Gloria Cepeda Vargas
Por primera vez en más de doce años de gobierno chavista, la oposición parece tener una oportunidad de triunfo en las elecciones presidenciales del 7 de octubre de 2012.
![]() |
| http://www.radionexx.com/ |
Siempre estos comicios han tenido lugar aquí en el mes de diciembre con el fin de facilitar la posesión presidencial que se realiza en enero. En el caso de que Chávez pierda las elecciones, se presentaría una situación insólita durante los tres meses que van de octubre a enero. Tendrán que tapar huecos y capear tempestades, con un presidente elegido y su opositor en ejercicio. Es decir, con dos gobernantes igualmente legítimos en el mismo terreno. El gobierno cambió fechas a su antojo quizá anticipándose a armar los conocidos subterfugios para utilizarlos cuando sea necesario.
La lucha por el poder es a muerte en las entrañas del oficialismo. También por primera vez en estos casi trece años de culto desmedido a la personalidad del presidente, se mencionan dos posibles candidatos que podrían suplantarlo si fuera necesario: el canciller Nicolás Maduro y el vicepresidente Elías Jaua. Sus nombres son hasta ahora sólo rumores en un horizonte hasta hace poco considerado monolítico y firme. El chavismo no es un partido político. Es una bola de nieve que gira ciegamente en torno a la verborrea promesera del comandante. Sin más brújula que el innegable carisma populista que le permitió a Chávez calar hondo en las desprotegidas masas populares y desprovisto del cronograma y la doctrina que sólo forja una sociedad cultivada e inteligente, corre peligro, no de desaparecer totalmente pero sí de quedar reducido a su mínima expresión. Ahí no existe un líder que pueda reemplazar a Chávez en su hipnótica carrera de destrucción. Nicolás Maduro y su anterior consorte Cilia Flórez, son apenas reflejos de un sol en declive. En cuanto a Jaua, su pasado de tira piedras a las puertas de la Universidad Central, es muy reciente y por lo tanto claramente recordado. Por otro lado, aunque muchos lo pongan en duda, Chávez está enfermo. Aparece poco en los medios, aunque todavía lo hace esforzándose en bailar, cantar e insultar a la oposición. Si ésta gana las elecciones, es muy probable que el país, cansado como está de tanto sufrimiento y decidido a cambiar de rumbo, deba enfrentar una horda carente de escrúpulos, armada hasta los dientes y decidida a conservar a sangre y fuego lo que hasta ahora detenta sin cortapisas.
La amarga experiencia vivida por este pueblo parece que logró hacer lo que ni las Galerías de Arte ni las aulas universitarias ni las becas Gran Mariscal de Ayacucho ni la apertura intelectual de la Venezuela pre Chávez consiguieron. El período democrático repartido entre adecos y copeyanos, con sus errores y aciertos, pasó sin tocar las prebendas y vanidades de una sociedad que nunca tocó tierra. La frívola mentalidad que manejaba el barco, ignoró los peligros que representa un país monoproductor cuyo principal asidero es un recurso natural no renovable. Fue menester que un mulato venido de los vericuetos más desprotegidos de las sabanas barinesas, con una buena dosis de ambición y otra de resentimiento, los tomara y les hiciera morder el polvo.
Después de esta tolvanera vendrán días difíciles. Larguísimos períodos de reconstrucción física, política, económica y humana. Si cae Chávez, el hombre o la mujer que lo sucedan, deberán entender lo indispensable de la humildad para que puedan captar la magnitud de esta tragedia y aceptar la colaboración de todos en la ejecución de una labor que se presiente titánica y compleja. Si se queda en Miraflores, como puede suceder, Venezuela terminará por convertirse en un insignificante episodio de la historia continental.
Todo está listo, en febrero arrancan en firme las campañas para elegir al Presidente de la República. Recuperar el rumbo es ímprobo pero no imposible.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada