miércoles, 12 de octubre de 2011

La discriminación racial: ¿Problema económico o político?

El racismo ha sido históricamente una bandera para
justificar las empresas de expansión, conquista,
colonización y dominación y ha marchado de la mano de la
intolerancia, la injusticia y la violencia.

Rigoberta Menchú Tum, Dirigente indígena

Por Ronald Alejandro Macuacé Otero

La tarea de enmarcar la discriminación racial en una sola esfera o bien sea política u económica, es un ejercicio complejo, en la medida en que existe una fuerte conexión entre estas áreas de conocimiento, a tal punto que no es fácil delimitar con precisión, en donde termina una e inicia la otra, por ende, el ejercicio de reflexionar alrededor del tema implica hacer un barrido desde el concepto mismo hasta las expresiones que lo ratifican como tal.

El racismo contemporáneo es una ideología construida a partir de un modelo económico liberal que tiene sus raíces en el proceso de colonización y conquista de los continentes africano y americano, que inicia específicamente con el tráfico trasatlántico de personas africanas que vieron coartada su libertad convirtiéndose en esclavas y vinculadas directamente al proceso de explotación de los recursos en América.

La anterior afirmación permite establecer que inicialmente el racismo se encuentra sustentado en la estructura económica, la cual se afianza a partir de la construcción ideológica de las justificaciones culturales y sociales que emergen de occidente, para colocar a la raza blanca como prototipo de lo humano y por lo tanto superior a todos los grupos etnoraciales diferentes a ella, pero de manera particular excluyendo a las personas de procedencia africana, definidas como “raza negra”, y catalogada como raza inferior.

El racismo construyó relaciones económicas y sociales que tienen como objetivo impulsar un tipo de desarrollo occidental en América el cual busca la acumulación desmedida de riqueza y la promoción del bienestar de los hombres blancos y en segundo término a sus mujeres, a través de la explotación de la riqueza natural y el trabajo esclavo de millones de personas africanas hombres y mujeres por más de tres siglos. Aunque en la actualidad el racismo es identificado más como un problema social y cultural que como un problema económico, lo cierto es que pese al desarrollo de los países, a la abolición del racismo desde hace más de trescientos años, al reconocimiento de los derechos humanos de las personas sin ninguna distinción, desde hace más de cincuenta años y a los procesos democráticos en marcha, la estructura económica de los países está basada en un modelo racista, que tiene evidentes manifestaciones de exclusión económica más de 150 millones de afrodescendientes de las Américas.

De esta manera, “La discriminación racial” es la práctica social del racismo. Es decir, es la forma práctica como se institucionaliza culturalmente el racismo. El racismo es una teoría que se sustenta en el prejuicio según el cual hay razas humanas que presentan diferencias biológicas que justifican relaciones de dominio entre ellas, así como comportamientos de rechazo o agresión. El término "racismo" se aplica tanto a esta doctrina como al comportamiento inspirado en ella y se relaciona frecuentemente con la xenofobia y la segregación social, que son sus manifestaciones más evidentes (1) .

La discriminación racial es un ejercicio que se manifiesta tanto por personas como por instituciones, las cuales se enmarcan desde la perspectiva de un grupo racial dominante que defiende sus intereses, y a su vez, la forma en que se organizan e instituyen comportamientos sociales, que en la práctica posibilitan la permanencia de relaciones de supremacía. Una supremacía que se fundamenta en el poder del hombre con ciertas características, donde la discriminación racial parte del menosprecio de la ausencia de las mismas.

En estos términos las manifestaciones de la discriminación racial se visten de diferentes colores desde “las bromas "bien intencionadas" hasta por las políticas socioeconómicas que colocan a las personas de determinado grupo racial y étnico en una condición de marginación política y de pobreza, sin los canales correspondientes para que de manera colectiva puedan salir de esa condición” (Campbell, 1998).

Una evidencia clara de ello, se ve reflejada el documento “Discriminación étnico-racial y xenofobia en América Latina:

Los datos arrojados por las encuestas realizadas en los cinco países indican un claro patrón: en Colombia, Perú, Ecuador, Honduras y Argentina la población afrodescendiente vive en condiciones de pobreza generalizada que se refleja en los bajos indicadores de salud, nutrición, educación e ingresos. En todos los países, los afrodescendientes dejan la escuela temprano; solo un reducido porcentaje alcanza las aulas de la escuela intermedia y un grupo más reducido aun llega a las universidades. Entran temprano al mercado laboral por lo regular el mercado de trabajo informal, con bajo salarios y limitados beneficios. En las limitadas ocasiones que llegan al mercado laboral en igual condiciones educativas, por lo general reciben menor salario y obtienen puestos de menor rango (Hopenhayn, 2001).

A su vez, la discriminación racial es la forma en que se menosprecian y se subvaloran la organización cultural, social y religiosa de un determinado grupo racial, como es el caso de los afrodescendientes. Ya que su cultura se mide usualmente a partir de la cultura occidental, la que se autodenomina como la ideal, convirtiéndose de esta manera en único referente, dejando en un lugar marginal la diversidad cultural.

Es así como la discriminación racial puede tener múltiples manifestaciones unas más claras que otras, pero que de la misma forma, el objetivo principal consiste en perpetuar una estructura racista de relaciones de poder. En estos términos, la discriminación racial es una realidad social, económica, cultural y política que se manifiesta a lo largo y ancho del planeta, resaltando que su erradicación debe partir de un cambio estructural en el concepto de desarrollo imperante y la cultura predominante.

El racismo como ideología y doctrina crea entonces una serie de valores que trascienden las diferencias físicas e imponen un modelo o forma de organización social a partir de la historia, la educación, la religión y todas las instituciones de organización social, garantizando de este modo la perpetuidad en el tiempo.

Por consiguiente, siendo el racismo una construcción histórica la cual se enmarca en una ideología dominante e intrínseca en todo el orden social y económico dominante, es apenas lógico que las manifestaciones del racismo de un lado muten en el tiempo y por el otro, surjan nuevas formas, de acuerdo al desarrollo mismo de las sociedades. Por consiguiente, producto de la univerzalización de los derechos humanos, de la importante lucha por los derechos civiles de afrodescendientes en Norteamérica en las décadas de los sesenta y setenta, y a las importantes presiones ejercidas por afrodescendientes de América Latina, cada vez son más sofisticadas las manifestaciones de discriminación racial.

No obstante lo anterior, se siguen presentando hoy en día las típicas formas históricas de discriminación racial. Solo en la historia relativamente reciente, en donde se empiezan a ver algunos cambios en las estructuras raciales y culturales del poder, la diversidad se empieza a reconocer como una situación dada, y plantea al etnocentrismo como una perspectiva limitada. Sin embargo todavía el concepto de derechos iguales y equidad supone en el inconsciente social y en la institucionalidad características idénticas o muy parecidas a la blanca. Aunque es imposible ahondar en todas las expresiones, es importante abordar las formas de racismo contemporáneo que de manera particular y de forma estructural están colocando a pueblos, comunidades y personas afrodescendientes, en una situación de absoluta exclusión y continúa de manera acelerada hasta abrir al infinito la brecha de desarrollo que les coloca como últimas para el pleno disfrute de sus derechos humanos.

(1)
Aunque todos los humanos pertenecemos a la misma especie, Homo sapiens. Las razas se distinguen una de otra por características tales como el color, textura del cabello, el color y forma de los ojos, tamaño de las extremidades y partes del cuerpo, y órganos faciales, aunque científicos han llegado a la conclusión de que esas diferencias entre las personas son superficiales. Y han ido más allá, al concordar que todos los miembros de las especies Homo sapiens poseen más características en común que diferencias. La humanidad misma continúa viéndose uno al otro en base a las características que son percibidas exteriormente.


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