EL LIBERALISMO EN EL GOBIERNO SANTOS
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
El director del partido liberal colombiano ha cambiado de look y ha pasado a engrosar el carrusel o tren de la prosperidad. ¿Se acabó de echar a pique lo que quedaba del liberalismo? De voz cantante del partido opositor de Uribe y de su Partido de la U ha vestido desde ayer del uniforme de la comodidad. Está estrenando la nueva cartera de Trabajo, sin el mote engorroso de Seguridad Social.
Rafael Pardo, seguramente como presidente y vocero del Liberalismo y su ideología, es consciente de su gran compromiso personal con las huestes supérstites de Gaitán, de Benjamín Herrera. Sabrá muy bien las consignas casi sagradas en favor de los descamisados, de los desheredados, de los trabajadores de la ciudad y el campo. Al aceptar el cargo de ministro, de administrador para todo un pueblo de las larguezas o recortes, sabe que está al frente de la principal fuente de comida y del disfrute de la vida para el ciudadano y para el niño sobre el territorio colombiano.
En ninguna cartera se debe pensar y sentir más la fibra del humanismo. El trabajo es la herramienta que hace que el ser humano se muestre en todo su esplendor. La falta de él lo hundirá en el vicio, en la delincuencia o el suicidio.
La desocupación, la falta de oferta, la indolencia del gobierno y de los dueños del capital y de los medios de producción en un país son el mal más grande de una sociedad. No es la guerra, no son las enfermedades, no es la ignorancia lo que agobia a quien no encuentra a su paso en qué ocupar su mente y sus habilidades corporales. Es no tener un trabajo que le brinde el sustento para sostener su físico erguido y su vida.
¿Se atreverá Rafael Pardo a sacar a relucir su bagaje de liberal de cuño en el gobierno? ¿Se lo permitirá su jefe de la estirpe de otro Santos? ¿Se podrá resquebrajar el muro que hizo Uribe, demoliendo las leyes 50 y 789 que tanto daño han hecho a los hijos de Gaitán y del pueblo? Las cosas se deshacen como se hicieron, dice un aforismo en Derecho. Mucha plata se les ha sacado del bolsillo a los ciudadanos en las fábricas, en los almacenes, en los bancos. Es hora de devolver en parte la historia y hacer justicia cambiando tamaña ignominia fraguada por quien malinterpretó el poder que le dieron los ciudadanos.
No puede ser que el manual eterno de gobierno para un príncipe sea el que concibió para un cardenal guerrero Maquiavelo. La política no es un dogma, no es camisa de fuerza. Un ministro administra, aporta ideas y facilita acuerdos dentro de su competencia. Para eso lo nombran. Para que ejerza mandato en su lengua y con su sabiduría sin esperar a que su jefe le sople lo que por Constitución le está asignado. No es un perro fiel y fiero que está sentado en su sillón mirando de reojo a su dueño que le tira el pan o le hace la seña para corra y agarre con los dientes a la presa o le echa una llamada en público para que cumpla sus funciones.
Pardo podrá mostrar ahora las cualidades de estadista, de representante de una ideología que aboga por la libertad ciudadana, por la verdadera democracia, por la fraternidad y la igualdad entre los gobernados. Esa madurez que mostró cuando aspiraba hombro a hombro como candidato a la presidencia, deberá exhibirla ahora que tiene un mandato legal en la cartera más social y desde de la cual puede cerrar la brecha entre patronos y trabajadores, entre amos y esclavos que abrieron tales leyes maquiavélicas.
01-11-11 - 17:58 p.m.


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