sábado, 24 de septiembre de 2011

POR QUIEN VOTAR

Por CARLOS A. ORTEGA M.

La sociedad caucana, al parecer, está en una encrucijada sin salida al igual que el resto del país. En el departamento del Cauca se reflejan todos los grandes males que padece la nación colombiana. Es implacable el azote del desempleo, la miseria, la falta de oportunidades educativas, la violencia intrafamiliar, la inseguridad ciudadana, la deficiencia en la prestación del servicio de salud, la falta de vivienda, la desnutrición y la corrupción tanto en los entes estatales como en los privados. El horizonte se enrarece más con la presencia nefasta de grupos armados de derecha, de izquierda, de narcotraficantes y de delincuentes comunes que atacan despiadadamente por los cuatro costados. La ansiedad y la depresión campean por todas partes. En muchos casos, lamentablemente, se opta por la autoeliminación. El panorama, definitivamente, es angustioso y desolador ¡Que tristeza! Es el acabose total, dirían algunos desprevenidos frente a la cruda realidad.

De otra parte, las invaluables riquezas que existen en Colombia y especialmente en el Cauca, se lamentan y estremecen frente a la rampante irresponsabilidad con que se las trata. El saqueo indiscriminado, egoísta y concentrado en pocas personas, desmoraliza a toda la nación. Ellas, las riquezas, desconcertadas, claman ansiosamente por una buena y adecuada administración. Las fuentes hídricas, los campos agrícolas, el hato ganadero, la reserva minera y lo más importante, el talento humano, entre otras, son las potencialidades más afectadas. Pareciera que dijeran: adminístrennos bien y todos seremos felices. Desafortunadamente, este clamor se ignora y el caos social emerge como un gran enemigo de la paz y la tranquilidad ciudadana. La clase dirigente, principal responsable del manejo de la nación, de una parte ha sido malintencionada en su accionar y de otra ha fallado ostensiblemente en la toma de decisiones. El desarrollo justo y equilibrado requiere cambios sustanciales en la gestión de la dirigencia y de la población en general. La selección de los modelos a seguir así como los elementos de planificación, de organización, de acción y de control corresponde estrictamente a las mayorías. Ellas conocen plenamente cuáles son los requerimientos y los procesos necesarios para tomar la ruta de la felicidad.

El 30 de octubre de 2.011, se tendrá la oportunidad de elegir parte de la dirigencia estatal colombiana. Para ese entonces, concurrir a las urnas será un acto de absoluta responsabilidad personal y colectiva. Abstenerse de votar o votar sin conocer los candidatos y sus propuestas es un gran error. De la actitud o disposición de ánimo con que se enfrente ese evento electoral, depende que se continúe o no con el desesperanzador panorama antes descrito. Es muy importante conocer personalmente al aspirante. Con estos dos requisitos, al menos, se tendrá la oportunidad de saber con claridad meridiana, cuál va a ser el comportamiento del elegido. Un buen ciudadano debe saber que quienes ocupen cargos públicos, incluyendo los de elección popular, deben ser incapaces de utilizar el erario para enriquecerse personalmente o a través terceros. Así mismo, un buen ciudadano, debe saber que su personaje preferido al llegar a la corporación pública respectiva, desplegará, desinteresadamente, todo su potencial de trabajo y de servicio a la comunidad. De lo contrario es mejor no arriesgar el voto. Por tanto, votar bien es no traicionar a la patria. Ánimo electores. Al elegir bien, empezará a vislumbrarse el camino de la felicidad.

CARLOS A. ORTEGA M.
C. de C. No. 10.519.658 de Popayán.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada