Por Alfonso Luna Geller
Desde finales del siglo pasado Santander de Quilichao comenzó a convertirse en un llamativo centro receptor y articulador del más inusitado flujo humano. Indudablemente, han influido sus bien ponderadas condiciones geopolíticas, sociales y económicas, y un desplazamiento masivo, generalmente sigiloso, de comunidades que huyen de la guerra y la miseria que ha flagelado en algunos municipios vecinos, inclusive, del Valle del Cauca.
Estas circunstancias sumadas al excepcional desarrollo fabril como consecuencia de los beneficios que en su momento otorgó la Ley Páez a los grandes industriales, hicieron evolucionar esta comarca desde su legendaria índole de “pueblo con espíritu cívico ancestral” a ciudad-región, respondiendo a un nuevo contexto con grandes impactos sociales, sin valor agregado, al contrario. Quilichao ha tenido que soportar conflictos de todo tipo por su paradójico crecimiento, pues mientras aumentaban la inversión privada y los medios de producción, para la nueva población disminuían los recursos de subsistencia, lo que impulsó un forzoso comercio informal, invasor de los espacios públicos; un desaforado aumento de prácticas ilícitas de ‘rebusque’ como el microtráfico de estupefacientes con su efecto inmediato, el incremento en el consumo de psicoactivos; además de anónimas e insólitas formas de violencia y hasta la invasión de terrenos públicos para la instalación de vivienda riesgosa, aparte del arraigo de exóticas culturas que llegaron a sumarse a la autóctona y representativa multiculturalidad que nos había caracterizado, así como un impacto ambiental inexorable a causa de la industrialización y de la mecanización en la explotación minera, maderable y en la producción agropecuaria, principalmente.
En este escenario tres actores diseñan y componen la realidad local: primero, un sector social nunca satisfecho en sus demandas y necesidades, con poca participación en las políticas públicas, pues sólo interviene un reducido grupo en temporadas pre-electorales, sumado a un escaso porcentaje del censo electoral que decide en la escogencia de sus autoridades locales, y listo, hasta cuando vuelven las otras elecciones que dan motivo a nuevos análisis o participación liderados por los que regresan, por el rato, y creyéndose dueños de la voluntad popular, presionan a la gente para votar por quien se adapte a sus intereses; no tiene ninguna importancia un liderazgo eficaz y perseverante, las propuestas de campaña política en eso se quedan, son oportunistas y acomodaticias a las realidades pero no intentan soluciones estructurales permanentes y a veces sólo sirven para negociarlas, pues algunos aspirantes las presentan para, en el momento oportuno, ‘chantajear’ a otro candidato que mayores posibilidades tenga de ganar a cambio de burocracia en nombre propio; es un círculo vicioso de año tras año, elección tras elección, por eso, no hay un imaginario colectivo ni identidad socio-política y en consecuencia, muy escasa cohesión social; segundo actor, un sector público como jugador principal en la provisión de servicios de infraestructura básica y de bienestar, que intenta impulsar políticas locales para mejorar la calidad de vida, pero que no puede satisfacer plenamente las aspiraciones del primero por infinidad de circunstancias económicas o políticas; a éste le atribuyen toda la carga negativa y es el único responsable de lo aguantado, y tercero, un sector privado comercial, empresarial y productivo más que menos exitoso, en medio de un conglomerado humano con el cual no se compromete, para el cual la responsabilidad social es apenas una leguleyada que se cumple en el escritorio del gerente o en su fundación de bolsillo.
Esto es Santander de Quilichao, a pesar de que los últimos gobiernos locales han hecho importantes esfuerzos e inversiones para mitigar y tratar de superar las falencias y necesidades públicas, sin embargo, estas siguen siendo mayores y su solución es un proceso que no depende de las próximas elecciones como algunos quieren hacerle creer al ciudadano desprevenido y necesitado de pan. Ah, y de circo. El diseño de políticas y acciones institucionales concertadas deben ser múltiples, perseverantes, con responsabilidad política, bajo un liderazgo auténtico y deben superar el escenario electoral: todos ya saben lo que ocurre con los llamados “barones” o caciques electorales a partir del día en que logran sus objetivos en las urnas, pero recaemos.
Cada pueblo o ciudad-región se merece el destino que padece cuando sus comunidades no son responsables de la construcción de su propio porvenir y lo ceden por cualquier migaja al primero que le pinte pajaritos en el aire. Infortunadamente ésta es una de las características del quilichagueño que conoció los liderazgos y cacicazgos de finales del pasado siglo que se creían superados pero que aún algunos añoran en pleno siglo XXI; y dentro de cuatro años, este periodista u otro, escribiendo otra pendejada como esta.

Me parece que usted ve una realidad a medias , los cacicazgos sigue en Santander de Quilichao por cuenta de quienes hoy gobiernan un grupo politico que pretende instalrase en el poder eternemente y que en 8 años a no ha dado soluciones a los problemas mas importantes de santader, Salud desempleo, y otros no pretenda cegar al pueblo con su opinion sesgada por que definitivamente usted no es un periodsta objetivo, y eso si hace daño unperiodiso al servicio de una clase politica hace tanto daño como la corrupcion o la violencia a un pueblo, por lo tanto me parece muy triste que alguien que dice llamarse periodista solo sirav apar informar lo bueno de la administracion local y no sea capaz opinar o comunicar sus desaciertos y sus errores , triste por usted y triste por santander qu no se merece esto.Pd ojala publique este comentario
ResponderSuprimir