Por Alfonso J. Luna Geller
Este blog
(http://proclamanortecauca.blogspot.com/) ha completado, hoy domingo 16 de octubre de 2011, 1.383 días “online”, 7.071 entradas (artículos periodísticos) y 3.035 comentarios; más o menos igual, las páginas
http://www.proclama.tutierra.net/ y
http://www.proclamadelcauca.com/, además, el medio impreso, que nació el último día del mes de enero de 1970 (¡hace ya 41 años!) como "El Observador" y que posteriormente se transformó en Proclama del Cauca (1983), todavía vigente y con un incitante futuro como empresa periodística. En el interregno de mi paso por las filas del Ejército como oficial egresado de la Escuela Militar de Cadetes con el grado de subteniente en diciembre de 1974 y con el título de Ingeniero Militar, fui, con el general Álvaro Valencia Tovar, cofundador y columnista de la revista “Armas y Letras”, que aún circula en ésos entornos oficiales. No me gradué como comunicador social, a pesar de contar con diplomados, cursos, talleres, especializaciones (Universidad del Cauca, Universidad de Antioquia, Pontificia Universidad Javeriana, Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, etc.) porque el periodismo no es un cartón; es una pasión, es una actitud ante la vida y un compromiso ante la sociedad; todavía sigo estudiando, actualizándome a diario sobre una profesión que por su carácter humanístico y tecnológico, no científico, cotidianamente ofrece nuevas herramientas y postulados; sobre todo, no estuve en aulas porque las facultades de Comunicación Social - Periodismo no ofrecen una formación lo suficientemente sólida para todo lo que exige el oficio en cuanto a la preparación que deben tener los comunicadores; sin embargo, “terminé de estudiar” dicen ciertos togados cuando reciben el diploma; eso es lo de menos, y por eso, tanta mediocridad en algunos de quienes lo ostentan sin decoro.
(http://proclamanortecauca.blogspot.com/) ha completado, hoy domingo 16 de octubre de 2011, 1.383 días “online”, 7.071 entradas (artículos periodísticos) y 3.035 comentarios; más o menos igual, las páginas
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http://www.proclamadelcauca.com/, además, el medio impreso, que nació el último día del mes de enero de 1970 (¡hace ya 41 años!) como "El Observador" y que posteriormente se transformó en Proclama del Cauca (1983), todavía vigente y con un incitante futuro como empresa periodística. En el interregno de mi paso por las filas del Ejército como oficial egresado de la Escuela Militar de Cadetes con el grado de subteniente en diciembre de 1974 y con el título de Ingeniero Militar, fui, con el general Álvaro Valencia Tovar, cofundador y columnista de la revista “Armas y Letras”, que aún circula en ésos entornos oficiales. No me gradué como comunicador social, a pesar de contar con diplomados, cursos, talleres, especializaciones (Universidad del Cauca, Universidad de Antioquia, Pontificia Universidad Javeriana, Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, etc.) porque el periodismo no es un cartón; es una pasión, es una actitud ante la vida y un compromiso ante la sociedad; todavía sigo estudiando, actualizándome a diario sobre una profesión que por su carácter humanístico y tecnológico, no científico, cotidianamente ofrece nuevas herramientas y postulados; sobre todo, no estuve en aulas porque las facultades de Comunicación Social - Periodismo no ofrecen una formación lo suficientemente sólida para todo lo que exige el oficio en cuanto a la preparación que deben tener los comunicadores; sin embargo, “terminé de estudiar” dicen ciertos togados cuando reciben el diploma; eso es lo de menos, y por eso, tanta mediocridad en algunos de quienes lo ostentan sin decoro.
Por las páginas de Proclama han desfilado los 28 gobernadores que ha tenido el departamento del Cauca en los últimos 40 años, de todos los colores políticos y estratos socioeconómicos, incluyendo a los últimos siete, que desde 1992 comenzaron a posesionarse luego de su elección popular; este último ha sido un período de 19 años de nuestra presencia activa en cada una de las campañas por el poder regional, sin participar dentro de ellas, claro, como muchos periodistas que se han aprovechado de su presencia en los medios para postularse candidatos a algo o ser “jefes” de prensa –sin subalternos- en cualquier grupo político de oportunidad. Sí hemos concurrido, siempre ejerciendo nuestro pacto con la opinión pública, debatiendo sobre aspirantes y luego, sobre sus gobiernos. Igual, con otras dos decenas de alcaldes de Santander de Quilichao que han tenido que verse reflejados, bien, regular o mal, en Proclama, incluyendo también a los últimos ocho que han sido elegidos por votación popular desde Víctor Claros, el primero, en 1988; es más, con igual número de mandatarios locales en cada uno de los trece municipios del norte del Cauca.
Por eso recuerdo cuando Aurelio Iragorri fue gobernador en 1975 o cuando Humberto Peláez en 1980, e inclusive cuando Temístocles, entre enero de 1992 y diciembre de 1994, el primero que fue elegido por el voto popular. Todo esto sin entrar en los detalles de los procesos desarrollados en el Cauca que tienen que ver con el Congreso de la República, instancia a la que pertenecieron los dos primeros por varias décadas (Aurelio sigue). Por eso también tenemos autoridad moral y estadísticas para endilgarles la inutilidad de sus gestiones con tantos años en el poder para disminuir los índices de pobreza (mayor del 60%) o de indigencia (30% en promedio), los de desarrollo humano, los de necesidades básicas insatisfechas que también superan el 60%, situando al departamento del Cauca como uno de los más atrasados de este país. Y demostrar esto, para que a la gente no se le engañe con el cuento de que ahora son ellos los “nuevos” promotores del “cambio”, junto con algunos funcionarios de la administración pública local que, paradójicamente hacen coro al "cambio" esperando salír por edad obligada, me ha costado en esta campaña, especialmente desde la que lidera Eduardo Grijalba, candidato obsesionado con la alcaldía de Santander de Quilichao desde hace muchos años, que su ventrílocuo, el periodista Juan Carlos Villani y otros, me presenten como el “enemigo a derrotar”, sin estar aspirando a nada, diferente a seguir opinando, al costo que por ello me toque pagar.
Por ejemplo, la semana pasada el mandadero ante los medios de la campaña de Grijalba, el señor Villani, que por primera vez lo vimos juzgando en asuntos de política y sociales, claro, ignorante de la utilización que se hace sobre quienes no tienen criterios bien formados y seguramente necesitado de unos pesos adicionales a los que debe recibir del noticiero Más Pacífico, cuando pedí intervención pública y fui vocero de una comunidad que corre el alto riesgo de una tragedia por haberse metido a vivir en unas casas que construyó el ingeniero Grijalba en Yumbo, no pudo demostrar lo contrario a lo denunciado, tampoco pudo ser solidario con la posible desgracia de esas familias yumbeñas, y entonces, para quedar bien con su jefe y justificarle viáticos, llegó de allá insultándome en un video hasta el punto de vociferar que yo era un “periodista vergonzante”, yo, el que hacía una denuncia humanitaria, y no el monigote que utilizan por estos quince días de cara a las elecciones. Este es otro mensaje, adicional a los que ya han dado a conocer, sobre lo que trama contra la libertad de expresión y de prensa si accediera al poder el candidato Grijalba, aspirante que también quisieran tener en la Alcaldía el “senador del motel” y el “exrepresentante de las casitas azules”, quien fue su mentor mientras hacía política como dirigente conservador.
A mí sí me encanta el debate, reconocer errores propios y aprender de los aciertos ajenos, pues estoy inmerso en un conjunto social que padece o disfruta lo que hacen sus gobernantes, y tengo una obligación social como periodista y director de Proclama, pero esto que hemos venido soportando en los últimos días es una muestra de que ni los asesores ni el mismo candidato están preparados para un debate serio; sólo son insultos directos y agresiones virtuales las que se utilizan en contra de quienes evidenciamos las estadísticas y asuntos públicos que, convertidos en noticia, pueden resultar definitivos sobre el futuro de nuestras comunidades.
Lo dicho, obviamente no es un axioma “absoluto”, reconozco que me he expresado con el sentimiento lacerado, con la tristeza de soportar un derecho vulnerado, sin embargo es otra opinión que expreso con la intención de revelar qué puede pasar con nosotros, la comunidad, cuando el poder se ejerce o se pretende en beneficio propio o de un grupo excluyente.

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