viernes, 7 de octubre de 2011

Verdades a medias

Phánor Teran
Desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó

Las verdades a medias, son mentiras completas. Sin embargo no dejan de revelarnos que algo por debajo o por las nubes está ocurriendo, se está fraguando, mientras los de a pie como Vicente vamos de narices hacia el matadero.

Los sendos comunicados, uno de una sociedad civil anónima y el otro del candidato liberal ripostando a las acusaciones sobre el tejemaneje de votos indígenas, con el ofrecimiento de la ampliación a sus propósitos territoriales, no aclaran en lo más mínimo el asunto.

La situación indígena en lo que respecta a sus derechos territoriales tiene tanto de largo como de ancho.

Si bien algunas de las resoluciones que se han tomado en este municipio han sido obra de los mandatarios locales, (concejales, alcaldes, líderes y la población misma), buscando voticos, es, hoy en día, cuestión de orden nacional, y de la visión que se maneja en Bogotá y sus alrededores, y en el INCODER, que con mandato constitucional en mano, pretende que los habitantes de estas regiones desaparezcamos del mapa.

En las interpretaciones que andan en boga territorio indígena es todo el departamento, toda la nación. Los mestizos que andamos por aquí no somos mas que usurpadores, descendientes de los españoles conquistadores y en consonancia no nos queda más remedio que evacuar.

No se trata únicamente de conformar un resguardo, ni de conformar un cabildo ni de adquirir un pedazo de tierra, de obtener, reivindicar el derecho a una vida digna. Se trata de que tales cosas no son sino avanzadillas, escaramuzas en pro del ideal supremo, de la batalla final: toda la tierra, la expulsión de todos los usurpadores.

En tales términos, tarde o temprano, nos encontraremos ante una guerra civil de dimensiones no previstas. Como tampoco está prevista la dimensión del enfrentamiento entre unas y otras etnias, abrogándose para si, la potestad del territorio, de todo el territorio.

Por ello, para los dirigentes no es importante poner a producir la tierra, o tener la necesaria para el sustento, el desarrollo y la dignidad. Hay en todo ello, un espíritu mesiánico y radical que permite la pérdida de las proporciones, de la justeza misma de los ideales.

También por efecto de las guerras, de las rapiñas del capital, los campesinos pobres, mestizos o no, se han visto arrinconados por los latifundios en los riscos e inhóspitas montañas arañando el pan de cada día. Y ninguno de ellos heredó la desgracia que lo acoge, como escritura española para buscar el sustento y una vida digna.

Tan miserables siguen como una buena parte de los indígenas que día a día siguen padeciendo discriminación y miseria, mientras líderes y potentados de uno y otro bando disfrutan privilegios por doquier, mientras los ideólogos disfrutan las mesadas de las organizaciones internacionales inventando patrañas para exacerbar nuestra ya difícil condición social y humana.

No escapa a ninguno que allí hay una línea divisoria trazada con radicalismo miope y con mesianismos irresponsables. Tan irresponsable como ponerse a jugar con candela en procura de cuatro votos.

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