viernes, 25 de noviembre de 2011

BONANZA INVERNAL

Phanor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó

Si hablara el kiosco de la plaza de Bolívar de Tunía, historias tendría por contar.

Y no me refiero a aquellas fugaces donde los enamorados de momento o de amor eterno han jurado y recreado sus pasiones y anhelos.

Velorios a campo abierto de desconocidos, borracheras de paisanos hurgando la vida rutinaria en busca de alguna fantasía, complots y rencillas personales y familiares, componendas políticas, soledades rumiadas.

Qué no ha pasado por allí. No hace mucho tiempo un avivato sentó en ella oficina propia para embaucar a los nativos con el cuento de pagar por anticipado, la administración eficiente y el papeleo en procura de mercados semanales que llegarían a ningún costo, hasta los hogares. Todavía hay vecinos con el canasto en la puerta. Qué canasto, con la chuspa, bajo el brazo.

También por ahí pasó, un vivaracho guambiano, cuando estaban de modas las mil y una maravillas que podían proveer los resguardos: allí más de uno entregó sus ahorros en busca de ser el afortunado acreedor de casa buena, bonita y barata.

Y como de todo hay que ver para creer, hace unos pocos días, alguien, que a lo mejor era un bien intencionado funcionario, desplegó sus formularios para inscribir y atender a los damnificados en estos lares, por la ola invernal.

Todavía pasado el medio día, la peregrinación no terminaba. Como la moral desde hace tiempo es una mata de mora, y para ser justos, entre los pobres la moral es un lujo, por doquier resultaron familias desposeídas por los huracanes, casas desbarrancadas por culpa de las erosiones removidas por el crudo invierno, techos descuajados, solares inundados, gallinas ahogadas, vacas, terneros, cabras, cuyes, conejos, caballos, perros y gatos navegando en las riadas, patas arriba por causa de los deslizamientos, hogares destrozados, mujeres engañadas, hombres atribulados.

La bonanza de la ola invernal tendrá muy pronto sus mejores días por estos lares, según parece. Y a lo mejor resulta que a pesar de haberse terminado el censo por tales afectaciones en junio, ahora, por cuenta de la segunda Niña, tendremos nuevos subsidios. Ojalá sea así.

Me cuesta creerlo. Me cuesta pensar que hay un funcionario en ello: aunque si, por acaso, se abriese una investigación, podría decir simplemente que lo mandaron, que cumplía órdenes, como aquel esbirro de los campos de concentración nazi que inyectaba fenol en los vientres de las mujeres o como aquel que inyectaba cemento para cerrarles las trompas: si eso las mata yo no sé. Cumplo órdenes.

Y como si fuera poco, los políticos los que se fueron y los que recién llegan desde lejos, aportando su grano de arena: magnificando su gestión en pro de la comunidad. Ni más faltaba.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada