domingo, 18 de septiembre de 2011


Madriguera idiomática

Por Jairo Cala Otero
1.- «...y armamos una furrusca»: Expresión con la que suele indicarse que de repente se inició una fiesta. Sería bueno que en vez del espíritu belicoso que a veces sobrecoge a algunas personas, ellas se involucraran en más festividades. La única condición sería la de no denominarlas «furruscas», por cuanto ese vocablo significa gresca o pelotera. Se trata de una expresión coloquial, un colombianismo de género femenino, que tiene -como todos los demás términos que aquí ventilamos- la anuencia de la Real Academia Española. No sobra advertir, naturalmente, que muchas fiestas degeneran, en ocasiones, en furrusca. Pero en lugar de «furrusca» -como significante de fiesta- son más precisos los términos: festín, francachela, parranda, rumba.

2.- «Me da la impresión de que como que me tumbaron»: Pasó algún tiempo sin que se usara en la televisión, pero esta expresión ha recobrado uso. Un conocido humorista, en un divertido programa sabatino, la emplea para significar que alguien se ha aprovechado de su ingenuidad y le ha hecho víctima de un timo o una estafa. Su construcción no solamente es imprecisa, sino malsonante. No es necesario emplear dos veces el pronombre relativo que en medio del adverbio como. Es suficiente con decir: «Me da la impresión de que me tumbaron». Si aquella oración sigue cobrando fuerza, no habrá duda de que a quien tumbaron con la enseñanza de la gramática castellana fue al libretista del programa humorístico donde se la usa.

3.- «Hay conmigo tres»: Para esquivar el incorrecto y altisonante vocablo «habemos», que mucha gente emplea para referirse a un número de personas reunidas, incluyendo al hablante, alguien inventó la alternativa «hay conmigo…». Pero los señores académicos, cuyas directrices seguimos y acatamos -pues saben más que nosotros- dijeron hace mucho que se trata de una frase acomodaticia o rebuscada. No tiene sustento técnico en lo lingüístico. Es preferible, y más preciso, decir: «Somos tres»; «Estamos tres»; «Vivimos tres»… Así que cuando esté usted en una reunión, suene el teléfono y quien está al diálogo le pregunte cuántos hay ya, puede, sin temor, responderle: «Ya somos siete, apenas falta usted».

4.- «Solicité un créito impotecario»: ¡Increíble! Pero no por ello falso. Un caballero, de los que compraron grabadora en San Andresito para oficiar como periodistas, usa las dos palabras del ejemplo cuando tiene que referirse a los deudores de créditos hipotecarios. Sobran comentarios sobre el asunto. Porque los dos garrafales errores de esta oración saltan a la vista: hay omisión de la letra de (d) en crédito; y aparece un vocablo extraño en remplazo de hipotecario. Aunque insinúe «impotencia» para pagar las cuotas de la vivienda, no se aviene con la expresión autorizada lingüísticamente. Y pensar que algunos afirman que al periodismo «no le pasa nada...».

5.- «Fulano sufría una penosa enfermedad»: Esta expresión suele emplearse cada vez que fallece una persona, a consecuencia de cáncer o de sida. Se volvió «frase de cajón» (¡y qué clase de cajón!, por cierto). Creemos que en pleno siglo XXI, cuando el mundo y sus componentes han evolucionado, no tiene vigencia seguir ocultando lo que para muchos es una cruda realidad: padecer y fallecer de cáncer o de sida. Por otra parte, esas no son las únicas enfermedades que producen pena (de donde se deriva la palabra penosa, que tanto emplean). ¡Todas las enfermedades son penosas! Excepción hecha de los masoquistas, a los enfermos y sus parientes les causa pena o sufrimiento el padecer un quebranto de salud, por venial que él sea. Por estas sencillas razones serán más acertadas las expresiones: «Falleció mengano, quien sufría cáncer de estómago»; o «Murió zutano luego de padecer cáncer en el colon», entre otras de ese estilo. ¡Sin pena!

6.- «El calzado que vistieron las reinas era de Bucaramanga»: Entre los comentaristas que van a Cartagena, con ocasión del concurso de belleza, hay quienes usan expresiones semejantes a la del ejemplo. No «calzan» bien dichas locuciones. Porque, como sabemos, efectivamente los zapatos que calzaron las candidatas fueron usados en sus pies. ¡Como los usamos las demás personas! Aquel error puede ser producto de un lapsus linguae. Mientras tanto, esperemos que en el próximo concurso las candidatas, vistas por los comentaristas de radio, vistan los costosos trajes y calcen los magníficos zapatos que se fabrican en Bucaramanga.

7.- «¿Quieren saber mi secreto? Se los voy a contar»: Es común que muchas personas empleen el acusativo lo en plural cuando, como en esta oración, dirigen la palabra a varias personas. Pero es incorrecto hacerlo. En el ejemplo, con los no se alude a quienes va dirigido el mensaje, sino al secreto. Pero se hace equivocadamente, por ese plural intruso. El número singular es el indicado en tales ocasiones: «¿Quieren saber mi secreto? Se lo voy a contar», es lo preciso. No importa si es a una o un millón de personas a las que se dirige el mensaje.

8.- «¡Se fue la luz! (o el agua)»: Expresión socorrida entre los colombianos para significar que esos dos servicios públicos domiciliarios han sido suspendidos. Sin embargo, el verbo fue no es exacto para el caso. Porque ni el agua ni la luz se van a ninguna parte; tampoco «se las llevan», como otros dicen. Sencillamente se interrumpe el ciclo de su suministro a las residencias. «Suspendieron la luz»; «Suspendieron el agua», indican más claramente lo que ocurre cuando quedamos privados de esos elementales servicios.

9.- «Prestigioso pollo a $ 9.000»: Curioso aviso comercial a la entrada de un restaurante. Lo más que concita es la curiosidad de entrar, para probar a qué saben los pollos con prestigio, es decir, los pollos «prestigiosos» que allí promocionan. Aunque es inútil intentarlo, porque lo único que comprobaríamos sería que el suculento, sabroso, agradable, delicioso o rico sabor de tales aves domésticas goza de prestigio en toda la ciudad. Nada más. Pero no que, en sentido literal, se trate de «prestigiosos pollos». Es este un asunto derivado del uso de adjetivos cuyo significado se desconoce con certeza.

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Preguntan los lectores

Hola, Jairo.
De tiempo atrás, tengo dudas sobre la utilización de la expresión «Al menos, quince personas murieron...».
Ahora: si no hay exactitud de cuántas, he utilizado: «Cerca de quince personas murieron...».
Encuentro mejor utilizar: «Por lo menos, quince personas murieron...».
Y esto porque «Al menos», me deja la sensación de estar aceptando que, bueno, hubo muertos.
Espero tu valiosa observación.
Te agradezco respuesta a esta inquietud, muchas gracias.
Gran saludo.
Juan Álvaro Castellanos
Periodista

Respuesta

Efectivamente, la locución «Al menos quince personas murieron...» deja la sensación de que una mente morbosa, si no sádica y perversa, se complace con la tragedia; y refleja que a esa persona le parece reducido el número de personas fallecidas.
Se parece mucho a una expresión que le escuché en televisión a una corresponsal: «La tragedia apenas dejó cuatro personas muertas y seis heridas». Con ese adverbio negativo (apenas) es algo así como que ella esperaba que hubiesen sido más las víctimas.
El lenguaje que se emplea en las notas sobre asuntos policiales o accidentes de carretera y aéreos, suele llevar «trampas» para los redactores. De allí la importancia de tener cuidado sumo a la hora de describir situaciones de hecho.
Su propuesta es válida y correcta, Juan Álvaro: «Por lo menos quince personas murieron...» no solamente no especula con el dolor ajeno, sino que indica que no hay certeza sobre el saldo final de la tragedia. No obstante, podrían usarse otros giros, como: «Un número indeterminado de personas murió en...». (Aunque no calma la sed de sangre que padecen ciertos editores y jefes de redacción); «Un saldo de personas fallecidas, en número no confirmado todavía, deja...». En fin, también juega en eso el estilo, que es una impronta o sello personal para contar los sucesos.

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Señor Cala Otero:
Con frecuencia se acostumbra a escribir: «Fulano contaba con 28 años cuando lo mataron». ¿Eso es correcto? O se debe decir: «Fulano contaba 28 años cuando lo mataron».
Al fin y al cabo uno no cuenta con los años, pero sí los cuenta.
Muchas gracias.
Javier

Respuesta

Contar CON es tener a favor. Nadie sabe con cuántos años cuenta. Pero todos sabemos contar nuestros años de existencia, cada año.
Es común ese error entre redactores de noticias judiciales. Pero no por frecuente es o será correcto. La expresión exacta es: «Fulano contaba 28 años cuando lo mataron». (Sin decir, además, años de edad, que es redundancia, por cuanto en esos casos apenas se hace referencia a los años de edad).

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Profesor, una de mis estudiantes al saludarme esta mañana, me dijo: «Buen día, profe», y le contesté: «Buenos días». La niña me corrigió: «Profe, se dice buen día, porque el día es en singular».
Me quedé con la duda de si tendría la razón. Por favor, ¿me ayuda a corregir mi error, o a ayudarle a corregir a mi estudiante?
Agradezco su amable respuesta.
Cordial y atento saludo,
Álix Antonia Macías B.
Docente de Cúcuta

Respuesta

Gracias, Álix, por tu mensaje.
Las dos formas de expresar el saludo matinal son correctas. Lo que ocurre es que no están difundidas por igual en todo el ámbito hispanohablante. En algunas zonas de América es más común el uso de la forma en singular. En otras naciones se usa «buenos días». Puede usarse la que más nos guste.
A su alumna corríjale que no se trata de un asunto de concordancia (singular), sino de estilo en el uso de la expresión. Lo valioso es el saludo, en últimas; porque también se está perdiendo aceleradamente esa culta costumbre.

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Escriben los lectores

Don Jairo, me permito informarle que sus comentarios son de gran interés para mi vida personal. Por tal motivo, lo quiero felicitar y pedirle que siga alimentando mi cultura con muchos relatos más.

Cordialmente.

Óscar Julián Guevara Gómez

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Hola, Jairo.

Celebro que tengas tanta creatividad e iniciativa en procura de ayudar a engrandecer esta sociedad, tan deslegitimada por la distorsión del castellano.

Yolián Fernando

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Muchísimas gracias, Jairo.

Viniendo de tan noble autoridad me complace y me agradan sus comentarios. Siempre estoy atenta y gustosa al leer sus oportunos mensajes.

Sea el momento de expresarle mis agradecimientos, por ello; y felicitarlo por la tarea y responsabilidad que ejerce con nuestro castellano.

Un saludo cálido, y el deseo de prosperidad en su vida.

Con respeto,

Sonia Cecilia Gutiérrez T.

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Con el mayor agrado recibo todos sus correos sobre la correcta escritura y uso de las palabras.

Deseo que me ayude a resolver el interrogante que poseo sobre cuándo la palabra solo debe ser tildada y cuál es su correcto uso.

Es grato saber que hay personas que están dispuestas a llevarnos por el sendero de la correcta ortografía.

Esmeralda Esparza Murallas

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Jairo:

Tiene mucha razón en su comentario.

Agradecemos su preocupación, y lo tendremos en cuenta.

También nos esmeramos en el buen uso del idioma. Personas como usted deben pertenecer a nuestra Fundación.

Saludo cordial,

José Antonio Mantilla Zúñiga

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Muchas gracias, y felicitaciones por esa importante labor de defender el castellano; y de seguir enseñándolo a quienes están encargados de trabajar con él: los periodistas.

Muchas veces nosotros mismos somos quienes lo maltratamos y, además, propagamos su mal uso.

Felicitaciones por esa labor tan importante que adelanta.

Fernando Bello Mendoza

Periodista independiente

Tunja - Boyacá

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Todos los derechos reservados.

Prohibida su reproducción parcial o total sin previo consentimiento del autor.

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«Algunos llaman utopía a sus propios anhelos y sueños. ¡Qué bárbaros! La única utopía que existe es la que alguien no convierte en realidad». - Jairo Cala Otero -

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