Gloria Cepeda Vargas
“No entiendo cómo permiten que los cubanos ejerzan sin reválida”, dice Leomary Andara en entrevista concedida a “El Nacional” el 31 de agosto de 2011. Y no es para menos. Leomary Andara, una joven de 16 años de edad, acudió a uno de los consultorios de la Misión Barrio Adentro, donde atienden gratuitamente a los venezolanos desposeídos, los “médicos” y “odontólogos” cubanos que traídos por el régimen con bombos y platillos, se riegan como plaga incontrolable por los cuatro puntos cardinales del país.
Una vez que el “profesional” la examinó, procedió a extraerle no sólo la muela enferma sino que arrasó con “unas herramientas parecidas a un martillo y un cincel”, tres piezas dentales y un trozo de paladar. Al terminar la carnicería, tomó los despojos sangrantes y le dijo asombrado a la paciente que padecía dolores inenarrables: “Mira lo que te saqué” y luego, dirigiéndose a la angustiada madre, la remató con unas palabras dignas de figurar en la Historia Universal de la Infamia: “Tenga señora para que lo guarde de recuerdo”.
La víctima reside con sus padres y cuatro hermanas en Las Palmeras, zona rural situada a 15 kmts. de Valera, en plena carretera trasandina. Debido a los escasos recursos económicos de que dispone su familia, el traslado a Caracas -donde, después de evaluarla, un equipo de especialistas en cirugía maxilofacial, concluyó que debe ser sometida a un tratamiento de ocho a diez meses antes de ser operada para reconstruirle el paladar, bien sea con un injerto de su propia masa ósea o con una prótesis- es muy difícil, aunque Eugenia Sader, Ministra de Salud, aseguró que todos los gastos que la recuperación de la niña demande, serán cubiertos por ese despacho. No obstante, como suele suceder, esas pequeñeces no pueden distraer la atención de tan conspicuos funcionarios, aunque sea el Gobierno el único culpable de una tragedia que haría llorar hasta a las piedras.
El Presidente de la República, en la actualidad con un piso del Hospital Militar a su entera disposición, un tomógrafo adquirido en ochenta millones de dólares específicamente destinado a la atención de tan ilustre huésped y los últimos adelantos de la ciencia puestos a su servicio, tiene toda la razón en no acudir en busca de alivio a Barrio Adentro. Lo mismo sucede con los altos personeros del régimen, quienes honran con su presencia las más onerosas clínicas de la ciudad cuando la salud del cuerpo, -que es la única que les interesa- les falla, ya que las averías del alma y del intelecto los tienen sin cuidado.
Sería interminable el recuento de las aflicciones de este pueblo. No hay tal salud al servicio de los necesitados. Venezuela es un enfermo en estado de coma. Sólo viviendo aquí, sufriendo aquí, padeciendo aquí humillaciones y atropellos a la dignidad nacional pisoteada por cubanos, chinos, rusos y demás alimañas importadas, puede medirse la magnitud de algo que ronda los límites del surrealismo.
El caso de Leomary Andara, que no podía dejar de divulgar porque ése es el deber del columnista, es sólo uno de los episodios de esta historia, increíble para todo el que no haya tenido la desventura de vivirla.


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