miércoles, 14 de septiembre de 2011

PLAZA BOLÍVAR, CARACAS, 1985

El cielo
era una polvareda luminosa
como detrás de un velo
cruzaban las siluetas de los hombres nocturnos.
En la plaza
lloraban las estatuas
los viejos edificios triangulares
flotaban como náufragos.
Yo era sola en un mundo sin orillas
lejos iban los astros y la vida.
Anclado en su ventana
el vendedor de diarios
ve llover todavía.

TECHOS DE LA PASTORA

Los dominios del gato
arden llenos de ruidos sospechosos
ensartado en su aguja de diamante
reparte los aullidos de la luna
dobla la espina
y muere.
Una escoba con ojos vuela lejos
pesa el olor del aire
diminutas linternas se encienden en la sombra
olvidé los caminos que llevan a mi estrella
¡Qué salto tan inútil!

I

El agua detenida
copia la piel del alba
llovió toda la noche
una cortina de algodón morado
se abatió sobre el cerro
todo fluía
todo gorgoteaba
el cornetín agudo de las ranas
taladraba el abismo.
Las paredes
caminaban a tientas
ni siquiera
el frío apaciguaba
el grito de la noche.
Sólo cuando la lluvia
se adueña de sí misma
nos encontramos
y retrocedemos.

II

Estar sola es flotar
en un lago profundo
donde no corre el cielo.
Un jardín de violetas
mojadas por la lluvia inabarcable
nos espera.
Para quitarnos
protuberancias y germinaciones
debemos calcinarnos
en silencio.

Gloria Cepeda Vargas

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