HECHO EN COLOMBIA
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Ahora con el TLC, si lo aprueba el Congreso de EE.UU., comenzarán a verse más etiquetas en vitrinas y supermercados con la etiqueta Made in USA. Ya estamos inundados de etiquetas y marquillas de productos fabricados y que llegan a nuestras calles y almacenes de cadena desde Indonesia, Taiwan, Korea, Túnez, China, Japón, aunque con ellos se estén llenando papeles ahora para realizar otros TLCs. ¿Por qué medio estarían llegando antes?
Me cuentan que tales productos son de segunda clase. Que países asiáticos que los producen en serie, consideran antes hacia donde los exportarán. Si son para países desarrollados les introducirán mejoras y si son para este tercer mundo, mandarán los desechables y de dudosa calidad. Tal vez no es mentira. Su textura rala, su acabado grosero, su fragilidad manifiesta se comprueban a primera vista.
Desde que se comenzó a hablar de maquilas, de flexibilidad en la fabricación, en mejorar el punto de equilibrio entre costos de producción y mano de obra, la calidad de los productos se vino al suelo. Se dijo que lo que enviaba EE.UU. a Japón y Asia, lo desbarataban y copiaban y lo hacían más ligero. Lo que antes era de acero ahora es de plástico, como tornillos, piezas movibles y ajustables. Lo que era de cuero ahora de yute, imitación de cuero con el sello de Armani, Dolce & Gabanna o de De la Prada. Todo es aparente, como la ética, los falsos perfumes, los encajes y el oro golfi.
Los nuevos espejismos que nos llegan del extranjero nos pueden deslumbrar por lo baratos como sucedió en el mal llamado Descubrimiento en nuestros puertos y playas. No hemos aprendido. Todo lo contario. El gobierno no apoya al campesino y trata de traer al mercado nacional productos extranjeros para limitar el más la reducida productividad en fábricas con capital nacional, agricultura, procesamiento de pieles, frutas, y cría de animales. Pronto veremos arroz gris, naranjas gordas, coles, berenjenas, cebollinas, maíz. Es decir... ¡pobres campesinos colombianos! Y comenzaremos a ver engordar a importadores amigotes del ministro y del gobierno. ¡Y que viva el intercambio y la inversión extranjera!
Se acabaron compañías que florecieron en los años 20 y 30 del siglo pasado. Esa generación era más fuerte y emprendedora. Compañías extranjeras que vinieron a invertir y a dar trabajo digno y justo, se fueron a otros países y nadie llenó ese vacío para los trabajadores que quedaron sin salario ni apoyo de manos colombianas. Los capitales se fueron para paraísos monetarios o prefirieron gastarlos en viajes, inversiones fuera de casa en mansiones de recreo, yates y autos de lujo.
Sin embargo, aún quedan capitalistas colombianos que creen en su mano de obra, son humanos y conocen a sus trabajadores, tienen excelentes maquinarias y elaboran productos de calidad certificada con estándares internacionales. La valoración de artículos nacionales por parte del ciudadano raso en Colombia ha cambiado con la comparación de lo que llega de afuera.
“Hecho en Colombia” escrito en la etiqueta es garantía de duración, exquisito acabado y buena presentación. La competencia global ha hecho que se sujeten los productos a normas de alta exigencia no importa que el comprador final sea colombiano o extranjero. Ropa, zapatos, artesanías, artículos de metal, de madera o plásticos ahora son compras codiciadas hasta por el consumidor más profano.
13-09-11 - 12:15 p.m.


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