Phanor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó.
Así que por fin la Contraloría Departamental tomará cartas en el asunto sobre el paradero de mil millones pertenecientes a la Cultura por vía de los Recursos IVA.
Los derechos de petición que elevamos a principio de año fueron olímpicamente ignorados por las autoridades regionales, sirviendo sólo para crear enemistad, señalamiento, vituperio, inquina y enemistad personal. Otras acciones emprendidas, parecen haber tenido eco para que haya fructificado tal providencia.
Faltará esperar si llega a buen puerto la investigación.
Muchos son los factores que intervienen en la debacle del desarrollo de las políticas culturales regionales aunque el fundamental, de todos, es la extrema debilidad organizativa cultural de los líderes, de las organizaciones para pesar en el concierto de las decisiones públicas.
Al igual que en las decisiones municipales donde el ordenador del gasto, o alcalde que llaman, hace y deshace con la tienda de caspete que llaman Secretaría, Coordinación, Oficina o Sección Cultural, en la estructura regional, el ordenador del gasto, u Gobernador que llaman, en la administración que va feneciendo como en todas las anteriores, hace y deshace con la coordinación, Oficina o Sección cultural respectiva.
El PBOT, el POT, el Plan de Desarrollo y demás menjurjes y vericuetos no alcanzan a formar, todos ellos juntos una “seda dental”, ante el caprichoso accionar. No ha poco, andaba el Ministerio de Cultura tratando de granjearse la voluntad de los candidatos para obtener de los mismos un “compromiso de honor” con el desarrollo no digamos de políticas porque se nos atasca la geta: de actividades culturales.
Y se supone que los tales menjurjes y vericuetos son la expresión de la voluntad de los ciudadanos urbanos y rurales, resultado de la racionalidad académica, y de la juiciosa consideración de las oficinas de planeación, que son la esencia misma del constituyente primario, el excelso desarrollo de la democracia participativa que tantos articulillos condensan en nuestra siempre alabada y bendecida constitución del 91.
Democracia de papel higiénico.
Más allá de las investigaciones y juicios juiciosos lo que debiera estar en el banquillo es la misma estructuración de las políticas culturales públicas. ¿No son acaso, si es que realmente existen, los Consejos Municipales de Cultura pamplinadas? ¿No es acaso el Consejo Departamental de Cultura, un cero a la izquierda, una bofetada a la condición cultural regional?
Enjuiciar al saliente a sabiendas que en la próxima vigencia podría operar el mismo perro con distinto guasca, o la misma guasca con distinto perro? Y si no ha funcionado, porque no puede funcionar la democracia participativa con toda la trapisonda que la rodea, qué podremos aspirar con la democracia representativa? Los Concejos Municipales, y a lo mejor habrá excepciones, jamás se ocupan de los asuntos político-culturales, al igual que la Asamblea Departamental: han perdido, si es que alguna vez la tuvieron, iniciativa para conformar la municipalidad y la regionalidad.
¿Sabrán de qué se trata?

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