FABIO ARÉVALO ROSERO MD
Si bien hay un relativo éxito en la campaña contra el tabaquismo, el mundo hoy padece otra mortal dependencia. Sin duda, el planeta es víctima de una grave adicción al carbono, considerado por la ONU como un “hábito” humano más pernicioso que el tabaco o el alcohol. La dependencia de la energía basada en el carbono ha producido una acumulación considerable de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera con efectos catastróficos.
Experimentamos una adicción al carbono que está diezmando los recursos naturales de las naciones y está propiciando cambios potencialmente devastadores. La industrialización y mecanización del Siglo XX nos llevó a una dependencia del petróleo y sus derivados. Hoy son los automotores los mayores consumidores y por lo tanto los mayores responsables de la elevada concentración de CO2 en la atmósfera con el consecuente calentamiento del planeta.
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Septiembre es un mes importante para tomar decisiones y aportar con transformaciones en favor de la humanidad. Pensar globalmente y actuar localmente es cada vez más relevante en los retos planetarios ya que todos podemos aportar con pequeñas acciones, que sumadas provocan grandes transformaciones. La Semana Internacional de la Movilidad se celebra entre el 16 y el 24 de septiembre. El 22 es el día internacional “sin carros”. El 24 es el día mundial de la acción climática, llamado 350 (número de partes por millón límite de CO2 en la atmósfera).
Popayán es la única ciudad colombiana que se ha unido a esta iniciativa como un desafío para imaginar una comunidad más humana. Si el 80 por ciento de los payaneses todo el año no tienen acceso a vehículo particular, ¿por qué el 20 por ciento más privilegiado que si lo tiene, no puede prescindir de su auto al menos por un día? Es un acto de justicia, pero ante todo un ejercicio ciudadano para modificar nuestros comportamientos. Para demostrar que si bien el carro es muy útil, es necesario hacer un uso racional del mismo.
La dependencia del auto en nuestro medio ha generado una gran adicción al carbono. Pareciera que viviéramos de la gasolina para todo y algunos han tomado como bandera que el país tenga gasolina barata. Esto electoralmente es bueno, pero el asunto social es otro. El transporte escolar debe estar subsidiado, las personas de 3ª edad deberían tener acceso a transporte público gratuito y el transporte utilitario (carga mercancías, etc.) debería tener combustibles más económicos.
Reducir arbitrariamente los precios de la gasolina favorece más a una minoría privilegiada que tiene más poder económico y son más adictos al carbono. Tener gasolina caprichosamente barata induciría más viajes en carros, llevaría a un caos de movilidad, se dispara la venta de autos y la accidentalidad, habrían muchas más muertes por enfermedades degenerativas. Y obviamente se contamina más. El tema del valor de los combustibles debe considerarse en su justa dimensión, de manera que una reforma beneficie a la mayoría, o de lo contrario, es algo así como hacer una movilización para que el estado regale la comida.
Trino: Por cada galón de combustible que quema el motor de un carro, se liberan una media de ¡9,5 Kg. de CO2!
Apostilla: “Día sin carro” en Popayán, un ejercicio para imaginarnos una ciudad más humana, más equitativa, la ciudad de los niños. Un ejercicio para promover mejores prácticas.


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