jueves, 20 de octubre de 2011

Se realizó la premiación del Quinto Concurso Departamental de Cuentos, en la Gobernación del Cauca

El jurado del V Concurso Departamental de Cuento, conformado por Hilda Inés Pardo Mazabuel de la Asociación Caucana de Escritores, Jorge López del Taller Literario Relata del Ministerio de Cultura en asocio con el Banco de la República y Juan Carlos Ávila, Director de la Fundación Tehillim y como observador Marco Antonio Valencia Calle, Coordinador del Programa Caucanizate, emitieron el día de ayer su veredicto sobre los ganadores del concurso.

Teniendo en cuenta los parámetros dados por las directivas del concurso y una vez analizados los trabajos presentados en las dos categorías (Docentes y Estudiantes) y manejando como criterio evaluativo la calidad de redacción, estructura, legibilidad, método expositivo y creatividad, los tres jurados dieron su veredicto.

“Es el deseo conjunto de los jurados resaltar la importancia que genera en la sociedad un concurso literario como el presente, el cual deberá encaminarse a ser un espacio permanente de búsqueda de nuevas promesas literarias y de una cultura lectora, por lo cual se espera que el Gobierno Departamental continúe apoyando este trabajo. Es de subrayar el importante apoyo entregado por parte de los estudiantes de noveno semestre de Español y Literatura de la Universidad del Cauca, quienes con su dedicación logran darle un mayor valor agregado al concurso” registraron en el acta respectiva los jurados.

CATEGORIA DOCENTES

Ganador: Alexandra Molina Trujillo con el cuento HILOS DE AURA de la Institución Educativa Niño Jesús de Praga. Primer Finalista: Diego Andrés León con el cuento MITO ROJAS, Institución Educativa Granja Escuela Amalaka de Totoró. Segundo Finalista: Isidora Chito Ijají con el cuento EL AMOR ROMPE BARRERAS. Institución Educativa San Francisco Javier de San Miguel de La Vega, Cauca. Tercer Finalista: Edilma Margot Muñoz Gómez con el cuento LAS VOCES DEL SILENCIO, Centro Educativo los Árboles de La Sierra, Cauca.

CATEGORIA ESTUDIANTES

Ganador: Mario Alberto Dulcey Idrobo con el cuento EL ZAPATO QUE NO QUERÍA SER ZAPATO de la Institución Educativa de Chisquio – Tambo. Primer Finalista: Gloria Fabiana Andrade, con el cuento BIG, L16-08 de la Institución Educativa José Eusebio Caro de Popayán. Segundo Finalista: Karen Manuela Tróchez Suarez con el cuento LOS PEQUEÑOS VALIENTES de la Institución Educativa Promoción Social de Timbío, Cauca. Tercer Finalista: Cecilia Peña Troyano, con el cuento EL GALLO Y EL DRAGON, del Colegio Metropolitano de Popayán.

La Institución Fernández Guerra de Santander, ganó un ‘video beam’, por ser una de las 10 instituciones que más cuentos enviaron al concurso, como respuesta al compromiso educativo por las artes literarias.

Grupo de niños y docentes ganadores V Concurso Departamental de Cuentos 2011, en compañía de Álvaro Grijalba Gómez, gobernador encargado, y Marco Antonio Valencia Calle, coordinador del concurso.

Alexandra Molina Trujillo, docente Instituto Niño Jesús de Praga, ganadora categoría docentes, recibe premio de manos de Marco A Valencia, coordinador del Quinto Concurso Departamental de Cuentos.

CUENTO GANADOR CATEGORIA DOCENTES

HILOS DE AURA

Autor: Alexandra Molina – Comunicadora Social
Docente del Instituto Educativo Niño Jesús de Praga

Si esos recuerdos te perdonaran esta habitación no estaría plagada de muertos y deudas.

Saliste así, como de repente, no me dijiste más. ¿Era broma? Volviste al atardecer. Aura, habías olvidado que el amor se desliza de las manos cada vez que se le aprieta con fuerza. Esa mañana apenas si levantaste la cabeza.

En otros tiempos solías regañarme con esos ojos de almizcle fresco, sentarte en la silla grande, levantarte, contonear las caderas, caminar lento y regresar al cuarto, entrar al baño, limpiarte la piel del sudor y el sexo. Esa mañana de fríos y finales no hiciste nada de eso, sólo tomaste café. Disfrazaste la desnudez con algarabías en ese pelo crespo, tomaste las llaves y saliste.

Un año, ni siquiera un año, diez meses habías estado habitando este lugar en mi cama. Llorábamos y cantábamos. Te gustaba amarrarme a tus ojos, traerme con promesas. Te gustaba fumar y tirar la ceniza en la ventana, no hacías caso del cenicero, eras feliz agarrando los dedos de los niños, las narices rojas y los globos en el circo, los gatos blancos. Te gustaba mirarnos en las ventanas, correr como si todavía fuéramos lo suficientemente jóvenes. Cuánta vida me venía de ti, Aura.

Te gustaba recoger amaneceres sin ropa, levantarte y hacer el amor a esas primeras horas. ¡Qué frío! Decías. Entonces tomabas mis manos, las levantabas, hacías aviones con ellas, las elevabas en el aire para aterrizarlas en tu pecho. Te gustaba el sonido de las campanas, el olor a las azucenas, la arena caliente, los pies descalzos, mirar los frutos amarillos, tu cuerpo tendido, bañarte en azúcar.

Creías en las palabras, en los libros, en las fotografías de las plazas. Aura, te gustaba el silencio, la lealtad. Yo no te engañaba del todo mi amor, me gustabas más tú con tus acertijos. No te mentía, eran una suerte de racionamientos para el invierno, para el tiempo de frío.

De repente, no era tu vida. No ibas en serio cortando flores y risas. Ya no querías campanas ni narices rojas de payasos, ni miradas, ni promesas, ni te hacía frío, ni eras joven. Ya no podías ir en serio.

Pagaste el sepelio, tu propia mortaja, no lo dijiste. Lo tenías pensado. Armaste la idea desde el primer momento, desde esa última pelea que consumaste en silencio. Tres de la tarde, los tarros de quejas y las gotas queriendo entrar, cayendo al abismo. Desánimos continuos como los solías llamar. Se te llenaron todos los tarritos imaginarios mi amor, todos los tarritos de las cuentas por cobrar.

Clara, Eliza, Laura, María, ellas, rondándote por esa cabeza estallada mi amor. No había más amaneceres. Llegaste tarde, ya lo sé, por el embotellamiento, porque te pararon los polis, porque tenías mal humor, maldita música que sonaba tan fuerte, tú y el silencio, tú y los semáforos en rojo. En rojo para todo.

Llegó la tarde con vos a cuestas, te tomaste otro café, tal vez el tercero o cuarto del día, mientras yo leía el periódico. Te levantaste de la silla sin soltar la taza. Vinieron a tocar la puerta, tuve que atender. Comenzaste la procesión en silencio. No podía dejar que te fueras Aura, tenía que llenarme de fuerza. Ese pelo crespo, esas ondas, Aura, siento por ti una pobre palabra que me despedaza las noches. Tengo por ti una piel acabada, se me viene por tu causa al oído un murmullo de mar desnudo, a los ojos un ardor de gestos postrados, a la boca una tormenta de silencios y angustias.

No te aflijas más Aura, déjame sanarte, no llores. ¡No te sueltes así Aura! No te ahogues, no te arranques. ¡Deja de resistir! Esos hilillos de sangre que te corren Aura. No tenías que recurrir a la histeria, ni al miedo, ni a las lágrimas mi amor. Pudo ser menos doloroso. La precisión de mis manos, me siento un poco como Dios, he cerrado tus ojos de almizcle, eres mía. Es el más bello acorde de guitarra, el mejor de los libros. Es justo una experiencia para morir un poco y no tardar.

CUENTO GANADOR CATEGORIA ESTUDIANTES

EL ZAPATO QUE NO QUERÍA SER ZAPATO

Autor: Mario Alberto Dulcey Idrobo
Institución Educativa de Chisquió, Tambo

Esta es una historia, como ya lo dijimos, de un zapato que aburrido de ser tantos años una triste pieza de calzado, decide embarcarse entonces, en un mundo donde cambia radicalmente su vida.

Desesperado ya por dejar su vida, salió diciendo:

- Al ser mi vida un gran fracaso
Salgo de ella para buscar otro futuro
Para ver si me aseguro
O que tal vez me llegue el ocaso.

Salió entonces el zapato sin rumbo alguno, buscando algo mejor que le sirviera y le ayudara a dejar atrás su anterior vida. Entonces empezó a pensar a qué podía dedicarse y dijo que podía empezar siendo una media, ya que ellas eran muy privilegiadas y él las admiraba mucho por su fácil trabajo. Así, ya no tendría que vivir arrastrado por el suelo, tendría menos trabajo e iba a estar más cómodo. Eso fue lo que pensó el zapato.

Y así fue, el zapato fue media por un día y al terminar la jornada, él se dio cuenta de que ser un calcetín no era lo suyo. Se sentía muy apretado, con mucho calor y sobre todo, sentía que había perdido su libertad.

Al zapato no le había ido bien en su primer intento, pero muy optimista decidió seguir luchando e intentando lo que fuera su destino.

Esta vez se le ocurrió ser un pantalón, un largo, cómodo y suave pantalón. Podría ser muy bueno, así podría ser más libre, eso era lo que él quería y como calcetín, no consiguió. Además, no tendría que ser sometido al maltrato de andar por el suelo. En fin, lo que siempre había soñado, podría hacerse realidad convirtiéndose en pantalón.

El zapato hizo todo lo posible por convertirse en un pantalón, compró su tela, buscó un costurero e hizo muchas cosas para ser un elegante pantalón.

Al otro día, el zapato se sentía muy orgulloso de sí mismo, porque sentía que había encontrado su profesión y empezó entonces a trabajar como pantalón. Al finalizar el día, el pantalón se encontró muy desilusionado. La vida de pantalón no era lo suyo, no era lo que él imaginaba. Al parecer, era más dura de lo que creía.

En primer lugar, empezó mal su día, su dueño, sin querer, le derramó un café encima por lo que el pantalón se quemó. Tuvieron que lavarlo y secarlo a punta de plancha, una plancha que estaba tan caliente, que el pantalón sentía como si se estuvieran derritiendo y como si fuera poco, tenía que estar atado a una correa todo el día. En fin, nada había salido como él quería.

El triste zapato, cansado de su jornada de trabajo, no sabía qué hacer, era tanta la tristeza que sentía al no haber encontrado lo que quería para su vida y lleno de rabia decía:

- ¡Por Dios! Soy un fracasado.
Al dos veces haberlo intentado.

Estas palabras acompañadas del llanto que bajaba por la maltratada piel del cuero del zapato, eran el reflejo de que hasta ahí llegaría, que ya no podía más y que todo el trabajo había sido para nada.

Esa misma noche tuvo un sueño en el que las cosas cambiaban. Soñó que ahora se convertía en una camisa y que todo lo que hacía le salía bien, tan bien, que duraba así por muchos años.

El zapato tomó el sueño como una señal, una señal que le decía que no se rindiera porque todo podría ser mejor y que siguiera intentándolo e intentándolo hasta lograr su objetivo. Así que el zapato, no muy efusivo, dijo:

- No me queda más que intentarlo
Tal vez tropiece y vuelva a caer
Quién quita que yo pueda lograrlo
Pero si me caigo, levantarme, no lo voy a hacer.

Y rifando así su vida entre un SI y un NO, se fue el zapato, en el fondo sabía que iba a fracasar, pero su corazón le tenía preparada una sorpresa, pues sabía que ese sueño no podía ser en vano y que podría ser el aviso de algo muy importante.

Ya comenzando el otro día
Salió el zapato contento
Preparado, sagaz y atento
Y muy lleno de alegría
Esperando ya que la vida
Le diera una anhelada sorpresa
Y que sacara de su cabeza
Aquel pensamiento de herida.
Eso era lo que creía
Y empezó mi amigo su jornada
Al finalizar el día
Encontró lo que tanto esperaba.

Nuestro amigo, se encontró con que al fin le había ido bien en algo, la vida como camisa era espectacular, tenías muchas cosas, libertad- algo primordial- respeto de los demás y sentía que sí lo querían y eso para él era algo muy importante.

Pasaron muchos días, el zapato ya empezaba a acostumbrarse a ser camisa, se sentía muy contento porque se había divertido mucho. Él nunca creyó que el futuro le hubiera preparado esto y lo que menos pensaba era que el destino le tuviera preparada una sorpresa más.

En uno de esos días de trabajo, conoció a una hermosa zapatilla, era lo más lindo que había visto y acerca de ella decía:

- Cuando menos lo pensaba
Cuando me levantaba de la ceniza
Llegaste tú con tu sonrisa
Esa que tanto iluminaba
Esa que con la mirada
Brillaba como una estrella
Y hacía su mejor concierto
Porque como tú, no hay más bella
Y créeme, porque lo que digo es cierto.

El tan enamorado zapato, no sabía qué hacer, porque siendo una camisa no podía conversar con ella. Encontrándose en tal encrucijada, de no saber si seguir su vida de camisa y dejar que su amor y el amor se le fueran, o regresar a su vida de zapato, una vida menos cómoda, pero que le ofrecía más oportunidades con aquella zapatilla de la que estaba enamorado.

Al fin, el zapato decide dejarse guiar por el corazón y vuelve nuevamente a ser el zapato de antes, porque muchas veces “el amor lo puede todo” y cuando hay amor, no falta nada. Eso fue lo que llegó a pensar el zapato para tomar esa decisión y sobre todo, por la razón más grande del mundo, poder ser parte de la vida de la hermosa zapatilla.

Al zapato como zapato, le fue muy bien, empezó a charlar con la zapatilla, empezaron a conocerse más y luego de un tiempo se hicieron novios. En una de sus conversaciones la zapatilla le dijo:

- Un día, un hombre estaba por salir a la calle urgentemente, no sabía qué hacer; no tenía medias, pero no eran necesarias, buscó su pantalón y estaba mojado, ni modo, tuvo que salir en pantaloneta. Luego, fue a buscar su camisa pero se encontró con que estaba manchada, pero al hombre sin importarle nada, salió así.

Al salir, se dio cuenta de que no tenía calzado, pensó en salir descalzo, pero no, podría maltratar sus pies. Así que buscó y buscó sus zapatos hasta que los encontró. Por fin el hombre pudo salir, sin medias, sin pantalón y sin camisa, pero nunca sin zapatos.

Aunque no lo creamos, esos desbaratados y tal vez pueden pensar que inservibles zapatos, sirven mucho. Sin ellos no se sabe qué sería de nuestros pies. Ellos los cuidan, los protegen del calor, del frío y de que nada malo les pase.

El zapato, después de escuchar esto, se sintió muy feliz y ahora más ilusionado y enamorado que nunca, decide seguir viviendo con ella.

Este cuento que inició con un zapato que no quería ser zapato, termina con un zapato orgulloso de lo que es y ahora más que nunca quiere seguir siendo un zapato.

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