HISTORIA DE UNA POETA
http://lyricaspecies.com/gloria_cepeda_vargas.htm
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
De Caracas me ha llegado una lira con dos cuerdas que trenan. Dos poemas que nos dicen de la historia reciente y de la tristeza que siente la poeta que los escribe. Gloria Cepeda Vargas ha vuelto a ver a sus hijos, a sus recuerdos, y ya unas calles no existen. Eso no es el repique del alma que llama a quien no vive. Es el clamor de un vientre que ha sentido alegrías y borbotones de sangre por nacimientos y carcajadas, por recitales y coros.
18 años de ausencia de la Capital y de sus llanos de sol y pieles curadas no han logrado borrar de las sienes las señales de las nubes, de los nietos, de los amigos ya idos. La voz se va quedando ronca de tanto llamar como campana gastada.
A ronquedad y sequía, a desesperanza y pájaro sin plumas suena la garganta de Gloria. Sus versos son de agonía. Tristes con lejanía. Así empieza su boca la queja:
Del vientre de una noche adolescente
me derramé sobre la tierra en flor
suenan como violines mis huesos renovados
en la melancolía
de este tablero a cuadros
que ruge en la leona parturienta
y busca la salida.
Calles desiertas, salas abandonadas, cementerios llenos, gente que busca en el montón al amigo. Flor que sale de la tierra para sorber el aire, verso que se corta en el medio, sol que se quiere ir antes del ocaso. Parece que alguien nada en una piscina sin agua.
A las puertas estoy. Es el momento
de cruzar el dintel iluminado
sin negación y sin remordimiento.
Los poetas escriben lento y no saben que sus letras son un canto que llega a las cuevas del cielo o bajan hasta el hades y el cieno. Revuelven bilis, saltan gotas como en medio de una lluvia sin freno. Dejan atrás un boquete oscuro por donde no se ve luz ni sendero. Es tan largo el camino andado y los pasos tan quebrados que apenas si levantan polvo.
Sola voy con el ánima cansada
presta a calzar la nueva vestidura
que ha de ser mi cobijo y mi morada.
Gloria Cepeda no es una convicta, pero siente el rigor de la celda. Tiene los ojos abiertos y va tras la estrella de oriente. Feliz quien ha probado el sabor de la piedra y el barro y ahora busca devorar la centella, pudín más sápido que la cereza azul y el higo rojo.
Adiós cárcel de pátina más dura
que el pedernal. Camino de otra estrella
voy con mi desazón y mi cordura
del polvo al mar, del barro a la centella.
AL ENVÉS DE LA NOCHE
Del vientre de una noche adolescente
me derramé sobre la tierra en flor
suenan como violines mis huesos renovados
en la melancolía
de este tablero a cuadros
que ruge en la leona parturienta
y busca la salida.
Rama crujiente
donde construye el nido
un pájaro sin plumas
escama superpuesta
en los rincones líquidos del día
perro sin amo
que disputa a mordiscos
su ración milenaria
neutrón y levadura
en el mapa borrado del abismo.
Me tallaron los vientos
del primer aguacero
camellos confundidos con la arena
cruzan indiferentes
una canción
de greda y organillos
me requiebra
desde el azul helado
de una violeta convertida en puma
¡Son tantas las monedas circulantes
en manos ya sin sombra!
Por eso las maletas
abiertas y cerradas tantas veces
desvelan a esa niña que me espía
detrás de la ventana.
SÉ
Sé que éste no es el solo manuscrito
ni el final de una historia que se vierte
sobre lo que se calla y lo descrito
en la altanera siembra de la muerte
o en la resurrección del nacimiento
que hace al humano vulnerable y fuerte.
A las puertas estoy. Es el momento
de cruzar el dintel iluminado
sin negación y sin remordimiento.
Atrás quedan el campo limitado
la ignorancia del propio desatino
el habitar en lo deshabitado.
Queda el aire febril, queda el camino
desandado mil veces y mil veces
vuelto a empezar en buscar de un destino
sublimado en las uvas y en las mieses
porque es humano el desconocimiento
y la altivez es deuda que con creces
se paga con trabajo y sufrimiento
en una rezumante dentellada
de ácida luz e inútil movimiento.
Sola voy con el ánima cansada
presta a calzar la nueva vestidura
que ha de ser mi cobijo y mi morada.
Adiós cárcel de pátina más dura
que el pedernal. Camino de otra estrella
voy con mi desazón y mi cordura
del polvo al mar, del barro a la centella.
Gloria Cepeda Vargas

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