Con tantas y tantos que andan con la fórmula y el Abc para arreglar la juventud díscola, los cerebros turuletos, los estómagos macilentos, cómo se explica uno, entonces, que el mundo haya llegado donde ha llegado?
Escritas estaban, tiempo ha o desde los tiempos de Maricastaña, andan de boca en boca las máximas. Esos mismos que las pregonan, a lo mejor que dirigían o que dirigen familias, grupos, colectividades, o al menos, que se dirigen a sí mismos ¿no pudieron evitar o no vieron la locomotora de la miseria que se desenfrena en el mundo, la debacle de las ciudades, el sonambulismo de los individuos?
¿Acaso es un misterio que las economías están organizadas para multiplicar la voracidad de los bancos? Sin ir más lejos, la tan dichosa y cacareada constitución del 91 que a muchos parece democrática, pluralista, diversa y demás candongas de la euforia de la igualdad informática de los 90, consagra, defiende y potencia, sin titubeos, el blindaje de los mercachifles del dinero. Como también consagra, la fuerza, el militarismo como cohesión fundamental de la nación.
Y después de independencias y demás cantinflescos cuentos terminamos abrazados de nuevo a quienes habían prohijado durante centenas de año la conquista: La Iglesia católica.
Hace rato que en nuestras republiquetas, se vienen socializando las pérdidas: no se necesita mucha memoria para recordar que los últimos años la voracidad de los bancos ha hecho posible que la clase media, los trabajadores hayan perdido sus ahorros, representados en el sueño de la casa, que luego se lanzaran sobre las cesantías, que luego se lanzaran sobre el patrimonio público, (agua, luz, teléfono, municipios), y como para saber que toda situación es susceptible de empeorar, pretenden convertir la educación en su esclava.
Con los bancos pierde la honradez y virginidad una vaca. Secan un papayo. Hemos empeñado a varias generaciones con el cuento del desarrollo. Y los maestros irán de c… pa´el estanco en su carrera desaforada por el crédito consumista (que se verá cómo, también, los ahorros de los aguerridos e incorruptibles docentes se convertirán en burbuja suicida). Parece absurdo que un país necesitado, gaste en armamentos lo que remediaría sus males. Y que se la pase por siempre, día y noche, presentando el revés por el derecho, el problema o parte del problema como la solución.
Si para entender no hace falta mucha sesera. El sin fin de consejas morales, de refranes, máximas y demás jaculatorias no son más que otras tantas telarañas que pretenden cubrir con un dedo el círculo del sol.
Como para que no vayan a creer que no se leen tales jerigonzas, será mejor sacar a relucir el bellísimo proverbio chino: El dedo señalando la llaga, y el imbécil mirando el dedo.
Amén. Como quien dice el diablo comiendo hostias. No estamos locos ni desquiciados. Miopes, que llaman.
Phánor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural del Municipio de Piendamó y donde les espero el 7 y 8 de diciembre: habrá alumbrado, paladeo de chicha, guarapo y chirrincho, francachela de Chirimías, comilona de gastronomía popular y sorbete de artesanías. Antójense.

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