miércoles, 26 de octubre de 2011

La Política comienza precisamente cuando se acaba la campaña electoral

Por Alfonso J. Luna Geller

"El mayor castigo para quienes
no se interesan por la política
es que serán gobernados por
personas que sí se interesan".
Arnold Joseph Toynbee

"Estos son mis principios.
Si no le gustan tengo otros".
Groucho Marx

Son muchísimas las personas que creen que ‘hacer política’ es acompañar a un candidato a sus reuniones, 'zonales', pegar afiches o ponerse una camiseta, asistir a la repartición de tamales y lechonas, y no faltar a los festivales que organizan para ‘cazarlas’, inclusive ‘casarlas’, con la intención que tengan algo que agradecer y voten por él en compensación, porque fue el que más gastó, repartió, prometió y hasta apremió, o porque le dio por volverse la mejor persona del mundo y hasta el más humanitario en los meses de la campaña electoral.

Son muchísimas las personas que ‘caen’, que no tienen ni idea sobre lo que ha venido cultivando en su mente el personaje, qué intereses lo motivan, qué hacía antes de la temporada, si ha sido consistente y coherente en su actuación pública, para quién trabajaba o trabaja, cuál ha sido su desempeño social y familiar, quiénes son sus nuevos amigos, aunque viejos conocidos, qué recompensas esperan, de dónde vienen, qué han hecho en su vida pública, a qué partidos han pertenecido, por qué se cambian de ellos con tanta facilidad, cuál es su historial. Y si el elector lo ignora, claro, es presa fácil, simplemente se deja engatusar con la ilusión de una promesa o con la primera dádiva, o con un espejito.

Infortunadamente ésta práctica, que no es la correcta, es el camino que les conviene a los caciques, figuras casi feudales que siguen aferrados al poder o intentan reconquistarlo. La volvieron maña fabulosa en nuestras sociedades sin educación y sin oportunidades, porque a punta de “promesas” allanan las condiciones para perpetuar la marginalidad y la miseria, que es la materia prima o sustento de sus campañas electorales. Son muchísimas las personas que son movilizadas solo en torno a intereses individuales o particulares, sin conciencia de lo público.

La política es otra cosa, que comienza precisamente cuando se acaba la campaña electoral, cuando sale de las urnas y de una sede o directorio, rumbo a un despacho de gobierno; la política es el Estado, el Derecho, y la naturaleza y la historia, el futuro, es la colectividad y el individuo. Para quienes no la tienen clara, alguien les habría recordado que el peor analfabeto es el analfabeto político, aquel que no sabe que el costo de vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, la vivienda, el transporte, la seguridad, la educación y la cultura y hasta el mínimo salario, dependen únicamente de decisiones políticas. Y en este aspecto, tan importante para la vida misma, uno no se puede equivocar; por esto, el presidente gringo John Fitzgerald Kennedy dijo en una ocasión: “la política es como en las matemáticas: todo lo que no es totalmente correcto, está mal".

Pues bien, el domingo estaremos en la urnas, se acabarán las sedes de los candidatos, se acabará la campaña electoral, los desfiles, pitos y afiches, y ahí sí, comenzará, para todos, algún tipo de política, la que allí, ése día, marquemos en las cuatro tarjetas electorales que nos ponen a nuestra disposición.

A pesar de que se ha venido trabajando para superar la desconfianza ciudadana frente al funcionamiento de la democracia y para asegurar una participación cualificada –o voto informado y limpio– en estas elecciones regionales y locales, todavía subsisten las mayores falencias, mucho más que en los comicios presidenciales o en los de Congreso. Sin embargo, y por eso mismo, estas elecciones son un gran desafío para todos los ciudadanos y también una oportunidad adicional para fortalecer la gobernabilidad democrática local que se guíe por el bien público si se toma la decisión apropiada.

Mejor dicho, las futuras autoridades (2012-2015) definirán la política regional y local, las prioridades para las regiones; el modelo de desarrollo para sus territorios; el nivel de participación que tendrá la comunidad en la gobernabilidad; la clase de atención que recibirán las poblaciones en estado de mayor vulnerabilidad; la contribución que desde lo local harán para que el país reduzca sus niveles de pobreza e indigencia; el grado de compromiso con la transparencia en la gestión pública… Esto no es cualquier cosa que pueda cambiarse por un tamal o un discurso ya mandado a recoger por obsoleto y desfasado de las nuevas realidades. Y tiene un ingrediente más para aprovechar, que debe ser decisivo el próximo domingo: la oportunidad que nos ofrece la representación y participación de la mujer.

“La Democracia sin mujeres está incompleta”, es el nombre de la campaña que fue presentada públicamente jueves 13 de octubre en Bogotá, con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), IDEA Internacional, el Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria (NIMD), ONU Mujeres, la Red Nacional de Mujeres, el Ministerio del Interior, el Congreso de la República y la Alta Consejería para la Equidad de la Mujer.

“En Colombia, las mujeres representan el 51.4% de la población; sin embargo, en el Senado son apenas el 15,6% de los parlamentarios y en la Cámara el 12,6. Colombia ocupa el lugar número 86 entre 129 países en cuanto a presencia femenina en cámaras bajas, por debajo de países como Sierra Leona, y el quinto peor en América Latina. En lo local, el 3.4% de las gobernaciones son ocupadas por mujeres y solo el 8% son alcaldesas de algún municipio de Colombia. Que más de la mitad de la población de Colombia no tenga una representación equitativa en órganos de decisión pública es sin duda una falencia de la democracia” son las estadísticas y conclusiones que se debatieron en la campaña “La Democracia sin mujeres está incompleta” que abandera el Ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, en representación del Gobierno Nacional.

Este es un asunto muy importante para tener en cuenta al marcar nuestro voto, porque el objetivo de la campaña es, precisamente, contribuir al fortalecimiento de la democracia, con decisiones cívicas que favorezcan el ejercicio de la política por parte de la mujer.

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