Por: Luís Barrera
Mucha razón tiene el mandatario de los colombianos en sugerir saber escoger muy bien los próximos gobernantes y dirigentes que orientarán los destinos de nuestros pueblos.
Esta petición del presidente Santos no solamente está fundamentada en sagrado y cristalino cuidado que se le debe dar al incremento considerable de los ingresos que tendrán los entes territoriales en virtud a la reforma de las regalías, sino porque la democracia contiene requisitos básicos, sin los cuales no puede haber democracia. La legitimidad del gobierno y su autoridad proviene del grado de participación del electorado en las urnas en sentido estricto.
Participación ciudadana significa «decidir junto con otros». Es un derecho y al mismo tiempo un deber, un quehacer en la ciudad de la que somos parte, para intervenir en ella, defenderla y si es necesario cambiarla. Se necesita la preparación política inequívoca escogencia de los aspirantes e instituciones para conocer el rol que cumpliremos en su aplicación sus habitantes.
Si no comprendemos nuestra ciudad no podemos ser ciudadanos. Solamente haciendo preguntas se entiende mejor la realidad en que vivimos; sólo cuestionando se logra reflexionar y construir los principios y valores de la participación. En la medida en que se activen instrumentos que ayuden a realizar la compleja labor participativa, obtendremos respuestas concretas.
Mirando la conformación de las listas de los distintos partidos y movimientos políticos podríamos deducir que Sí hay por quien votar. Hay un puñado de hombres y mujeres que merecen el respaldo de la opinión pública, de gentes con reconocida trayectoria y trabajo comunitario que bien vale la pena darles una oportunidad democrática en las urnas.
La democracia, como sistema político, ha sido creada por las personas para realizar una vida en común. Para que este sistema de resultados, no basta con tener estructuras de poder democráticas sino que es imprescindible adoptar valores, actitudes y conductas democráticas tanto entre los gobernados como los gobernantes.
Las actitudes y modos de comportamientos democráticos tienen como base la adhesión a valores de la dignidad de la persona humana, de la búsqueda de la verdad, del desarrollo de la libertad y de la justicia. "La fuerza de una democracia depende de la voluntad de un pueblo en mantenerla" sostuvo recientemente en Santander de Quilichao el joven y promisoria figura política, presidente de la cámara de Representantes Simón Gaviria Muñoz.
Ciertamente, una básica participación ciudadana en la "cosa pública" es ejercer el derecho a sufragio, para lo cual en las listas de aspirantes así sea con lupa hay por quien votar. Pero la participación del ciudadano tiene relación también con atreverse a dar la opinión, cuestionar, criticar y discutir cuando el caso así lo amerite; ya sea en el colegio, la universidad, el trabajo, el gremio o el sindicato, la junta comunal, el partido político, etc. La invitación es pues, a derrotar el abstencionismo porque la abstención le quita legitimidad a la elección mañosa, sepamos escoger lo que más le conviene a nuestros pueblos.
No puede permitirse al ciudadano democrático la actitud de que "el otro lo haga" y como lo decía Luis Carlos Galán Sarmiento: "El hombre que se somete a los abusos públicos a fin de ahorrarse molestias o gastos, o que paga con tal que le dejen en paz, o que orgulloso de su probidad y de sus triunfos en los negocios, pretende despreciar la política, contribuye a la degradación del gobierno y a la demolición de la estructura tan ardua y penosamente erigida por los auténticos demócratas" .
Las actitudes y conductas del estilo democrático que deben tenerse en cuenta a la hora de escoger un buen candidato o candidata, deben ser lo que tenga hasta que grado en: Tolerancia ,disposición a escuchar al otro, sentido del diálogo, espíritu reflexivo, juicio personal, admitir la opinión del otro, reconocer los derechos de los demás y no atropellarlos, desarrollo de una libertad, responsable; sentido de solidaridad, amistad cívica, sentido de compromiso y lealtad con su partido, conocimiento de los problemas de su ciudad o región, aceptar el pluralismo ideológico, reconocer los derechos del adversario político y su discurso político, hay que saber que dice que propone, porque sinceramente hay aspirantes, que no dicen nada, no proponen nada, es decir están en nada.

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