viernes, 9 de septiembre de 2011

La Virgen marinera

Gloria Cepeda Vargas

El jueves 8 de septiembre se realizó en Margarita una de las celebraciones religiosas más representativas de la esencia venezolana: cien años de la coronación canónica de la Virgen del Valle, llamada también Vallita o la Virgen Patriota.

En 1911, el Obispo de Guayana Antonio María Durán, celebró su acto de coronación en el Valle del Espíritu Santo aunque el papa Pío X la había concedido el año anterior (15 de agosto de 1910). El papa Benedicto XVI otorgó al Santuario de Nuestra Señora del Valle en Margarita, el Rosario de Oro, tal como se había hecho en años anteriores con las Vírgenes de Coromoto y el Perpetuo Socorro.

Dicen que en épocas coloniales, los habitantes de la Isla de Cubagua encargaron a España una imagen de la Inmaculada Concepción para poner a la ciudad bajo su protección. El 25 de diciembre de 1530, un huracán no dejó piedra sobre piedra y la única sobreviviente fue la imagen. Decidieron entonces ponerla a salvo en una hacienda en el Valle de la Isla de Margarita y el lugar dio entonces su nombre a la imagen que comenzó a llamarse la Virgen del Valle. La leyenda dice que fue puesta por los ángeles en manos de indios guaiqueríes cuando atravesaban los matorrales donde actualmente se ubica el santuario y que en la batalla de Matasiete tomó partido por las fuerzas patriotas. A pesar de ser venerada con especial devoción en Margarita, la tradición religiosa venezolana la reconoce como a la patrona de Oriente.

El jueves 8 de septiembre como lo han hecho desde hace un siglo, los guayaneses arrancaron desde las 6 de la mañana, en distintos lugares de San Félix y Puerto Ordaz con diferentes actos culturales, religiosos y recreativos para festejar el cumpleaños de su “Virgen adorada”, la bella señora de rostro joven y lujoso atuendo, Patrona de la Armada, a quien pescadores y marineros invocan antes de zarpar o de lanzar la red. Toda la costa oriental venezolana vibró con la advocación de su Señora. Festividades marítimas y terrestres engalanaron las costas de Catia la Mar, Maiquetía, Porlamar, Estado Vargas y barrio Macarao con procesiones de más de ochenta embarcaciones: lanchas, peñeros, botes y hasta ostentosos yates en La Guaira. Una multitudinaria concentración llegada de los cuatro puntos cardinales del país, se dio cita frente al mar Caribe -la primera página escrita en su historia por filibusteros y marinos, la más fértil siembra de perlas hallada y saqueada por las agallas españolas en esta saga de crueldades y heroísmos, la frente salada que curte e identifica la manera de ser del venezolano- desembarcó entre música de conjuntos populares y luces pirotécnicas, en La Asunción, capital del Estado Nueva Esparta en la isla margariteña para recordarse como lo que es: una hija del mar prestada a los despeñaderos andinos y a las fértiles sabanas aragüeñas, que no ha dejado de “bajar” los fines de semana desde la bulliciosa Caracas a las playas de oriente o el litoral central.

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Dos misas solemnes celebradas en la Basílica Menor de Nuestra Señora del Valle con el acompañamiento de la Orquesta Sinfónica de Margarita, dieron inicio a las festividades inspiradas en uno de los personajes cimeros de la historia amorosa y autóctona del país: Nuestra Señora la Virgen del Valle, a quien el llanero Simón Díaz, el trovador de caballos viejos y vacas mariposas más reconocido en Venezuela, galanteó con estas palabras liminares del himno de la isla: “Entramada frente al mar/ frente al mar de Margarita/ mar de la Virgen del Valle/ mar de la Virgen bonita/ está la costa oriental/ con crepúsculos de aurora/ salpicada por las olas/ que bañan a Porlamar”.

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