BOCA JUNIORS ES WALTER ERVITI SIN MOÑO
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Vengo disfrutando de la cara de Julio César Falcioni, 55, desde que estaba en Banfield y Racing. Su nariz de águila sabia, su boca con medio estadio de dientes y la piel arrugada no son signos agrios sino señales que le ha dejado la experiencia de la vida. No creo que Falcioni sea un hombre aburrido. Tal vez luce como abuelo buenón que sabe acomodarse a sus nietos del Boca. Que sabe reír, que se reprocha y guía.
Cuando se encargó del equipo que más carga triunfos y fama en Argentina tal vez nadie pensó que era el sucesor de Bianchi o de Basile. Mucho menos cuando se empeñó en darle apoyo al pequeñín Erviti que hizo pataleta y casi va al plantón y a la huelga porque Boca no lo recibía en su seno. Walter Erviti, 30, tardó en su acomodación en el grupo pero en estos últimos partidos se nota un gran trabajo de equipo.
El domingo la Bombonera estaba repleta. Los xeneixes agitaban las banderas ante el Lanús que lo sigue. Aunque en ESPN no hubo narrador y los dos comentaristas no acertaban con los nombres de los jugadores, el espectáculo fue de emoción, fuerza y técnica. Arriba Riquelme que luce como en sus años mozos, sonriente y preciso en sus pases. A los siete minutos Erviti que ya había marcado en el partido anterior, cobró certero tiro de esquina y Viatri de volea clavó el balón en la red. Sus compañeros lo arroparon y dieron confianza en quien se esperaba fuera el sucesor de Palermo, gran goleador.
En el medio Camoranesi, viejo zorro amaestrado en Europa, armó camorra con el petiso y estuvieron a punto de ir fuera de la cancha. Valeri, Romero, Araujo y Regueiro reventaban balones frente a la puerta de Boca pero el balón no se dejó hechizar por los hombres de Lanús. El único gol que recibió Orión lo hizo en su contra Insarrualde. Estuvieron flojos Roncaglia y Rivero.
En el medio Balbi, Braghieri y Camoranesi impedían que los delanteros de Boca llegaran con facilidad a la puerta. Mouche y Pochi Chaves llegaron varias veces, pero su velocidad fue más que la eficacia en la puntería. Hasta que la tenacidad, el empuje y el trabajo de equipo que tejió Boca le dio el triunfo ya finalizando el partido. Ante un pase de Somoza por lo alto al centro del área chica se alzó el más pequeño del grupo y, de cabeza, Erviti sorprendió al arquero contrario y la red recibió el pinchazo de muerte. El equipo de Falcioni aquí se puso en la punta del torneo.
La racha mala de Boca ha pasado. La indefinición, la incertidumbre, las dudas hicieron su trabajo por dos años. Se fueron jugadores insignia, pasaron técnicos que no lograron convencer ni a jugadores, ni a directivos ni a hinchada. El domingo todos los paladares masticaron el triunfo. El conjunto xeneixe ha encontrado de nuevo la armonía, la belleza del juego y el trato fecundo del balón.
Así es que vale la pena ir a un estadio o prender la TV. Que revienten de gozo con cánticos y golpes de tambor las graderías. Que se desplieguen azules y amarillas las banderas, que se intyerprete el concierto en la cancha y que ruede el balón por la grama al compás del toque, el regateo, la finta y el disparo que hacen gritar y explotar la garganta con el gooool.


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