lunes, 21 de noviembre de 2011

De cambios y gratitudes

CARLOS E. CAÑAR SARRIA

Después de los agites y tensiones del pasado proceso electoral, se siente una relativa calma. Calma y expectativas sobre lo que serán las futuras administraciones departamental y municipal. Al terminar cada periodo de gobierno se esperan los balances completos y objetivos. Sobre lo que se hizo y se dejó de hacer. Sobre lo bueno, lo malo y lo feo que en general encuentran tanto gobernantes como gobernados. Los alcances, las limitaciones y los desgastes naturales son inevitables en tiempos próximos a la dejación de los cargos. La opinión pública suele ser implacable a la hora de los balances.

Del departamento del Cauca, no pocos hablan de la necesidad de reconstruirlo. Como si alguna vez hubiese estado construido. Al Cauca hay que construirlo sobre las bases del desarrollo económico y de la cohesión social. Se trata de un compromiso colectivo, liderado por personas capaces y con vocación de servicio.

Algunos elegidos se vienen manifestando con vallas con el término “Gracias”. Es una forma de ser agradecidos. Ojalá ese sea el término utilizado por los gobernados cuando los elegidos entreguen el poder. Los resultados electorales, el número elevado de votos pueden otorgar legitimidad a la elección pero no a los gobernantes. La legitimidad de éstos se mide en el ejercicio del poder, en la medida en que sus gestiones y acciones llenen las expectativas del conglomerado social. De lo contario poco o nada hay que agradecer.

Muy halagador sería para un gobernante que al final de su mandato escuche de sus gobernados mil gracias por haberles dado empleo en condiciones de dignidad, educación con calidad, seguridad, salud física y psicológica; gracias por utilizar adecuadamente los escasos recursos económicos que en general tienen las regiones y municipios colombianos, por su liderazgo y honestidad, por los esfuerzos en cambiarles las difíciles condiciones de vida a las personas, etc.

La gente quiere verdaderos cambios y muchas veces se equivoca en el momento de elegir. Ojalá se haya acertado en estas elecciones. Lo conveniente es que los nuevos mandatarios asuman el poder sin improvisaciones y con responsabilidad. Que entiendan que los cambios deben darse para mejorar. Que no se trata simplemente de observar caras nuevas en los despachos administrativos, se trata además, de acciones novedosas y útiles a la sociedad. La gente termina cansada y desencantada de ver siempre a los mismos trasteados de un cargo a otro, de una dependencia a otra, de una administración a otra y los verdaderos cambios no asoman por ningún lado.

Ojalá la misma euforia con que se recibe a los nuevos mandatarios, se expresara al final de los periodos. La gratitud de la gente está ligada a la legitimidad de los gobernantes. Un gobierno legítimo lidera, cohesiona, está comprometido permanentemente con el desarrollo de su programa de gobierno y con el adecuado enfrentamiento y manejo de una serie de situaciones no calculadas que suelen ser inevitables. Un buen gobierno se mantiene atento a la crítica y a la autocrítica; hace ajustes en los momentos oportunos y sobre todo, vela por la conservación, la seguridad y la prosperidad de sus gobernados.

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