AUMENTOS A MANSALVA Y CONTRASEGURO
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
No sé a esta hora si en todas las ciudades las empresas que cobran los servicios de agua y energía han subido el valor del servicio de la energía eléctrica y si en los almacenes se ha visto cómo los alimentos ya han elevado sus precios. Aquí en Cali, una cerveza que me costaba 1.010 a comienzo de año hoy cuesta 1.430. Y para este mes, después del paro de EMCALI, me ha llegado la factura con un incremento de 20 mil pesos por el servicio de energía. En un volante la empresa intervenida ofrece excusas porque fue el CREG quien la “obligó” a aplicar este aumento.
No demora el comercio y el gobierno en decir que han hecho el pacto de que a fin de año y en enero se mantendrán fijos los precios. Qué beneficio tan grande para el consumidor casero que mes a mes ve cómo suben los precios de la canasta. Mientras, en la TV el defensor del consumidor se ufana de que el rábano está de rebaja y que el agro no ha sufrido en invierno. El gobierno consuela diciendo que el TLC nos regalará el arroz, el maíz, la leche, los palmitos y las verduras. Vendrán higienizados y transgénicos para evitar la superpoblación de tantos niños y niñas.
Valiente el aumento al entrar el año de 30 mil pesitos por mes para contrarrestar las alzas escalonadas de los productos de la canasta familiar, de la gasolina, de los servicios públicos. Valiente alza tan colosal, dirán empresarios y banca que ven engrosar sus balances con el trabajo del hombre y la mujer en almacenes, fábricas y ventas callejeras de sus productos. Razón seguirá teniendo la frase de Marx que la plusvalía del trabajo, que no recibe el bolsillo el asalariado, se suma a las ganancias del empleador, y ahora de las tercerías.
Entretanto, no se oye decir que haya conversaciones sobre el aumento del salario mínimo para los trabajadores. No para los empleados llamados servidores públicos, porque esa es otra categoría privilegiada. Ellos devengan sueldo, primas extralegales, bonificaciones, y viáticos para viajes. Hay una voz solitaria que pide que este año suba el 5 por ciento. Fenalco dice que el comercio ha ganado el 9.7 por ciento y la Industria el 20 de utilidades, alcancé a entender a don Luis Carlos Villegas. En consecuencia, menos del 5% será impensable que suba este año. ¿Así quedará todo, con la bendición de Anif?
A dos meses de terminar el año, los sindicatos no empiezan su inútil y estéril puja que solo hincha los cachetes rosados de don Julio Gómez del sindicato oficial CGT. La CUT de Tarsicio Mora está callada. ¿Será que se convencieron que los sindicatos a la hora de la verdad solo sirven para conseguir prebendas para viáticos, educación, y ausencias del trabajo? Que no sirven para defender a la masa trabajadora que cotiza y a la otra que no tiene prebendas y no cotiza pero sufre?
Si es verdad que el gobierno predica la Prosperidad, debería haber dos alzas al año para recuperar el poder adquisitivo del consumidor colombiano y del pequeño productor y del campesino. Anif, Fedesarrollo, Planeación, el FMI, le están soplando al oído al Presidente Santos que aplique las pensiones a la recuperación de las vías, a los daños del invierno, que suba la edad para alcanzar la pensión. Pero no habla sino de esquilmar y sacar tajada del trabajo y la calidad de vida del ciudadano corriente. Para nada aconsejan que se bajen las escandalosas dietas y pensiones y viajes de turismo de presidente, congresistas, magistrados y ministros.
No se habla de reducir drásticamente estos gastos públicos que se tienen muy bien blindados con leyes y decretos extraordinarios. Porque para ellos no hay desmedro de su calidad de vida. Y el tocayo Juan Manuel Corzo cree que todavía se les debe dar más presupuesto para gastos personales suntuarios.


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