EL ÚTIMO DEBATE A CANDIDATOS A ALCALDE DE BOGOTÁ
http://www.caracoltv.com/elecciones-2011/caravana-de-la-democracia/
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Caracol se apuntó el hit de citar a los candidatos a alcalde en la capìtal de la República. Bogotá es la pauta que rige los comportamientos políticos del país. Oír de labios de ellos lo que se esconde debajo de su sonrisa electoral era importante. Una cosa es lo que dicen los candidatos a sus amigos en el barrio y en el recinto cerrado y otra cosa que es que les tiemble la voz frente a frente a sus contendores y ante la audiencia nacional.
Gina Parody, Gustavo Petro y Enrique Peñalosa lideran en las encuestas y, por ahora, son los opcionados a recibir el voto que los eleve al puesto más codiciado de alcaldía alguna. Los tres tenían sobre su pecho el símbolo rojo. Gina llevaba un portafolio para ayudar a su memoria.
Petro lució seguro, con voz firme y argumentos certeros, novedosos. No fue reactivo a las respuestas de sus oponentes ni usó lenguaje agresivo contra ellos. Parecía que tenía su discurso en la puerta del horno a cada pregunta que le hacían los moderadores, Darío Fernando Patiño y José Alfredo Vargas que tenían un arsenal de dinamita preparado para ver quien caía en la contienda. Petro no se inmutó ni buscó trinchera para esconder temores o rabo de paja. Presentó propuestas, argumentos fáciles de entender y mostró que es un hombre reposado, cerebral, que es también pragmático y que tiene talla de estadista. Invocó el voto sabio del pueblo, de las mujeres madres sin trabajo y con niños discriminados en la educación, vivienda y comida.
Gina lució temerosa, con la mirada baja y pareció a la defensa y reactiva en sus respuestas. Insegura en la presentación como su jefe, se molestó por afirmaciones de Petro con quien en algunos asuntos se asemejó. Buscó el lugar de los chiqueros para la morriña de las estocadas cuando le dijeron que era de clase alta y nunca se untaba de pueblo. Usó lenguaje agresivo contra Petro ante la sonrisa nerviosa de Peñalosa y de los secuaces de su compañero de fórmula que solemne la observaba. No tuvo planteamientos determinantes y contundentes y pareció acomodaticia ante las propuestas de los otros colegas. No aprovechó su condición de mujer para pedir su voto. Ni siquiera en el caso del derecho de la mujer a tomar la decisión sobre su cuerpo en el caso del aborto. Se asustó cuando le sacó en cara Peñalosa que se había educado en colegios religiosos y que iba a misa como él y por eso había recibido el espaldarazo de las iglesias cristianas.
Quien mostró un perfil más bajo fue el exalcalde Peñalosa. Le pesó sobretodo el pecado de que lo acompañen tantos grupos y tanta gente que lo puede comprometer. No soportó la pregunta de que si nombraría en algún cargo sus contendores. Revanchista y envalentonado dijo que no. Y, por lo contrario, que a los otros que no estaban ahí, sí los llamaría a su eventual gobierno. Se le vio medroso y tal vez las piernas le temblaban porque durante la hora y pico que lo mostró la tele cambiaba de pie a cada rato. Su actitud a ratos fue arrogante, evasiva, aunque no se valió del irrespeto como lo hizo Gina con Petro. Peñalosa representó a lo largo del debate la continuidad, lo convencional, no se salió del libreto y también se acomodó después de las propuestas innovadoras de Petro. En todo momento se remitió a lo que hizo en el pasado y no olvidó defender el programa de Acción Social que consigue votos por un mísero auxilio mensual, que lo inventó su jefe de campaña para eso.
Si hubiera habido un árbitro de boxeo, varias veces hubiera declarado en knockout a Peñalosa y la Parody. Y hubiera levantado el brazo izquierdo a Petro al final del último round de preguntas. Porque él fue el claro ganador con 9 puntos en las tarjetas sobre 10. Le llegaron derechazos de Peñalosa, uppers de Gina y algunos golpes bajos, pero no se intimidó ni se arrimó contra las cuerdas. Petro no tenía manager ni quien le limpiara la cara en la refriega. Ni los tenía ni los necesitó. Se declaró independiente y no aceptó el cargo de Contralor a Gina por si no llegaba a Alcalde. No le aceptó la encerrona que le quería hacer la dómina con el cuento de su pertenencia al Polo con los errores del saliente alcalde. Esquivó también a Peñalosa de esos mismos golpes y salió sin despeinarse y con sus gafas limpias.
24.10-11 - 6:55 p.m.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada