lunes, 24 de octubre de 2011

El zarpazo

Gloria Cepeda Vargas

Hoy jueves 20 de octubre, 10 y cincuenta minutos de la mañana, acaba de arribar al Estado Táchira a bordo de “su avión”, el comandante-presidente de la República Bolivariana de Venezuela procedente de La Habana. Toda la programación de radio y televisión fue suspendida para escucharlo mientras el día anterior los medios nacionales y foráneos registraron asombrados la pena impuesta por Conatel a Globovisión mediante un Procedimiento Administrativo Sancionatorio dictado por “Incitación al odio”, debido al cubrimiento hecho por el canal de los sucesos ocurridos en la cárcel de El Rodeo el 12 de junio de 2011.

El drama carcelario de Venezuela acusa niveles trágicos. Ni siquiera el nombramiento de Iris Varela, nueva ministra de Asuntos Penitenciarios, permite abrigar esperanzas. Lo de El Rodeo fue un combate a sangre y fuego librado internamente entre bandas de reclusos durante 27 días. Sólo los medios oficiales tuvieron acceso al lugar de los hechos sin que hasta ahora se conozca un informe serio acerca del número de muertos y de los oscuros sucesos acaecidos durante el desarrollo de una operación sin precedentes en el país.

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Globovisión, que con Radio Caracas Radio es la única voz que informa en Venezuela sin plegarse a las exigencias oficialistas, debió permanecer a más de un kilómetro de distancia del campo de batalla e informar muchas veces sólo valiéndose de lo que transmitían los canales y emisoras gobiernistas. La sanción representa una multa del 10% de los ingresos brutos percibidos por el canal en el 2010. Es decir, una suma equivalente a más de dos millones de dólares que deberán ser cancelados antes del 31 de diciembre so pena de incurrir en una medida de desacato que podría desembocar en su revocatoria. Guillermo Zuloaga, presidente de Globovisión ahora en el exilio, se compromete a conseguir los recursos necesarios para cancelar la multa y el pueblo sin distinción de clases, pide que fijen un número de cuenta para colaborar en la remisión de esta medida.

Preocupa lo primitivo, infantil y hasta ridículo de una determinación plagada de infundios tan increíbles como acusar a los reporteros sancionados de sembrar en sus noticieros sonidos de metralleta y utilizar mercenarios como si fueran familiares de los reos emitiendo declaraciones incendiarias y oportunistas.

El gobierno intenta por todos los medios acallar las voces que contra viento y marea, dicen la verdad. Es tanta la megalomanía que Chávez Frías amasó a lo largo de casi trece años de surrealismo conformado por y para él, que no alcanza a entender cómo lesiona su imagen este comportamiento.

Este derechazo, antecedido por el cierre de RCTV y la clausura de casi sesenta emisoras radiales desafectas al régimen, es un episodio más de un sainete sacralizador de ideologías obsoletas y sátrapas caducos. Sé que Globovisión pagará la multa. Lo doloroso es comprobar el alcance infinito que tiene la propaganda mediática de esta avilantez disfrazada de justicia social y lo letal que representa para la salud del país, la presencia de un hombre (sea quien fuere) atornillado por tanto tiempo en el poder.

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