miércoles, 12 de octubre de 2011


EN MACONDO NADIE QUIERE EL TLC

 
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano

Al sonriente ministro Juan Camilo Restrepo le pasó lo que al toro de lidia cuando, mareado, recula contra la barrera, buscando el escondedero. Se arrepintió de haber salido al ruedo a decir lo que está en boca de todos. “El país no está preparado para el TLC”. Alguien le sopló al oído que debía devolver lo servido. Él no es el Vice que todo lo puede decir, porque no es empleado de nadie.

Pues sí. El gobierno de Macondo desde hace unos cuatro años diseñó a las carreras el famoso Tratado de Libre Comercio con EE.UU. y le pareció una maravilla. Ya los productos de ese país no nos llegaban con su Made in Usa. Ni sus sedas, ni sus carros. Pero no tenemos tampoco tratado con Corea ni con China ni con Singapur o Taiwán y estamos inundados de cachivaches, telas, camisetas, zapatos, gorras, adornos, y juguetes.

Muchos viajes y viáticos para hacer lobby, mucha conferencia con demócratas y republicanos, pero de TLC, nada. El Tratado estaba en pañales. El niño no hacía más que pedir y ni siquiera había nacido. Mucho toque y toque y de aquello nada. Que si se acababa con las cooperativas de trabajo y que si se no asesinaba tanto sindicalista no habría TLC. Que si no se subsidiaba a los granjeros norteamericanos y a los productores de bienes exportables no habría TLC. Y ta, ta, tín, pa, ta, tín. Todo se fue en idas y venidas, en vueltas y revueltas.

No se tocaron las famosas mal llamadas cooperativas de trabajo asociado que engañan al asalariado y los sindicalistas firmaron por debajo un pacto de arreglo. Nuestros campesinos siguieron desplazándose ante el acoso de paramilitares y guerrilla, siguieron arando con uñas, azadón y bueyes y al sol y al agua, sin capacitación ni asesoría técnica ni acceso a la civilización y humanización de su trabajo y vivienda.

El Incoder ofreció tierras que no existían y el ministerio ofreció 36 mil millones de pesos para financiar desastres a los pobres campesinos. Luego Juan Camilo los trató de perezosos porque no fueron rápido al banco a solicitar el préstamo y el ministro perdió el “esfuerzo”.

Y, por fin, a EE.UU. le dio por aprobar el TLC, sin tanto rogarle. En dos semanas y sin tanto protocolo dijo “me conviene” y zás. Quedó para ellos listo el camino para que sus granjeros vendan sus lácteos, su arroz, su leche, su maíz, sus beans, su berenjena, sus coles, su popcorn, y quién sabe qué más productos del campo, sin aranceles ni trabas. Los nuevos importadores con consorcios temporales traerán en containers de California y Virginia y Carolina naranjas, ajonjolí, miel, frutas enlatadas, harinas, pescado.

No. Aquí nadie va a sufrir. Digo, los ricos azucareros, los grandes ganaderos, los que han tumbado árboles y han sembrado pastos, palma de cera y limones. Sí. El campesino seguirá agachado, sin chistar, abriendo el glorioso surco de dolores y vendiendo al intermediario porque no tiene coche, ni tractor, ni rastrillo, ni máquina cosechadora ni una calculadora para sumar.

Porque sí. Macondo no se preparó para darse la oportunidad de convertir el campo en la gran reserva para el mundo. Millones y millones de kilómetros vacíos, con 12 vacas y diez ovejas, con moteles y chalets con piscina. En eso han quedado nuestros campos y veredas. Razón tiene el despeinado Juan Camilo que anda corriendo bases y hasta ahora nada de nada. Nos cogió la noche, nos dijo Juan Rulfo: que Pedro Páramo muerto le había contado que en Comala sus campesinos también estaban sin su arroz y con el Llano en llamas.

11-10-11 - 6:54 p.m.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada