viernes, 12 de agosto de 2011

PERDON PÚBLICO

José López Hurtado*

La solemne ceremonia realizada la semana pasada en el Salón Elíptico del Capitolio Nacional, a la cual asistimos, a manera de desagravio público por el atroz asesinato del Senador Manuel Cepeda Vargas, no fue una concesión gratuita del actual gobierno -el anterior no quiso hacerlo- a los familiares del líder del partido comunista la Unión Patriótica (UP), y a la memoria de las más de 5.000 militantes de ese partido. Obedeció a los perentorios términos definidos en la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (C.I.D.H.), que estimó que en la criminal acción hubo absoluta negligencia del Estado para evitarlo, y que por el contrario, contó con la participación de agentes oficiales, en una sistemática campaña de exterminio de esa colectividad política.

En el protocolo internacional de defensa de los derechos humanos, se dispuso entonces que el Estado colombiano, a través de sus representantes gubernamentales, debía pedir perdón público por el execrable homicidio, tarea que el Ministro Vargas Lleras, cumplió con entereza e inocultable emoción.

Sobre los autores intelectuales del magnicidio nunca se supo nada, lo cual realza, sin duda, la vital importancia del mecanismo de la justicia trasnacional, que adquiere cada día mayor importancia. Y significa también un evidente síntoma alentador para otros crímenes que continúan en la impunidad y que afectan gravemente los cimientos de la sociedad, máxime cuando sus víctimas enarbolan el libre juego de las ideas políticas, en comunidades que se precian de ser democráticas.

La Corte Penal Internacional y la Interamericana de Derechos Humanos, entre otros tribunales internacionales están llamados, por lo tanto, como mecanismos de justicia sucedáneos o alternativos, a fortalecer sus mecanismos de operatividad y resultados.

Quedan muchos crímenes políticos aun por resolver, y los pueblos afectados tiene el derecho de saber la verdad algún día, pero cuanto antes.

El ejercicio de las ideas políticas, no puede jamás ser motivo para atentar contra la integridad de nadie, en una sociedad que quiere dejar atrás tantas taras. De ahí la importancia de las expresiones finales de la hermana del senador asesinado, Stella Cepeda Vargas, cuando en su emocionado discurso señaló que la oposición política debe estar rodeada de garantías, no con palabras bonitas, sino con instrumentos sólidos, ciertos y reales, que garanticen el libre desempeño de las ideas, cuando estas no están acordes con el recetario oficial.

Colombia y varios países latinoamericanos, siguen siendo un enorme espacio vacío de perdones no pedidos.

NB. Gracias a los directivos de EL HERALDO de Barranquilla que comenzó a publicar mis escritos y los varios mensajes de los lectores de ese importante diario.

Twitter:@drlopezhurtado

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