martes, 25 de octubre de 2011

Español correcto

Colombia: gigantesco «garito» en las noticias

Por Jairo Cala Otero

Colombia, nuestra Colombia querida, ofrece diversidad de facetas. Esa diversidad nos hace distinguidos en el orbe entero, aunque algunas de tales facetas sean vergonzantes. Aun así, eso no nos desentraña el amor por este terruño.

De entre todas esas «caras» colombianas me ocupo aquí de la de las «apuestas». No las apuestas permanentes que autoriza Etesa, con las que muchas personas prueban fortuna en los juegos de azar. Hablo de las que, sin ser propiamente apuestas, «suenan» todos los días por todos los rincones de la geografía colombiana. Saltan de aquí para allá, de allá para acá y de acá para acullá.

Sus promotores son muchos. Particularmente están «enquistados» en algunos medios de comunicación, donde fungen «motu proprio», y sin esperar nada a cambio, como tales. Pero ellos no son conscientes de esa labor, la desarrollan a diario sin darse cuenta de la promoción que hacen de Colombia como un gigantesco garito.

De qué hablo, pregunta usted. Ya lo sabrá en las siguientes líneas, no se atortole. Porque las expresiones que le mostraré son la fiel radiografía de los garitos, esos sórdidos e ilusorios lugares públicos adonde acude mucha gente con el deseo de volverse rica con únicamente pulsar unos aparatos, y poner un poco de dinero como case o apuesta. De cómo salen de allí ya usted sabe.

Este ciclo de «apuestas» es distinto. Es verboso. Y, sin embargo, adquiere un ribete singular porque en tales «apuestas» están involucradas disímiles situaciones: eventos, proyectos, programas del Gobierno, prospecciones sociales, cavilaciones sobre solución a problemas de nunca acabar, etcétera.

Las noticias cotidianas están «untadas» de esas «apuestas», sin ex profesa intención de los informadores de la radio y la prensa, particularmente. Brotan espontáneamente porque -con seguridad- sus promotores están convencidos de que apostar es proyectar un determinado asunto y estar confiado en que eso saldrá airoso.

Note usted cómo es el asunto, a partir de estos enunciados informativos:

• «Músico barranqueño le apuesta a la fabricación de acordeones».
• «El alcalde le apostará al intercambiador vial».
• «…es la raza bovina de mayor producción en el país. Pero para mejorar la producción se apostará al cruce con razas taurinas».
• «Por esa razón, Marroquín en su año de presidencia apostará a que las sociedades de nuestros países entiendan que la libertad de información…».
• «Entre tanto, para la Gobernación, hasta ahora, ningún liberal ha manifestado su deseo de apostarle a conquistar el cargo para los comicios…».
• «Al finalizar la primera etapa los ‘embajadores’ le apostaron a provocar faltas cerca del área, para intentar igualar en compromiso con tiros penales».
• «Pocos apostaron a que esta alta corporación tuviera la suficiente autonomía e independencia».
• «Los empresarios de las Pyme, reunidos en Cúcuta, le apostaron al inminente restablecimiento de las relaciones con Venezuela».
• «Los bumangueses le apuestan a mejorar la cultura ciudadana».
• «Les recordamos la actividad que tendrá lugar hoy (…), con la presentación y firma de la apuesta del gran acuerdo social ‘Barrancabermeja ciudad región 100 años’».

Como se nota con claridad, muchos compatriotas viven pensando en un juego permanente; en un ciclo interminable de apuestas, de uno y otro orden, para ver si algún día esos sueños se vuelven tangibles. ¿Será la falta de fe, de seguridad, de autoconfianza, o todo junto, lo que lleva a que muchos crean que solo con apuestas se conseguirá aquello que se persigue? Aunque no sean reales, ya dije; pero la retórica, la semántica, devela el pensamiento de esos ciudadanos. ¿Será facilismo para hacer las cosas? ¡Quién sabe!

Lo cierto es que no deja de ser peculiar ese estilo de presentación de las noticias: sobre el techo de un garito imaginario, el destino de muchas realizaciones -particularmente gubernamentales- se afianza en las «apuestas».

Este fenómeno es producto de una manida costumbre entre comunicadores colombianos: tomar un vocablo (sustantivo, adjetivo o verbo) y restregarlo, una y mil veces, en los ojos y los oídos de los lectores y oyentes. ¡Hasta que se vuelve casi un karma! La sinonimia brilla por su ausencia en el lenguaje de aquellos promotores de «apuestas» fingidas.

Porque, volviendo a los ejemplos que cité, el músico barranqueño, en lugar de apostarle a la fabricación de acordeones, puede proyectarla; el alcalde puede determinar la construcción del intercambiador vial, en vez de hacer apuestas para que se haga; los ganaderos podrán, sencillamente, poner a copular vacas con toros de razas taurinas, para mejorar la producción de la especie, en lugar de ponerse a hacer apuestas para conseguirlo; los políticos podrán ser candidatos para la Gobernación en cambio de ponerse a jugar al azar; los futbolistas, simplemente, pueden optar por otras estrategias de juego para ganar, en vez de dejar los partidos a la suerte; los pequeños comerciantes de Cúcuta pudieron confiar en el restablecimiento de las relaciones colombo-venezolanas, para no dejar tan delicado asunto a expensas de una apuesta; los bumangueses, en lugar de andar haciendo apuestas para mejorar su cultura, podrán cambiar su comportamiento en los sitios públicos; y en la Alcaldía de Barrancabermeja debieron firmar un documento sobre ese programa de redención social en vez de hacerlo sobre una apuesta.

Ese verbo (apostar) no funciona para ninguno de los casos que cité en este escrito, y que fueron «noticia» en algunos medios impresos y sonoros.

Apostar es ‘Pactar con otra u otras personas que aquella que se equivoque o no tenga razón, perderá la cantidad de dinero que se determine o cualquier otra cosa’. Una segunda acepción del término nos enseña que también es: ‘Arriesgar cierta cantidad de dinero en la creencia de que algo, como un juego, una contienda deportiva, etc., tendrá tal o cual resultado; cantidad que en caso de acierto se recupera aumentada a expensas de la que han perdido quienes no acertaron’.

Visto así el panorama, reitero que el imaginario noticioso tiene convertida a Colombia en un enorme garito. Por eso, yo apuesto doble contra sencillo a que mientras los periodistas y funcionarios apostadores no rediman la semántica del verbo que me ocupó para escribir este artículo, seguiremos escuchando y leyendo el manido anuncio de las «apuestas».

¿Acepta usted mi apuesta para ver si se habla al derecho?

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De un corresponsal conspicuo

Nota del director: Inserto en este boletín la honrosa nota que me hiciera llegar don Antonio Pardo García, hombre de vastísima trayectoria en la radio colombiana, en referencia a mi cruzada por el español correcto:

«Muy apreciado señor y colega Cala.

«Muchísimas gracias por el envío de sus notas sobre «Español correcto». Siempre las leo con mucha atención y especial admiración. No le he enviado la debida respuesta inmediata de gratitud por sus correos, debido a mi enorme carga de trabajo y a mis viajes constantes. Hoy, por ejemplo, he llegado después de una ausencia de diez días.

«Su conocimiento debe ser aprovechado especialmente por periodistas y hombres de radio, televisión y prensa, y también por quienes trabajan en la comunicación social, como la publicidad y las relaciones públicas. Y mejor aún: es la sabiduría de la cual todos debemos aprender, y difundirla para el buen hablar y escribir de los colombianos.

«Gracias nuevamente.

Antonio Pardo García».

Respuesta

¡Honor enorme me hace usted, don Antonio, con su elocuencia! Infinitas gracias por escribirme.

A la muy conocida reputación de la que usted goza, merced a sus connotadas virtudes humanas y profesionales, suma para mí la dedicación de unos minutos de su valiosísimo tiempo, para aplaudir mi apostolado idiomático por esta autopista del ciberespacio. ¡Gratitud de nuevo!

Dice bien usted, don Antonio. Porque mi campaña está enderezada no a criticar a nuestros colegas periodistas, sino a procurar que se use correctamente el español. ¡Asunto abismalmente distinto! Además, es para todos los colombianos; no solamente para los periodistas.

Mis artículos llegan a 18.750 personas que están registradas -como usted- en mi banco de datos. De ellas, 3.430 son periodistas, locutores y presentadores de televisión. Muchos de esos colegas manifiestan gratitud con las orientaciones lingüísticas. Otros, muchos otros, los leen pero no los aplican; prefieren seguir «refriendo» los mismos errores de todos los días. ¿Soberbia egocéntrica? ¿Contumacia? ¿Las dos? ¿Otras razones? No lo sé.

Solamente sé que no bajaré la guardia, y que seguiré blandiendo mi escudo para fomentar el uso preciso del español, pues estoy seguro de los positivos beneficios de esta cruzada pedagógica.

Reciba usted, admirado y respetado señor, un saludo efusivo de compatriota.

Jairo Cala Otero

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Preguntan los lectores

Asunto de sintaxis
Hola Jairo, ¿cómo estás? Es muy grato poder saludarte, y a la vez darte las gracias por enriquecer cada día mi vocabulario.
Mi pregunta es la siguiente:
¿Es correcto decir: «Estás ni Juancho borracho»; o «Estás como Juancho borracho»?
Gracias.

Respuesta:

¡Hola, Alma Yamile!

Tu pregunta tiene una respuesta sencilla y precisa: ninguna de las dos. La segunda se aproxima, pero debió tener coma después de Juancho: «Estás como Juancho, borracho».

Lo mejor es ajustar la oración a la sintaxis: «Estás borracho como Juancho», lo que equivale a una expresión comparativa: «Estás tan borracho como Juancho».

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¿Todos y todas?

Horacio Serpa posiblemente es el creador de la expresión demagógica: «Es un derecho para todos y todas». ¿Esa expresión es correcta?

Anónimo.

Respuesta

El señor Serpa Uribe no es el «creador» de ese incordio inútil, innecesario y tonto. Él apenas lo repite, como tantos que pasan por encima de las normas gramaticales.

Lo inventaron las feministas dizque para defender el «derecho de igualdad de género».

Esa es pura ignorancia, o ignorancia pura. Ignoran que la expresión es incorrecta, porque los humanos no tenemos género sino sexo. (Lo confunden con sexualidad y con los genitales. ¡Sí serán...!). El género solamente opera en la lingüística. (Palabras de género masculino y palabras de género femenino).

Aquellas -las feministas- tienen confusión. Por eso, creen que el asunto es de anatomía, cuando realmente es apenas de gramática.

No saben tampoco -porque nunca leen un libro de gramática- que un sustantivo masculino recoge a otro femenino, sin que nada tenga que ver el dominio de un sexo por el otro.

Conclusión: a la luz de su reclamación de derechos, algunas mujeres ¡están pisoteando los derechos del español correcto! Es como escupir hacia arriba. ¿No?

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La comunicación eficaz en las relaciones humanas

Conferencia-taller con reflexiones puntuales sobre las escenas agresivas y hostiles que a diario suceden en distintos ámbitos de la vida humana. Recomendaciones para lograr mejores conductas como seres inteligentes. Formas sencillas de propiciar entendimiento y acercamiento con los semejantes.
Exploración general sobre la influencia de las palabras en las relaciones humanas, y las desavenencias que suelen suscitarse por erróneas actitudes y conductas en la comunicación con los semejantes.

Público objetivo: Esta capacitación está dirigida a núcleos heterogéneos. Pueden participar personas con interés en conocer las bondades de las palabras bien empleadas no desde el aspecto gramatical, sino emocional, por la fuerza de su vibración al pronunciarlas.

Se atienden solicitudes para cualquier ciudad de Colombia.

Contactos: mundodepalabras@gmail.com

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Prohibida su reproducción parcial o total sin previo consentimiento del autor.

Bucaramanga, octubre de 2011

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