jueves, 13 de octubre de 2011

Nada más fácil en cierta forma que adjudicar la corrupción a los demás

Phanor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó

Con ello, tampoco quiero decir que la corrupción no exista real y verdaderamente. No quiere ello decir que efectivamente no existan grupos, individuos, familias conformados en empresas para asaltar el Tesoro Público.

Es común oír decir que acceder a los cargos públicos, es el “cuarto de hora”, la oportunidad precisa para saltar y asaltar.

La complejidad y dificultad de la vida social y económica, cultural y política ha abonado con creces el terreno de la corrupción, es cierto. En estas épocas, por supuesto, la moral se supone un lujo que no se pueden dar los pobres y mucho menos los asaltantes de “cuello blanco”. Todo está justificado. La escudilla y el puñal, la falsedad y la simulación.

Y tal parece que por ese camino desbocado podríamos ir todos hacia el paraíso: la abundancia, el bienestar.

Estamos todos corruptos. Porque consideramos que ese es el camino para salir al otro lado. Y si no para salir al otro lado por lo menos para sobreaguar. Y si no para sobreaguar por lo menos para rescatar del ahogado, el sombrero.

Nos hemos organizado para la corrupción. Para simular con tal de trepar, de sobreaguar, de sobrevivir. Ni pendejos, como se dice, que fuéramos. Si toca pasar por miserables, si por opulentos, si por sabios o por prácticos. Nos perfumamos para la ocasión y estamos dispuestos a barrer sólo por donde pasa la suegra. No hay tiempo que perder. Hay que estar con el ojo avizor, con el oído atento, con la palabra lisonjera en la punta de la lengua. Estamos listos para el momento y el instante. Un descuido puede ser fatal.

Los amigos los hace la ocasión. Peligroso resultaría respetar. Nadie está dispuesto a enterrarse con el muerto como tampoco a llorar más de lo convenido. Hay que cuidar el maquillaje. Ni tampoco a caminar más de lo indicado: peligran los zapatos. Ni a estar más de lo necesario: se puede arrugar el pantalón. El puñal es fundamental que esté presto para el uso adecuado, por si hay que liquidar al amigo, el afecto, la sinceridad.

Hace algún tiempo los vecinos acudieron a los ofrecimientos de un vivo guambiano que andaba con casitas azules ofreciendo por doquier, y meses más tarde, un vivaracho, ofrecía mercados regalados, pidiendo tan solo una pequeña cuota de administración que por supuesto se embolsicó. Por la misma época, los que no eran indígenas se volvieron indígenas para obtener becas, y demás lisonjas, y debían, a cambio, trabajar gratis en las mingas, y llevar los títulos de sus propiedades. Un recién llegado, con afán de crear industria en el subdesarrollado Cauca, les esquilmó el ahorro a los vecinos, y pare de contar y a cuanto indígena o negro, zambo o patirrajado no han engatusado con el paraíso.

Todos andamos en busca de la fácil. Tenemos pensamientos para ello: evitar el sacrificio, la disciplina para conseguir el más mínimo avance en la vida, la paciencia y el saber para encontrar después de muchos fracasos y experiencias la forma más simple de acometer lo complejo. Hasta en la pasión, desde jóvenes andamos huyendo con el consabido afán del placer evitando el dolor.

Quimeras de estos tiempos. Fantasías que se caen de su peso. El futuro no es bomba de inflar. Entre más nos engañamos más aumenta la corrupción. Mientras más corruptos seamos más grandes serán las mentiras que debemos fabricar para la algarabía en esta feria de las vanidades. Acudid pues en masa y no paréis sino ante la inminencia cruel del abismo.

Así que no nos extrañemos: recibe lo que se te da y sabe por qué se te da.

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