unidos. Es un reflejo de la pérdida de confianza del mercado en los políticos norteamericanos para lograr avances significativos en el déficit del presupuesto fiscal y de la deuda a largo plazo. A diferencia de lo que pasó en 2008, ahora la crisis en los Estados Unidos no es financiera sino política. Los inversionistas han perdido la confianza en los políticos. Esto, sumado a la situación de la deuda soberana en la Eurozona, ha vuelto temerosos a los inversionistas.


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