sábado, 22 de octubre de 2011


GEORGINA CUARTAS CANTA Y BAILA

Foto archivo familiar


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano


Chinchiná, es cuna del café de Colombia con el mejor aroma y de Georgina Cuartas Cadavid. Allá nació esta artista en una época a la cual Cervantes nos enseñó a olvidar. De su brioso río, su paisaje de eucaliptos y robles y del aroma de sus cafetales recogió la fuerza, el colorido del sol y la apacible sencillez que la distinguen. Allí aprendió a reír, a fabular, a saltar por entre las cepas y las pepas verdes y rojas sembradas en las faldas profundas frente a su hogar.

Periodista, teatrera, empresaria, costurera y amante del baile, también teje poesía y le queda tiempo para congregar a su alrededor mujeres y hombres en Medellín y otras ciudades para echar a volar cometas de palabras. Ha escrito Acuarelas del alma, 2002, Albricias, 2004, Albores poéticos, 2007, y acaba de lanzar en la Escuela del Maestro de Medellín su cuarto libro Ancla en el tiempo. Y goza la vida propia, amada de sus seis hijos y andarigueando por Pácora, Roldanillo o Chinú, en talleres, recitales, cooperativas y comparsas.

Georgina luce como una dama sacada de una postal. Señorial, risueña, cercana, amigable y… sorprendente. Quien la vio, sentada, oyendo con atención los versos que leían las participantes al IX Encuentro de Mujeres Poetas de Antioquia, no podía adivinar la gracia que inunda su fantasía y su personalidad. En este poemario de azul, velero y mar, Georgina, mujer sensible, se muestra anclada en los amaneceres, las sombras, las telarañas de su finca y las nostalgias del ayer.



La noche está dócil hoy y callada…


La nostalgia echó hondas raíces,
como si fuesen los látigos del alma.

Está ebrio mi corazón herido,
no entiende la razón,…(1)



La poesía la ha llevado a donde “lloviznan las palabras”, a fiestas de cumpleaños, a las alturas donde viaja el viento y la neblina, a la “noche mansa” y su humedad y hasta las encrucijadas donde se encuentran “las mariposas que van marcando el camino” con sus alas. La ha invitado a subir a la región que habita el hada fantasía y con sus manos ha creado una casa para sus abuelos, con una huerta de luceros y vacas con terneros.


En la pieza de muleras,
de machetes y morrales
descansaban en las tardes
los perros en costales.


La cordillera era virgen
-sin que nadie lo supiera-.
Solo se atrevía a tocarla
la neblina mañanera.


…(2)


Cuando entra desprevenido el lector a las entrañas de Georgina “campanea la brisa despeinada”, se “desviste el frío y desvela la pasión”, “cabalgan fantasmas desolados” y “las hojas de los árboles/caen suavemente/como si fueran trizas/de historias ya leídas”.(3) “Caminaba la tarde marrullera”… y “la brisa se escondía para quedarse…allá, en la cordillera. Y fue soltando así su cabellera,/dormida se quedó en su agonía…/con encajes de luz primavera”.(4)

La poetisa Georgina, como la tarde, camina por las montañas de Antioquia con su cabellera rubia, llena de luz y simpatía. Lleva en su alma fantasmas de pomarrosos florecidos que dejan sus flores como alfombras en el camino. Su poesía fresca, como su semblante, es manjar, sonrisa y llega como la abeja con zumbido a nuestra oreja.

Nota: Las expresiones entrecomilladas pertenecen al texto del libro de la poetisa.
(1) CUARTAS CADAVID, Georgina. Ancla en el tiempo. Indiferencia. Medellín: Litografía Unicraft. 2011. Pág. 31
(2) Ibid. Fantasía. Págs. 108-110
(3) Ibid. Pág. 35
(4) Ibid. Pág. 39

POEMAS

CÓMO QUISIERA

Cómo va pasando el tiempo
destiñendo los ensueños.
Cómo se envejece el cuerpo

olvidando que fue de nuevo.
Cómo pasan las palabras,
se las va llevando el viento.

Cómo esconden los luceros
sus más hermosos recuerdos.
Cómo se mueren los días,

solo quedan los desvelos,
se van quedando en el alma
con asombro y con misterio.

Y cómo siguen las horas
encadenando silencios.
¡Cómo quisieran mis versos
que se detuviera el tiempo!

*********************

EL MIEDO

Salí de la nada
No sé a dónde voy.
Vago solo en las
tinieblas del hastío.

Nadie me tiende la mano…
Solitario en el camino,
solo la lluvia y sin amigos,
voy viajando por vientos

y molinos, divagando
en la penumbra,
sin risas, sin alivio,
con los suspiros cortados

por la angustia y mi delirio.
Soy el genio solitario
a todos los intimido,
soy el monarca invisible

sin tronos y sin castillos.
Soy solitario en el tiempo,
soy jefe de los caudillos.

Soy el jefe universal,
¡de todos el enemigo!

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