domingo, 30 de octubre de 2011

Tributo a mi Madre

FABIO ARÉVALO ROSERO MD

Hoy excepcionalmente no escribo mis apuntes de siempre. Solo unas lineas para referirme a mi Madre que acaba de irse para siempre. Su ida ha removido recuerdos que los tenía encriptados. Mi Padre murió hace tantos años y por esa época debí fingir una extraordinaria fortaleza para no agravar el sufrimiento de mis hermanos menores, quienes quedaron bajo nuestra responsabilidad. Pero ella fue la verdadera arquitecta y la motivación para hacer realidad tantos sueños. Y eran sueños imposibles, casi quimeras.

De niño fui vendedor de periódicos, de lotería, cartero y monaguillo. Un buen dia leí que todos los carteros oficiales del país entraron en huelga. Creí que tenía derecho (en realidad no era más que un ayudante informal de mensajero) y le pedí a un tío que me ayudara a hacer una pancarta de protesta. Llegué a la oficina de correos levantando una simple hoja de cuarderno que decía: “Estoy en huelga”. La respuesta fueron burlas y carcajadas. Fue mi primera causa perdida.

Ofrecía orgullosamente el “Frente Unido” periódico revolucionario del padre Camilo Torres, a los pocos días con 37 años lo mataron y me quedé sin diarios para vender. Lloré mucho. Fue mi segunda causa perdida. Todas las noches escuchaba en la radio un programa del sacerdote jesuíta Jaime Álvarez llamado “Momento fraternal”. Me conmovía profundamente. Un día reuní lo que había ganado en un mes, lo metí en un sobre y se lo mandé al padre Álvarez para ayudar a unos niños. Fue mi primera causa ganada.

Además era un niño enfermo con limitaciones físicas y con un futuro incierto. Sufría las burlas de mis compañeros mientras los envidiaba, por su gacia deportiva. Allí estuvo la entrega y perseverancia durante años de mi madre que no descansó hasta verme recuperado contrario a los malos pronósticos médicos. Fue mi segunda causa ganada.

Una noche de 31 de diciembre escuché del triunfo de Álvaro Mejía en la carrera de San Silvestre en Brasil, por la época la más importante del mundo. Mi emoción fue tan grande, que contrariando a las prohibiciones salí a la calle a correr imaginandome en Brasil. Por mis limitaciones nunca podría ser deportista y por las extremas restricciones económicas mi ilusión era ser carpintero. Jamás habría imaginado en ese momento que exactamente 20 años más tarde el niño discapacitado y ebanista frustrado ya era un flamante médico que competía al lado de los mejores atletas del mundo en la Carrera Internacional de San Silvestre. Representaba orgullosamente a Colombia junto a la leyenda Víctor Mora a quién ese día vencí. Una gigante causa ganada.

Por la inspiración y apoyo de mi vieja he logrado privilegios: dos carreras profesionales completas (tres incompletas), cuatro formaciones de posgrado y soy campeón del mundo. Justo cuando gané mi primer título orbital mi madre se agravó en un camino irreversible hacia su muerte. Gracias a ella hoy soy una persona realizada y feliz. Por ello mi misión es clara: servir a la gente aportando para construir y salvar vidas al menos de una muerte temprana. Más aun en su memoria. Mi agradecimiento especial al Concejo de Pasto por el homenaje ofrecido en su despedida.

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