Reinel Gutiérrez
Empezó el 31 de octubre el dolor post-electoral, sobre todo para la inmensa cantidad de perdedores en todo el país. Y decimos esto, porque después de tanta ansiedad y deseos de llegar al poder, el hecho de perder ocasiona "guayabo", "resentimientos", e inmenso dolor, lo cual se constituye en un trauma depresivo, que debe ser tratado a nivel personal por un facultativo en materia sicológica.
Seguramente no es fácil recorrer las calles de la ciudad y ver los muros repletos de propaganda con la cara sonriente, de quien ahora está derrotado. Tal vez esta persona no quiera ver eso, y mas bien desee arrasar toda esa publicidad que con gran esperanza se colocó. Por esto, algunos candidatos no ganadores, optan por refugiarse en lugares donde nadie los moleste, porque después de haber puesto en juego el orgullo personal sustentado con propuestas sociales, es mejor que ninguno le mire la cara de la derrota.
Pero en fin, ese es el juego político y seguramente se tendrán muchas más oportunidades.
Por otro lado, la elección de alcalde para Bogotá se tornó en algo de interés nacional gracias al centralismo, ya que fue la campaña electoral más publicitada. Todos los colombianos se enteraron de ese proceso, sus debates, encuentros, concentraciones y demás, lo que nunca se supo con los candidatos del Municipio de Rabolargo, una marginada región de Colombia.
Entonces, en todos los rincones del país había interés por saber lo de la capital. Además de una derrota política, fue una derrota a la prepotencia y arrogancia encarnadas en la persona de Enrique Peñalosa, un señor sediento de poder, y autoconsiderado como el único capacitado para ser alcalde, desconociendo a los demás. Perdió el señor Peñalosa la oportunidad de figurar, y cuando quiera volver a aspirar a la alcaldía, o a la presidencia de la Republica, tendrá ya muchas mas canas, y físicamente estará limitado. Por ahora seguramente tendrá un cargo diplomático para apagar un poco la decepción electoral.
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