Rodrigo Valencia Q
Especial para Proclama del Cauca
Miraban una bella presentación en video. Los techos, el ordenamiento de las calles, su disposición arquitectónica armoniosa, todo parecía encantadora y minuciosamente ordenado en esos hermosos lugares de Italia; regocijaban la mirada con su encanto medieval, y parecía envidiable vivir entre esos muros alejados de la fiebre del presente.
—Algunos de esos fantásticos y hermosos pueblos parecen surgidos directamente de la gracia; el cielo los protege y la leyenda los hace más amables. Hay sitios recónditos del alma que, de alguna forma, parecen recordar esos territorios de la geografía italiana; la mirada del Dante era diestra en hacérnoslos presentes —dijo R.
—Cuando se fundaron no fue ofendida la vegetación —contestó D.
—Imagino que eran tiempos muy introvertidos, con la luz oscura del medioevo guiando sus calles, mientras los juglares cantaban sus historias —observó R.
—La Media era una edad para la magia; la gente vivía en la sinfrontera de la realidad y la superstición, la Iglesia manejaba a su antojo las voluntades —añadió D.
—Una época de total sometimiento. La revolución del Renacimiento fue la apertura al humanismo libre; vientos nuevos transformaron la cultura estancada del medioevo, aunque fue la época en que se dieron los grandes metafísicos de la escolástica. La cultura venía transmitiendo la impronta de Aristóteles, el más grande pensador de la antigüedad. Escéptico y audaz, problemático y de visión penetrante, era imposible resistirse a la fuerza de su sabiduría conceptual sin precedentes en Occidente. Lo era tanto, que hasta la iglesia asimiló sus ideas dentro de su teología —aclaró R.
—Es muy curioso que la Edad Media haya sido el siglo de la metafísica en Occidente. La Grecia antigua, lo mismo producía un "realista" Aristóteles que un "idealista" Platón; pero en la Edad Media no había opción: si no se podía producir ciencia, los grandes talentos sublimaban su intelecto hacia los saberes trascendentes; ¡quién iba a querer que lo quemen vivo! Vida triste la de Galileo, ya bajo los aleros del Renacimiento.
—Eso sucedía en aquellos oscuros tiempos; hay que tener en cuenta que la cultura era accesible a muy pocos; contadas personas sabían leer y mucho menos se atrevían a pensar, y el resto de la gente vivía bajo las ordenanzas ideológicas imperantes de la iglesia. Precisamente, el crecimiento de la cultura representaba un peligro para el poder de la iglesia, porque la inteligencia subleva, genera individuos y conciencias libres; de ahí la amenaza de las hogueras, que no fue solo para los laicos sospechosos de brujería sino también, por ejemplo, para hombres profundamente religiosos como Savonarola. Fue ahorcado en la plaza pública y después quemado. Su humareda denunció los excesos y corrupciones del vaticano, en época del pleno renacimiento italiano —añadió R.
—Eso se hacía para desanimar cualquier otro atrevimiento. Leí que Morillo izó ocho días la cabeza de Camilo Torres en una entrada de Bogotá. Permitió que le dieran sepultura el día que cumplía años Fernando VII —incluyó D.
—Me hace acordar de Hitler, Hussein, Gadafi, y otros divorcios del bien común.
—Parece que sus destinos los hubieran ganado en una mala rifa.
—"Una mala rifa"... Una mala noche; hasta las estrellas lloran y Dios esconde su rostro generoso —fue la respuesta de R.
—Terrible Dios con el rostro escondido. A propósito, Borges se preguntaba, y se respondía: "¿Cómo será la voz de Cristo? Debe ser terrible" —propuso D.
—Terrible en el juicio, si es que alguna vez lo hizo; hermosa y suave, persuasiva, como el color de la paz —contestó R.
—Debió ser un trueno cuando azotó a los mercaderes en el templo.
—En todo caso, una voz desconocida; nadie la oye en su interior —concluyó R, y entonces el sonido del cielo dejó caer sus primeras gotas en la tarde húmeda; el sol de Italia y sus murallas se olvidaron, con las ráfagas del viento y la lluvia de la tarde.
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