lunes, 12 de septiembre de 2011

KATALIN LADIK

suelta en el aire
al azar la flecha
mata al ruiseñor

Paul Disnard

Cuando la palabra perdió el sonido que tienen las caracolas escondiendo el mar, fue el primer escalón que puso el hombre para umbral de su casa, luminaria sería el sentido propio de su haber literario. Hizo el ritmo sinalefa tal vez con el eco del tambor vacío de la calabaza. Los opuestos son complementarios, innegable presencia del iris en el corazón de los poetas. Vojvodina es una provincia donde la ambivalencia de los idiomas, receptáculos de cultura e historias recíprocas, obliga a la parquedad, a la precisión descriptiva; el sincretismo determina la tolerancia y decirlo todo casi en síntesis con el menor uso de palabras indica de por sí madurez intelectual en el dominio de los símbolos, la concepción integra del universo en el dedal de la costurera. Dualismo, simbiosis fundamental que identifica a las gentes de esta región donde las etnias son un tapiz encantadoramente multifacético, cuya tradición y folclore siempre frescos no cesan de estimular en corrientes simultáneas el devenir cultural de los pueblos que han aprendido a convivir con sus santos y demonios, con todos sus errores y fantasmas.

Katalin Ladik quiso recuperar el impulso primario del hombre cuando inventó el primer instrumento musical, entonces comprendió que la voz tiene un ritmo intrínseco que alimenta la palabra que fue expresión onomatopéyica antes de alcanzar la médula de su realidad iconográfica.

De origen húngaro su poesía prevé un jardín de gnomos y fábulas muy cerca del cielo, en la cima de un monte de incongruencias en donde la pasión de la carne y el religioso altruismo de los enamorados forja un paraíso más próximo a la mujer que ama y se entrega con ardor sublime opuesto al infierno del hombre cuya pasión enceguece, obnubila y mata hasta lo más sagrado de su quehacer humano. Vojvodina es una llanura fértil y luminosa, otrora el mar panónico. Ha incursionado Katalin con la tenaz insistencia del orfebre por los caminos de la música experimental y el sonido oculto y pagano de los cuerpos, así también ha llegado a la poesía más que visual fonética, fónica. Sus poemas preciosamente medidos por el significado oculto de cada palabra convierten la imprecación erótico-sexual en el interno percutor de una luz que se desploma sonora e incierta como la entrega misma al amante olvidado entre los restos del heno bajo las muelas de los tractores y cartas de amor minuciosamente escritas sobre las espaldas de las okas salvajes dibujadas en el mantel de una mesa en un restaurante de chinos a orillas del Danubio.

Katalin es tanto como poeta una actriz del Teatro Húngaro de Novi Sad, lo que hace de ella un personaje carismático que va de arriba hacia abajo y viceversa como un río ascendente y sinuoso para penetrar en la incógnita de la palabra. Un recital suyo en el Teatro Experimental 202 de Belgrado equivale a una personificación escénica de las olvidadas sacerdotisas del arte en aquellos templos donde los dioses y las mujeres se confundían en una sombra luminosa, ella es de por sí una aparición mítica que está más allá de los conjuros o de los exorcismos porque la belleza del rocío está en la flor que lo recibe, la palabra en el gesto que la traza en poesía, piedra incandescente en el pomo de la llama. Desafortunadamente el poema original en húngaro se pierde y se quiebra en la traducción que nos impide sentir esa vibración que proviene del golpecito sutil de una cucharilla en la pared externa del cristal. Nos quedan imágenes que deslizan la metáfora en aparentes sombras chinescas, lo esotérico y el amor convertidos en una hoguera que se consume con lentitud en una noche de invierno.

Belgrado, Junio de 1998

KATALIN LADIK

BALKAN EXPRESS

Los mundos que regresan!, como ellos
los afilados engranajes giran hacia
la no materia, semejando los minutos que caen
hasta morir fuera de mi.

(D. Tandori)

Ahora, muy lejos de ti, en un transoceánico sobre tus campos de trigo,
convertidos los postes del telégrafo en negros mástiles,
lejos, a la vez, como un velamen victorioso
ya no estará aquí cuando yo llegue.

Es la agonía, la sed, voces de luto que provienen de lo más profundo
de todos los sueños.
Un susurro me inspira.
Ayer cayó aquí un Ángel.

Ahora todos escriben diarios, múltiples historias.

Un cisne y la metralla se abrazan en la puerta.

El hombre y la máquina tienen el rostro color ceniza
y vacías las cavernas de sus ojos.

Lejos y muy lejos
y a la vez próximos a ti como el gorrión que golpea los cristales de la ventana. Empiezan a aullar dentro de mi propio ser los grandes y negros cilindros.
¿Dónde estás?
Está aquí la más espantosa y sombría de las tinieblas.

No te quiero atemorizar con esta historia.

No esperes mi llegada.

EL TIEMPO DEL CAMALEON

Deja el pico tras la nieve cósmica que cae.
Una remezón violenta y perceptible
puede ser la causa de un mundo que nace.

Justamente, horripilante,
vuela a través de las ventanas
y no encontrará jamás el camino de regreso
dentro del frío resplandor de los huesos.

EL AZUL DE LA SERPIENTE PALIDO INUSITADO

Para Cavafy

El azul camino de la serpiente pone una capa pálida, inusitada,
y se escabulle bien lejos.

El habla de todo, en general más allá de las paredes
porque es cálida su lengua, ambas en griego y húngaro.

Comprende qué es lo que ha sido, el benévolo sonido de las glándulas,
se sorprende de la belleza virtual, empieza a resbalar hacia abajo,
no como una serpiente pero si como un actor que se pone una capa oscura
y huye muy lejos.

Pero en la funesta ebullición por encima de las escaleras
fue caluroso el hálito púrpura de la páprika húngara,
hebreos y griegos conocen muy bien el mundo de la libertad
y que vacío el sentido de los nombres heredados del imperio.

Pero el día fue cálido y lleno de poesía
y pálido el inusitado camino azul de la serpiente.

Entonces su alarido lo arrastra a las profundidades del abismo
diferente a la serpiente alada o al reloj del abuelo
que desea solamente la caída, volar y ser libre,
como si se colocara los plumones de un pájaro negro
sorprendido por la belleza de lo insondable,
encontrándose a si mismo entre la golpiza de los huevos pálidos
y los riscos de los arrecifes,
batiendo su propia cola.

(Traducción del serbio al español / Paul Disnard).

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