Por: ELIECER BANGUERO GONZALEZ
Un país que por décadas ha optado por negar las practicas racistas en todas sus manifestaciones, despierta sorprendido por la decisión que optó el legislador en aprobar por unanimidad en la Cámara de Representantes el proyecto de ley que penaliza cualquier acto de discriminación en Colombia por razones de raza, etnia, religión, nacionalidad, ideología política o filosófica, sexo u orientación sexual.
Para muchos ciudadanos, el legislador se ha sobreactuado en su concepción de expedir leyes, para otros, esta ha sido una oportunidad histórica, con la cual aquellas conductas que propendían por menospreciar al ser humano al punto de rebajar moralmente y dignamente su estima! No sigan ocurriendo en el país; para el caso de las comunidades afrocolombianas, grupo mayoritariamente discriminado en una sociedad donde parece estar viva la simpatía con el nacionalsocialismo alemán y el falangismo español, esta es solo una puntada en el descosido tejido social, que no logra dar solución alguna; con ello manifiestan los lideres afro, que el discurso punitivo asumido con entusiasmo por el legislador, debe ir acompañado de una serie de acciones que propendan que tales actos no sigan ocurriendo, dado que la mano dura debe ir seguida de otras acciones, porque lo que se pretende castigar hoy es la manifestación de un problema histórico, la solución, obligatoriamente, debe requerir un esfuerzo de iguales dimensiones. En la medida en que la sociedad colombiana es la protagonista de esta triste historia, todas las medidas que se adoptan en la ley deben ir dirigidas a emprender acciones de tolerancia, y del reconocimiento del otro en lo ya conocido como capacitación desde la diferencia.
No es un secreto que los negros en Colombia no han partido ni están en el mismo partidor que los demás. Ha sido la discriminación la que no ha permitido que los negros se desarrollen en la misma medida de los otros sectores reciales. Lo cual se ve reflejado en el muy licitado mapa de la pobreza, el cual coincide que en Colombia los territorios donde viven los negros, sea donde golpea con mayor fuerza la pobreza.
En tal sentido, podemos aseverar que a pasos lentos y a regañadientes hoy en Colombia se inicia a vislumbrar una nueva nación para los menos favorecidos, que los principios rectores del estado social de derecho, que aun están lejanos se ven venir.
Esperamos entonces, que una vez surta el trámite de conciliación ante Senado, pase a sanción presidencial y entre en vigor, todas las personas que a diario sufren discriminación por diferentes índoles accedan a denunciar.

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