lunes, 19 de septiembre de 2011

Los “nietos de Quintín Lame”

Los “nietos de Quintín Lame” que así han dado por llamarse están circulando un manifiesto de guerra que no puede ni debe ser ignorado.

Grito de guerra que va a acompañado de propósitos muy definidos contra ciertas personas de diversas actividades oficiales y comunitarias y también contra ciertas etnias que hacen parte, como ellos, de la geografía y la historia caucana.

Y que como ellos, desde tiempo atrás, centurias por decir lo menos, la han habitado, la han arañado para subsistir, le han ido dando la fisonomía que tiene y que como ellos, han padecido la indolencia de las esferas de poder, los siempre aplazamientos en las reivindicaciones más elementales, la burla de los pequeños avances logrados o simplemente la miseria de vida que el subdesarrollo nos ha ido dejando como una endemia en nuestras culturas.

Así que a los “nietos de Quintín Lame” como a todos nos acompaña una razón histórica, una razón social en nuestros resentimientos, en nuestros petitorios, en nuestras ansias por un mundo mejor, por el bienestar y por la dignidad de nuestros pueblos, de nuestras colectividades y nuestras personalidades.

Bien cierto por demás que las instituciones colombianas no se han conformado con el reconocimiento de esas verdades históricas y sociales sino con el aprovechamiento por parte de minorías, aliadas con los grandes intereses internacionales según la ocasión, del poder mismo y que lo que tenemos hoy en día es en buena parte la consagración de las desigualdades y los despojos, una geografía de los desconocimientos. Y que mal podríamos llamar nación a una estructura que está hecha de espaldas a los constituyentes primarios y fundamentales de la nación misma.

Gran parte de los campesinos que llaman mestizos padecen los mismos problemas y ausencias. Gran parte de los pueblos indígenas padecen igual situación, y que no decir de las poblaciones que se conformaron con los residuos o con los hálitos libertarios de las poblaciones negras.

No sé si lo conducente ahora, sea que los guambianos ignoren en absoluto a los demás pueblos indígenas, a los negros y afrodescendientes, a las poblaciones campesinas. Como tampoco si los paeces deben hacer otro tanto, y si las poblaciones campesinas deben hacer otro tanto. De ser así, lo que tendremos en los próximos años, basado en las reivindicaciones de cada pueblo sería una matanza sin cuartel, cada uno con suficientes argumentos para desconocer a los demás, llenando de sangre los campos que debían tener otros usos y fines.

Condenados estaríamos al exterminio entre quienes debían solidarizarse. Y sólo cuando nos hayamos desangrado y cuando ya no quede piedra sobre piedra quizás entonces, nos dé por pensar y meditar sobre la convivencia y sobre lo fundamental para hacer posible un país donde quepamos unos y otros, y donde impere la justicia para todos los pueblos.

Quizás entonces, y ya sea demasiado tarde

Phanor Teran, desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó

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