EL DESEMPLEO Y LOS BAJOS SUELDOS
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
Que Colombia solo tiene un miserable dígito de desempleo cacareó el gallo del Dane. Da pena contradecir pero no es verdad. En Bogotá no hay sino parlamentarios, magistrados, ministros, la 93, el Club del Nogal, Los Largartos, Los Laches y San Victorino y Policarpa junto a Santa Bárbara. Todo es tan bonito. Pero que venga alguien a Cali o vaya a Cúcuta o a Pereira, a Pasto o Popayán o a muchos pueblitos de provincia. Las mismas carreteras cantan la mentira. Los derrumbes, los desfiles de aguateros, de vendedores de chancacas, de platanito frito lo denuncian.
El hambre sale a los paros, a los trancones, a las esquinas, a los semáforos o frente a puertas de teatros. Un hombre o una mujer o un niño recién salido de la cuna con un canasto o con una neverita de icopor a su espalda están empleados y registrados según el Dane. Es un triunfo de la locomotora de la prosperidad y de los micrófonos. Aquí estamos mejor que en España y que los EE. UU, y la gente, al parecer, se lo cree.
¿Cuánto recoge al final de un día de carreras y sudores un vendedor de helados y bolsitas de agua o de papas fritas en la carretera o por la noche en la puerta de un teatro? Qué ingenio y euforia la del colombiano para gerenciar estos miles de puestos de trabajo… Pero no es conveniente, se nos dice, que hagamos mala propaganda en este país maravilloso que nunca se queja y vota cada cuatro años. Que somos malos ciudadanos los que nos fijamos en estas pequeñas cosas que no inciden en la calidad de vida…
Y ni hablar de los salarios que sueltan cada quincena las famosísimas cooperativas reparten trabajo y se quedan con la mitad del sudor del callado trabajador, tanto en Cajas de subsidio familiar, empresas nacionales, multinacionales y hospitales y de aseo. Los dueños y gerentes están bien pagos y miran de lejos al que trabaja como un buey sin derecho a levantar cabeza, como en la época de la esclavitud.
Cada trimestre la Andi, el Banco de República, el sonriente Minhacienda, Fedesarrollo, la Sac, Fenalco, elevaron su garganta para decir que sus ganancias fueron muchas y que la productividad este año iría hasta el 7 o el 8 por ciento. Ahora que se acerca la puja por el precio del salario mínimo ya dicen que no llegará sino hasta 4.2 por ciento. Y los dirigentes sindicales callan tímidamente. Parece que no llevaran las cuentas.
Los productos de la canasta familiar de fin de año 2011 han subido hasta un 30 por ciento respecto de 2010 y el IPC que sirvió de base para aumento del salario mínimo fue del 3.7. Los salarios aumentaron tan solo un 4 por ciento. Ni se tendrá en cuenta que los trabajadores agrícolas perdieron gran parte de sus cultivos por el invierno y que las zonas deprimidas se vieron azotadas por inundaciones y vendavales.
¿Cuánto subirán ahora las dietas de los parlamentarios, que sirven de base para subir los sueldos de Presidente, magistrados, ministros? Para ellos nunca habrá canasta familiar ni invierno o verano ni salario mínimo. Siempre habrá francachela, viajes y ocio. Para ellos no hay universidades públicas, ni restaurantes escolares, ni campamentos temporales, ni lloran por pérdida de padres o hijos en derrumbes o malas vías y siempre tendrán empleo o astronómicas pensiones. Y Cali está ahora sin gas.
21-11-11 - 9:08 a.m.

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