martes, 15 de noviembre de 2011


MEJOR PERDER UN SEMESTRE QUE TODA UNA CARRERA VACÍA E IMPAGABLE


Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

De paso por Bucaramanga y por las calles de la ciudad el viernes 11 pude ver las caras llenas de ilusión de los estudiantes que marchaban cantando y con banderines en sus manos. Sus ojos brillaban por la emoción de estar haciendo historia y lo correcto. No había policía ni soldados merodeando y las gentes los saludaban y apoyaban. Yo grité: ¡No cedan en sus justas pretensiones! y levanté mi brazo y mi puño comunero.

Hoy vi y leí en la prensa que los estudiantes de Chile llevan seis meses de gritos y espera en las calles por tener una educación gratuita y de calidad en las universidades y colegios. El gobierno lo puede hacer, y el pueblo lo paga con impuestos. Estos millares de jóvenes no temen perder un semestre o dos y no toda una vida que comienzan por ahora sin futuro. Ellos saben que muchas marchas terminan con promesas y risas en secreto. Que la autoridad ahora es la que tira la piedra y esconde la mano.

Habrá que aguantar la puja, como el mar lo hace mirando desde la ribera. La fuerza de las armas no podrá ir contra el pueblo y la razón. Los empleados, los favorecidos de la burocracia se quedarán mudos en sus puestos. Pero los jóvenes le están dando el ejemplo a los que callan por bajos e injustos salarios y por componendas a la hora de determinar la falsa cifra de la inflación y la baja productividad y decretar el nuevo y consabido ajuste anual.

La Ministra que sigue los mismos lineamientos de su antecesora, del Ministro de Hacienda y del Jefe de Planeación, querrán doblegar a los padres de familia y a los jóvenes a endeudarse de por vida con altos precios de matrículas en universidades públicas con economía de privadas. Que enriquezcan las billonarias arcas de los bancos y fundaciones extranjeras.

Las universidades privadas seguirán elevando sus matrículas e hipotecando el bienestar de las familias a pagos por carreras que no garantizan un mercado laboral. Egresarán abogados, médicos, ingenieros civiles, administradores, fisioterapeutas, licenciados en educación, sociólogos para un mundo inexistente de oportunidades de trabajo. ¿El TLC a quiénes ofrecerá su mercado? El número de doctorados que ofrecen nuestras universidades y que regentan cátedras es muy bajo. La calidad no se garantiza solamente con altos precios por semestre.

El mapa de la provincia en Colombia parece ser el mismo que hace 30 o 50 años. Las mismas fábricas, las mismas carreteras, el mismo criterio clientelista para visualizar las metas de planeación de la inversión social del Estado. ¿Qué han aportado a la ciencia, a la tecnología en nuestro país los egresados de nuestras universidades? Los escasos genios se van para Alemania, Holanda, EE. UU. El resto se queda en Colombia gozando del buen clima y padeciendo el rigor de la violencia y los trancones en nuestras vías estrechas y maltrechas.

¿Hasta cuándo esperarán los jóvenes una educación que les garantice el bienestar a ellos en su futuro y que genere riqueza económica al país con los conocimientos y habilidades adquiridos en las universidades? No puede el Estado estar formando a quienes deberían gerenciar el desarrollo del país con pénsums pobres, descontento, alejados de la academia reflexiva y del amor por la investigación y la ciencia.

15-11-11 - 9:13 a.m.

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